Centroamérica: el corredor invisibilizado de la migración

Por Renata Bessi

Un bulto. Un cuerpo de hombre negro camina por la carretera Panamericana a pasos largos y poco firmes, provocados tal vez por el hambre. Es un inmigrante que aprovecha la madrugada fría y el cielo despejado para ejercer su derecho a la movilidad. La madrugada generalmente es la única aliada en estos trayectos solitarios y prohibidos. El cuerpo casi desnudo logró llegar al municipio de Tlacolula en el estado de Oaxaca, México, uno de los puntos que forman parte de la carretera que vincula a casi todos los países americanos.

Algunos kilómetros antes de allí, en Juchitán de Zaragoza, Istmo de Tehuantepec, región donde los vientos derrumban camiones, dos carros con agentes de inmigración acechaban la carretera. Estaban a caza de “indocumentados”. Seguro, aquel cuerpo encontró camino libre entre el bosque, a las orillas de la carretera, que lo llevará hasta donde la suerte lo permita. En este caso la suerte es bastante restrictiva. Un poco más del 80% de las personas no logran cruzar la frontera final deseada, según datos del Movimiento Migratorio Mesoamericano (MMM).

Los migrantes “se montan al carrusel de intento, deportación, nuevo intento, nueva deportación para con suerte lograr cruzar”, así describe Marta Soler, integrante del MMM, la realidad de millares de personas que no desisten fácilmente de su intento, ya que el proceso de salida de sus países es caro y doloroso.

Desde Panamá hasta México, ruta recorrida por el equipo de este reportaje, los bultos, los cuerpos negros gritan para quién los quiera escuchar y están presentes para quién esté dispuesto a verlos. Se encuentran en las carreteras, en los puestos de frontera, en los centros de atención para migrantes, en las calles de las ciudades y pueblos.

La ruta migratoria en Centroamérica es una de las más importantes del mundo. Se estima que mundialmente la migración llega a 3%. En América Latina este porcentaje aumenta a 6%. En Centroamérica se estima que 12% de la población no vive en sus países de nacimiento. Los datos son resultado de una investigación realizada por Carlos Sandoval García, docente y investigador de la Universidad de Costa Rica y autor del libro ‘No más muros: exclusión y migración forzada en Centroamérica. “Es decir, en Centroamérica la migración internacional duplica y cuadruplica las estimaciones regionales e internacionales”, sostiene el investigador.

Considerando que no existen estadísticas totalmente confiables acerca del tamaño de los flujos de migrantes en tránsito en México, alerta Marta Soler del MMM, diversos grupos académicos sugieren que en el año de 1995, alrededor de 200,000 centroamericanos cruzaban el territorio mexicano. En 2005 sumaron alrededor de 400,000 cuando empezó a descender el flujo y para el año 2010, se estima que 110,000 personas migrantes cruzaron por México. No obstante, en el año 2012, se advierte un repunte en la estadística migratoria que se intensifica a finales del 2013 y en 2014, las cifras se equiparararon a las de 2005.

En las estimaciones acerca del volumen de migrantes que cruzan por México no se incluyen a aquellos de quienes se perdió la huella, son los invisibles entre los invisibles, alerta Soler. Las estimaciones más confiables, según ella, se basan en el segundo Informe Especial sobre Secuestro de Migrantes en México realizado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, publicado en febrero de 2011, que registró 214 eventos de secuestro con un total de 11,333 víctimas en solo seis meses. Existen entre 70,000 y 120,000 migrantes no localizados en tránsito por México a partir del 2006.

Los vacíos, los silencios y las ausencias de los cuerpos migrantes desaparecidos tienen un lugar garantizado en las pláticas de los que logran seguir el viaje. Los migrantes entrevistados a lo largo del camino por el equipo de éste reportaje mencionaron frecuentemente a los invisibles que van quedando en el camino. En sus relatos siempre es visible una cara de horror cuando cuentan sobre “las personas que se pierden en el monte.

 

Las dinámicas

Por lo menos tres dinámicas explican el flujo migratorio en Centroamérica, según García. La primera es la migración internacional de las personas centroamericanas que procuran salir de la región y llegar especialmente a los Estados Unidos. “Este es el grupo mayoritario que sale principalmente desde Guatemala, Honduras y El Salvador”, explica el investigador. Una segunda dinámica migratoria es la migración internacional e intrarregional. “El caso más importante es la inmigración de personas nicaragüenses hacia Costa Rica. Hay otras dinámicas de personas salvadoreñas que van a Belice o Panamá, o personas indígenas de Panamá que vienen a Costa Rica, pero son grupos más pequeños”. La tercera dinámica es la migración extra regional que pasa por Centroamérica. “Personas de otras regiones del mundo que utilizan este corredor para llegar a los Estados Unidos”.

Los cuerpos-bultos negros en tránsito, tan presentes y tan vivos en toda Centroamérica, dejan historias en este istmo americano. A veces felices, muchas veces tristes, pero siempre de resistencia. No es necesario buscarlas. Salen naturalmente de las pláticas con la gente que vive en estas geografías. Una de estas historias nos la contó el dueño de un pequeño comedor en la frontera entre Panamá y Costa Rica, que no quiso identificarse. “No lograba comunicarme con una pareja que venía de algún país de África. Cuando la hijita de la pareja me mira y me contesta en español a una pregunta que hice a sus padres. Entonces le pregunté cómo había aprendido la lengua. Y me contesta: es que nací en Colombia”. La familia desembarcó desde África hacia Brasil con el objetivo de llegar hasta Estados Unidos. La mujer tuvo a su hija en Venezuela, donde se quedaron por algún tiempo. Y ahora estaban finalmente en el intento de cruzar por Centroamérica hacia los Estados Unidos, cuenta el comerciante.

A pesar de que la migración de personas de Centroamérica hacia Estados Unidos es la principal de las dinámicas migratorias en la región, la migración extra regional ha incrementado de forma importante el flujo en el corredor centroamericano. Datos del Instituto Nacional de Migración de México señalan que en 2008 las autoridades mexicanas detuvieron a 326 asiáticos y 658 africanos y que para 2015 ese número había aumentado a 2,224 asiáticos y 2,078 africanos. Es decir, se registró un crecimiento de 679% y de 311% respectivamente.

A lo largo de los últimos siete años migrantes extracontinentales han utilizado por lo menos tres rutas migratorias, registra la Organización Internacional para Migrante (OIM). Una tiene como punto de entrada al continente a Ecuador. “Las personas migrantes pueden pasar algún tiempo en Ecuador, posteriormente entran a Colombia, ingresan a Panamá o algún otro país de Centroamérica, algunas veces vía marítima, y continúan después principalmente vía terrestre hacia el norte de América”, señala el informe de la OIM. Otra de las rutas que utilizan como punto de entrada al continente es a través de Cuba. “Una vez las personas llegan a Cuba, toman vuelos hacia Centroamérica y prosiguen su camino, por tierra hacia el norte de América”.

Brasil es otro punto de llegada. “Las personas migrantes pueden pasar algunas semanas o hasta años en este país y generalmente se concentran en el Estado de Acre que está localizado al extremo oeste, en medio de la selva amazónica; posteriormente siguen su ruta hacia Ecuador o Colombia, para luego internarse en Panamá y transitar por todos o varios de los países de Centroamérica y México”, dice el informe de la OIM.

El cuerpo, un arma de resistencia

Eddy Frantz, 32 años, africano del Congo. Cuerpo negro que desembarcó en Brasil para llegar hasta los Estados Unidos, pero donde hay trabajo, él se queda. Su ruta empezó hace tres años y cuatro meses. Estuvo tres años en Brasil trabajando en las obras para los juegos Olímpicos. “El trabajo se acabó, el país está en crisis. El dueño de la casa donde vivía me desalojó. Le debía 4 meses de renta”, cuenta Frantz, que dejó una familia de 8 personas en su país. Todos sin trabajo.

Hace cuatro meses Frantz salió de Brasil. Ahora está en Honduras, en la frontera con Guatemala. El principal medio de transporte son sus propios pies. “La trayectoria la pasé como un animal”, describió Frantz. La frontera entre Colombia y Panamá fue el punto crítico del viaje. “Pensé que no soportaría”. Fueron cuatro días en la selva.

“Bosque denso. Ríos grandísimos. Nunca había visto tanta agua. Animales peligrosos, que uno no puede imaginar que existen. Mucha hambre. Nuestro cuerpo es la única arma de res``Ristencia. Llego en este punto del viaje sin nada, apenas con esta ropa que tú ves en mi cuerpo”.

La región a que se refiere Frantz es el Estrecho de Darién. Es el único punto, desde Alaska hasta Argentina, donde la carretera Panamericana pierde su continuidad, justamente por la densidad del bosque y por el área excesivamente montañosa.

La ruta desde Brasil es un fenómeno más reciente y tiene que ver, según Marta Soler, con las medidas migratorias de Europa para restringir la migración hacia sus países. “Ahora están llegando a México muchos ciudadanos de Haití, de países africanos y también de países de medio oriente”, explica ella.

Es la misma ruta que se utilizó para traer a los esclavos al continente americano en siglos pasados. “Para la mayoría de los extra continentales, Brasil funciona como centro de empleo masivo y redistribución y esto marca una continuidad histórica del país como punto de entrada al continente, ya que desde los tiempos de la esclavitud de los africanos, funcionó de esta manera; y a partir del cual se extendieron redes mediante las cuales muchas personas se esparcieron por todo el continente”, dice Soler.

Las personas llegan en barco a Brasil y empiezan a subir hacia Estados Unidos caminando como pueden. “Muchos están muriendo en la selva que está entre Colombia y Panamá, muertos por animales, por deshidratación o por cansancio”. Los que logran llegar a México, el gobierno les da un permiso de 20 días para que puedan seguir moviéndose hasta llegar a los Estados Unidos, explica Soler. “Este permiso solamente es dado a la gente que no es ‘deportable’. No se puede saber ni siquiera de que países son y hay muchos países africanos con los que México no tiene relaciones o convenios de deportación. Si tú no tienes un país para donde deportar a la persona entonces no la puedes deportar. En estos casos se da este permiso para que lleguen hasta Estados Unidos y pidan asilo”, explicó Soler.

A escasos metros del centro de atención a migrantes del gobierno de Costa Rica en la región de La Cruz, última ciudad antes de la frontera con Nicaragua, una camioneta se aproxima hacia tres migrantes que esperaban en las orillas de la carretera Panamericana. La persona que nos guiaba nos advierte. “Son coyotes. Empiezan el peligroso viaje hacia Nicaragua”. Esta escena se volvió cotidiana y es así como frente a esa lugar llegan a diario los coyotes a buscar a las personas que van a cruzar la frontera.

La frontera entre Costa Rica y Nicaragua se convirtió en un gran nudo para los migrantes que siguen la ruta Centroamericana. En noviembre de 2015 empezaron a llegar miles de cubanos a la región en tránsito hacia los Estados Unidos, ya que estaba latente la amenaza del fin de la política que permitía la permanencia de cubanos en los Estados Unidos, cuyo fin se vino a confirmar en enero de 2017 por el entonces presidente del país Barack Obama.

Nicaragua cerró sus fronteras, alegando crisis humanitaria, mientras Costa Rica mantuvo una política de puertas abiertas. Después de dos meses varados en la frontera, el gobierno de Costa Rica facilitó la llegada de casi 6 mil cubanos a El Salvador, vía aérea, donde siguieron por tierra rumbo a los Estados Unidos.

Desde entonces, Nicaragua mantuvo sus fronteras cerradas para los migrantes, mientras el gobierno de Costa Rica aumentó la atención más inmediata hacia ellos. Muchos migrantes, tras varios intentos fallidos de cruzar la frontera, optan por quedarse en La Cruz e intentar hacer vida ahí, creando una ciudad multicultural en el lugar más inesperado. Es así como se vuelve cotidiano sentarse a comer en algún lugar y constatar que todos los clientes del lugar son de origen pakistaní o que las personas que ayudan en los supermercados a empacar las compras son de origen africano o el ayudante del panadero es de origen cubano.

Hoy son cuatro los centros de atención a migrantes extra continentales en Costa Rica con recursos del gobierno. Tres están cerca de la frontera sur del país con Panamá y dos en la frontera norte, con Nicaragua. “En realidad estos centros están mayoritariamente poblados con haitianos, que declaran ser africanos para evitar su deportación, y con africanos. Para las otras nacionalidades no existen centros de atención del gobierno pero sí muchos albergues clandestinos”, dice un activista de una organización de derechos humanos de Costa Rica que no quiso identificarse.

-Acción de los “coyotes” -

El centro de atención a los migrantes de La Cruz es el más grande. Recibía cerca de 100 a 200 personas al día hasta el mes de deciembre de 2016. Muchas personas se quedaban afuera ya que el centro no daba abasto suficiente para todos. La comida, los productos de higiene son ofrecidos por tienda. Cada una de las tiendas del centro acomoda al menos 30 personas. Es el centro más procurado por los migrantes. Está más cerca de la frontera y es donde hay una acción más directa de los traficantes de personas, llamados “coyotes”. La relación es lógica. Cuanto más se cierran las fronteras, más se activa la acción de los “coyotes”.

En estas rutas migratorias, la existencia y la extensión de redes amplias y entretejidos de flujos de información y de informantes son a menudo ignorados y subvalorados. Es así como la telefonía celular y el internet se han vuelto una herramienta indispensable para estar informado sobre los movimientos de fronteras y los tratos con los coyotes. Joseph Santos, migrante haitiano varado en La Cruz, comenta: “Todos los contactos con los coyotes los hacemos a través de WhatsApp. Es así también como podemos estar en comunicación con nuestras familias y con las personas que van adelante de nosotros contándonos como son las cosas y a donde podemos llegar. En el campamento los lugares mas buscados son las conexiones de electricidad, punto de encuentro y reunión mientras se cargan los teléfonos”.

El pago para el cruce hacia Nicaragua varía entre 800 y 1300 dólares, lo que no garantiza que el migrante pueda llegar al otro lado de la frontera. Desde hace dos meses, el haitiano Juan del Río está varado en la frontera norte. La policía en Nicaragua lo detuvo durante la tentativa de cruce. “Perdí mil dólares”, dijo. Y no tiene ninguna perspectiva de cuando hará el próximo cruce. La única certeza es que lo hará. “Tengo que esperar que mi familia tenga condiciones de enviarme el dinero. Ya gasté más de 3 mil dólares para llegar hasta aquí desde Brasil”.

Los migrantes están siendo víctimas, además, en forma creciente de múltiples delitos y abusos como violación, extorsión y secuestro. Muchos de los migrantes que no han podido pagar extorsiones o rescates han sido asesinados. Los migrantes y sus familias, en raras ocasiones denuncian estos crímenes por miedo a los contrabandistas o porque no tienen confianza en las autoridades, informa la Organización Internacional para las Migraciones.

Inquietud – El equipo de este reportaje pudo constatar que los centros de atención en Costa Rica y Panamá han podido instalarse gracias a donaciones de equipamiento militar estadounidense, lo que deja dudas sobre la real injerencia y poder que tienen sobre estos puntos.

Las playas de agua dulce del Lago de Nicaragua, el mayor de Centroamérica, con un área de 8.624 km², reciben a la gente que logra hacer el cruce de la frontera. Son hombres, mujeres, jóvenes y cada vez más niños. “Ellos llegan aquí desnutridos, deshidratados, enfermos. Muchas veces golpeados y desnudos por la violencia que sufren de la policía y de los ‘coyotes’, que muchas veces los engañan, los dejan en cualquier lugar y dicen que están cerca de la frontera con Honduras”, dijo Bárbara Rivera, quién vive a las orillas del lago.

Ahí los vecinos los ayudan como pueden. Con comida, ropas, medicamentos y hasta con algún dinero, aun teniendo la consciencia de que pueden ser encarcelados por ocho años por ayudar un migrante. Esta es la ley del gobierno en Nicaragua.

“¿Cómo podemos no hacer nada en situaciones en que madres están solas tratando de esconderse con sus hijos enfermos, sin ningún recurso para curarlos o para darles de comer?”, dice Rivera. “Aquí no tenemos miedo. No pueden condenar la solidaridad. Del mismo plato que comemos, les damos de comer”.

Según un informe de la Amnistía Internacional, la pobreza y la exclusión social siguen siendo importantes factores de expulsión para la migración. “Aunque en los últimos decenios los índices de pobreza han mejorado en algunos países latinoamericanos, los cambios en Centroamérica han sido menos visibles que en algunos países de América del Sur, y el número de personas del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) que viven con menos de lo que necesitan para subsistir es preocupantemente alto”, dice el documento.

Crédito Santiago Navarro F.

Para García, una de las principales razones para la inmigración internacional es sin duda la falta de empleo. “La falta de empleo sigue siendo la principal razón por las cuales las personas abandonan sus países. A eso se suma ahora, la violencia criminal que de alguna manera se combina con la violencia estructural que hemos tenido por años en estos países. Son varios factores, pero de forma general, la ausencia de empleo y oportunidades así como la violencia son los factores principales de la migración”.

El informe técnico de la Organización Internacional de Trabajo de 2016 denominado “Estimaciones mundiales de la OIT sobre los trabajadores y las trabajadoras migrantes”, de 2015, sostiene que el principal motivo de la migración mundial es por falta de trabajo. “Existen alrededor de 232 millones de migrantes en el mundo, de los cuales 150 millones son trabajadores migrantes: 65 por ciento del total”, dice el informe.

Múltiples son los motivos que generan la migración. Algunos análisis y estudios enfatizan cuestiones económicas, otras la violencia. Pero la cuestión es entender los motivos estructurales que generan la pobreza, la falta de trabajo y la situación de violencia y conflictos sociales y territoriales. Todas ellas razones de expulsión de las poblaciones.

Para el profesor de la Universidad de Costa Rica, Koen Voorend, a partir de los años 1990, la dinámica migratoria en la región ha tomado nuevos rasgos que están directamente relacionados con las políticas de desregulación, privatización y apertura comercial en la región y que provocaron un cambio estructural en las economías centroamericanas. “Antes de los acuerdos de paz, cuando había mucho conflicto en la región por la guerra, todavía, había mucha migración por motivos políticos. Pero con los ajustes estructurales en la economía mucha gente se quedó sin empleo, incluso empleos informales. Es ahí donde vemos un pico enorme en la migración en Centroamérica”. Y, según él, cada vez más las cuestiones de violencia generada por el narcotráfico y las pandillas, denominadas maras, se suman a las razones de la migración. “Entonces, es una combinación de falta de trabajo, de falta de protección social a la población y violencia”.

Con los acuerdos de paz de los años 1990 se logró, sostiene García, que países de la región dejaran de tener gobiernos militares y se generó la expectativa de una mayor capacidad de gobernabilidad. “Pero al mismo tiempo, irónicamente, mientras se firmaban los acuerdos de paz, en países como Guatemala y El Salvador, se pusieron en marcha políticas neoliberales, que han creado condiciones muy desfavorables para la gente. Un ejemplo, y para mí el dato más triste que conozco sobre Centroamérica, es que en Guatemala en este momento 4 de cada niños menores de 5 años padecen de desnutrición. Eso a largo plazo es una tragedia para cualquier país, porque significa que no van a tener posibilidad de desarrollo, físico, cognitivo, intelectual, o muy limitado”.

Las políticas neoliberales desmantelarán, por ejemplo, la agricultura regional. “La gente empezó a sembrar lo que no come. Por ejemplo en Costa Rica, 80% de los frijoles, parte central de nuestra dieta, son importados, y eso porque es un país agrícola”.

Lo que parece olvidar a Estados Unidos, sostiene García, es que estas políticas las impusieron el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

“Ahora que estas políticas obligan a las personas a salir de sus países, los mismos gobiernos que las impusieron no quieren recibirlas. Es como una cosa irónica, sarcástica. Los que han dicho que van a bloquear la migración son los mismos que han creado las condiciones para que la migración aumente. La migración es resultado de las contradicciones producidas por el sistema capitalista que se niega a reconocerlo”.

Esta es una época donde hay dos dinámicas principales, sostiene el investigador. “Por un lado hay necesidad de irse, de dejar los países. Por otro se cierran las fronteras. Eso crea una situación compleja y difícil de resolver. Cada vez más, Europa se hace una fortaleza, lo mismo los Estados Unidos y, con Donald Trump (nuevo presidente de los EUA que se comprometió a deportar a millones de migrantes indocumentados), hay que esperar un escenario aún más complicado”.

Marta Soler enfatiza aun la responsabilidad de los acuerdos comerciales y de desarrollo impulsados por los Estados Unidos en la región, como por ejemplo el Proyecto Mesoamérica, que financia y desarrolla megaproyectos en la región. “Son proyectos que defienden el gran capital, que militarizan el territorio con el objetivo de defender proyectos económicos de grandes empresas. Empresas de minería, por ejemplo, han desplazado mucha gente. Hay un aumento de la presión hacia las poblaciones para que se muevan de los lugares donde hay recursos naturales importantes. Y de hecho la resistencia contra las mineras es la causa principal de los asesinados de líderes sociales. Los líderes sociales que más se asesinan son aquellos relacionados a la defensa de su territorio. La gente está quedándose sin lo poco que tenían para sobrevivir cuando les impiden trabajar en su territorio”.

Crédito: SF

Los megaproyectos, según ella, son causas importantes de la expulsión de la población en Centroamérica. “Los garífunas, hondureños afro decientes, por ejemplo, salieron casi todos hacia los Estados Unidos cuando les quitaron sus tierras ancestrales en la costa caribeña para construcción de proyectos turísticos y extractivos, les quitaron sus playas, todo lo que tenían.”

Todo migrante hoy en día en tránsito debe ser considerado refugiado, defiende Soler. “Lo que está aconteciendo es un desplazamiento forzado por la violencia social y estructural, la militarización, el despojo, la pobreza y todas las consecuencias de los modelos económicos depredadores impuestos por los países dominantes, y por lo tanto los migrantes de hoy día en tránsito deben ser tipificados como refugiados”.

El Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiado (ACNUR), en su portal, define la condición de refugiado: “Tienen que moverse si quieren salvar sus vidas o su libertad. Ellos no tienen la protección de su propio Estado -de hecho, es a menudo su propio gobierno que está amenazando con perseguirlos. Si otros países no les brindan la protección necesaria, y no les ayudan una vez dentro, entonces pueden estar condenándolos a muerte- o a una vida insoportable en las sombras, sin sustento y sin derechos”.

Extensión de la frontera de los EUA

Los gobiernos de México y Centroamérica, sin excepción, intentan detener a los migrantes y hacerlos invisibles. La orientación no es coincidencia, es una política. “Los Estados Unidos han implementado una serie de medidas que restringe la migración. El problema no ha sido lo que los Estados Unidos hacen en su propio país. El problema es que han coaccionado a otros países de su área de influencia a que apliquen las medidas migratoria que ellos están imponiendo”, sostiene Marta Soler.

Especialmente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los flujos migratorios considerados desregulados se convirtieron en una prioridad de seguridad para los Estados Unidos. “Los migrantes, bajo esta óptica, se convirtieron con antelación en sospechosos, posibles enemigos y terroristas latentes. El vínculo entre migración y seguridad está relacionado con la visión que interpreta lo que viene de afuera como amenaza”, explica Gabriela Segura, autora del trabajo de investigación ‘Procesos de regionalización de la política migratoria estadounidense en Centroamérica’, por la Universidad de Costa Rica.

Y esta percepción fue ampliamente difundida. Por ejemplo, la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada en respuesta a los ataques del 11 de septiembre, demandó que los Estados “impidan la circulación de terroristas o de grupos de terroristas mediante controles eficaces en frontera y controles de la emisión de documentos de identidad y de viaje, y mediante la adopción de medidas para evitar la falsificación, la alteración ilegal y la utilización fraudulenta de documentos de identidad y de viaje (Consejo de Seguridad, 2001)”.

El tema se convirtió en uno de los ejes fundamentales de la política exterior de los EUA, advierte la investigadora Gabriela Segura. “Los Estados Unidos han presionado a los países latinoamericanos, especialmente a México, para que ajusten sus políticas públicas y dediquen más recursos a los aspectos de seguridad que la potencia norteamericana percibe como amenazas a sus intereses”, sostiene Gabriela Segura.

Para citar un ejemplo, en el año pasado, en una reunión con los presidentes de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; de Guatemala, Jimmy Morales, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, el entonces presidente Barack Obama pidió a los mandatarios mantener su voluntad política y su compromiso con “profundas reformas” para responder a las causas de la inmigración ilegal hacia EEUU, según una nota emitida por la Casa Blanca luego del encuentro. “El presidente Obama hizo énfasis en la importancia de una voluntad política sostenida y profundas reformas para responder desde la raíz a las causas de la migración, y asegurar una fundación firme para una futura asistencia y alianza estadounidense con el triángulo del Norte (formado por los tres países Centroamericanos)”, indicó la declaración emitida por la Casa Blanca.

“Los líderes estuvieron de acuerdo en que EUA y Centroamérica estén implicados en un ambicioso proceso de alinear sus metas y estrategias que beneficien a futuras generaciones de centroamericanos y contribuyan positivamente a las relaciones de EUA con el Hemisferio Occidental”, agregó la nota.

Durante el encuentro discutieron planes para profundizar la alianza entre EUA y Centroamérica en áreas como la seguridad ciudadana; la prosperidad económica y la estabilidad social, así como una reducción de la migración indocumentada, sobre todo de niños no acompañados. El Congreso aprobó un paquete de $750 millones dentro del presupuesto para el año fiscal 2016 para ayudar a esos países a mejorar la gobernabilidad, seguridad y prosperidad en la zona.

Además de los acuerdos directos de inversión hacia a los países Centroamericanos, la agenda política global migratoria de los EUA supone la creación de instancias dirigidas a influir en las políticas migratorias nacionales y regionales, con el propósito de erigir un nuevo orden migratorio, sostiene Gabriela Segura. La agenda se ha desarrollado en espacios como la Conferencia Regional de Migraciones (CRM), conocida como Proceso Puebla. “Se han creado una serie de instancias paralelas al Proceso Puebla, pero todo sigue siendo apéndice de este proceso más importante”.

El Proceso Puebla pretende ocuparse a un nivel regional y multilateral, tanto de los movimientos migratorios desde o a través de Centroamérica hacia el norte, como de aquellos que circulan dentro de la subregión del Istmo, determinando los nuevos discursos y practicas sobre migración y control migratorio en el Norte y Centroamérica, sostiene la investigadora. “En el 2002, la CRM enfatizaba en la gestión migratoria con un enfoque de seguridad, hasta llegar incluso a proclamar la Declaración contra el Terrorismo. Esto demuestra la enorme influencia que presenta la política exterior estadounidense sobre los lineamientos de la CRM. A partir de este enfoque, la CRM ha contribuido a establecer el vínculo entre migración irregular y crimen organizado en la región, el cual justifica prácticas y medidas punitivas para controlar y castigar la migración irregular. Se trata de un proceso de norteamericanización o regionalización de las políticas migratorias estadounidenses y la generalización de la criminalización de la migración en toda el área”. No es coincidencia, por ejemplo, que el tema de combate al terrorismo se ha incorporado en las leyes nacionales en Centroamérica y México.

Lo que empeora el proceso de criminalización es que en los países de Centroamérica existe un vacío en lo concerniente al debido proceso legal para la expulsión de extranjeros y para la aplicación de cualquier otra sanción a infracciones de las leyes migratorias, explica Gabriela Segura en su trabajo.

“En ningún país se ordena la asistencia obligatoria de un abogado en los procedimientos administrativos concernientes a la expulsión o deportación de extranjeros en situación regular o irregular”.

El obstáculo

México se ha vuelto el principal obstáculo de los migrantes para llegar a su destino. Mientras el país detuvo a 67% más menores no acompañados provenientes de El Salvador, Honduras y Guatemala entre octubre de 2014 y septiembre de 2015 que durante el mismo periodo el año anterior, las autoridades de los Estados Unidos detuvieron a 45% menos durante este mismo periodo, revela la organización no gubernamental WOLA – Advocay for Human Rights in the Americans.

El 7 de julio de 2014 fue lanzado el Programa Frontera Sur (PFS) del gobierno mexicano. Oficialmente su objetivo es “proteger y salvaguardar los derechos humanos de los migrantes que ingresan y transitan por México, y ordenar los cruces internacionales para incrementar el desarrollo y la seguridad de la región”, según el comunicado del presidente mexicano Enrique Peña Nieto en la ocasión. Para la WOLA, el programa, que ha recibido apoyo del gobierno de los Estados Unidos, es simplemente un conjunto de operaciones para reforzar la seguridad y controlar el movimiento de personas en la región.

“Los Estados Unidos han recorrido su frontera a la nuestra, nuestra frontera sur está siendo utilizada para detener migración hacia Estados Unidos, siguiendo todo lineamiento que ellos imponen, con dinero que mandan y con entrenamiento y políticas que ellos disponen”, sostiene Marta Soler.

Entre julio de 2014 y junio de 2015, el número de migrantes centroamericanos detenidos por el gobierno mexicano aumentó 71% comparado con el mismo periodo el año anterior, previo al lanzamiento del programa.

“El programa está lejos de disuadir a los migrantes de emprender el viaje hacia el norte. Ha transformado los patrones de migración en la zona fronteriza sur de México, a formas que implican mayores riesgos para los migrantes”, afirma la organización en el informe ‘El control aumentado en la frontera sur de México’.

El aumento del control migratorio ha provocado que los migrantes viajen por rutas nuevas y peligrosas por el territorio mexicano. “Con menores posibilidades de abordar el tren en Chiapas, los migrantes ahora emplean diferentes y peligrosas rutas y formas de transporte, entre otras a pie y en embarcaciones. Estas rutas a menudo dejan a los migrantes expuestos a nuevas vulnerabilidades, a la vez que los aíslan de la red de albergues establecidos a lo largo de las rutas tradicionales”, dice el informe. Hubo todavía un incremento de los retenes móviles para atrapar a migrantes y de instalaciones aduaneras.

Sin perspectiva

Crédito SF

Las perspectivas de crear una política migratoria de la región Centroamérica, sin influencia de los Estados Unidos, son prácticamente nulas. “Siempre hemos luchado para que México y Centroamérica implementaran una política regional de migración. Pero no se va a dar por los intereses particulares de cada país y sus relaciones con los EUA. Lo vemos muy difícil”, evalúa Marta Soler.

Además de no haber una propuesta en términos de política regional migratoria, no hay tampoco una propuesta en términos de desarrollo de los países que sea capaz de asegurar lo que Carlos Sandoval llama de derecho a no inmigrar. “Los inmigrantes tienen derecho de que sean protegidos mientras estén en tránsito y en su llegada. Pero antes de todo, tienen derecho a no inmigrar. Tienen derecho al empleo, vivienda, educación. La inmigración no debería ser una realidad forzada, sino una realidad elegida. En este momento la gente no elige ser emigrante, se ve forzada a ser emigrante. El reto principal de Centroamérica es como garantizar el derecho a no emigrar. Eso no lo tenemos. Y eso obviamente es urgente”.

Colaboración SF.

Renata Bessi

There is 1 comment on this post
  1. menamird
    marzo 11, 2017, 9:28 pm

    La realidad migratoria en la region de las america es bastante dificil

Leave a reply