Protestar
ARTE URBANO: LA DISPUTA POR LOS MUROS PATRIMONIALIZADOS DEL CENTRO HISTÓRICO DE OAXACA
Por: Renata Bessi
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ARTE URBANO: LA DISPUTA POR LOS MUROS PATRIMONIALIZADOS DEL CENTRO HISTÓRICO DE OAXACA
Por: Renata Bessi
Foto: Armarte
Este reportaje hace parte del proyecto
Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca
Tres generaciones de mujeres. En la base de un grabado de aproximadamente dos metros, estampado en una pared patrimonializada del centro histórico de Oaxaca, luce en primer plano una abuela con su traje de flores. En la mano, su bastón de mando. De sus pies brota una planta de tronco robusto, cargado de hojas y flores, que va enredando con fuerza y belleza los cuerpos de las generaciones que la suceden. El cuerpo de una mujer encapuchada con la mirada decidida y lista para la acción y el cuerpo de una joven que carga un cartel: “Queremos caminar libremente”.
El grabado fue firmado por la colectiva de mujeres Armarte – arte, resistencia, mujeres en el arte que se dedica a producir y crear obras artísticas, como murales y grabado, con una perspectiva política y de resistencia. Las paredes callejeras, especialmente las del centro de la ciudad, son escenarios que utilizan las artistas para su expresión artística, lo que conlleva cierto cuidado.
La acción de pegar un grabado en el centro histórico debe ser rápida y durar pocos minutos, por el riesgo de una posible represión. Mientras unas pegan, otras cuidan la seguridad. Son momentos de tensión y no se hace a cualquier hora del día, casi siempre por las noches.
Si la pega tarda algunos minutos, el proceso de su creación es largo y colectivo. Antes de construir la obra en sí, existe una fase de discusión sobre el tema de interés político y social que se desea abordar, cuenta Santiago C. de 28 años, una de las creadoras de la colectiva, fundada en 2018.
Foto: Santiago Navarro
Las raíces que fincan la visión de Santiago C. sobre el arte están en su origen zapoteca de la Sierra Sur de Oaxaca y, especialmente, en la actividad política ejercida por su familia desde su comunidad San Agustín Loxicha. Su padre fue un luchador social, como define la artista, en la década de 1990, y falleció a causa de sus actividades sociales y políticas.
“En esta época los pueblos zapotecas de esta región eran muy perseguidos por el Estado. Mi papá tenía un papel importante. Junto con otros de sus compañeros, iba de comunidad en comunidad para platicar con la gente, saber las necesidades, de manera a organizarse. Empezó a ver las necesidades y al mismo tiempo la represión que sufrían; el Estado mandaba a los militares y a todos los silenciaban de manera violenta. De ahí se convirtió mi papá en un luchador social. Trabajó entre 10 y 15 años para su comunidad. Cuando murió fue muy caótico para el pueblo”, se acuerda Santiago C., que vivió todo eso en su infancia y cuya historia sigue presente en su familia.
La zapoteca vincula su arte a la lucha que llevó a cabo su padre. “Todo está muy ligado. Quiero seguir haciendo lo qué hacia él, pero no puedo regresar a mí comunidad. Entonces encontré otra forma de hacer por medio del arte. Mas allá de querer vivir de mi arte, creo que es muy importante decir lo que todavía quieren callar de nuestras comunidades”, señala.
En su proceso de creación toda su historia personal se vuelve colectiva. “Historias como la mía las podemos encontrar en distintas partes del mundo. Eso es lo que todavía a mí me hace resistir o tratar de hacer el arte en resistencia”.
Trabajo realizado por Armarte. Foto: Santiago Navarro.
Es cierto, y las mujeres de Armarte lo denuncian, que el escenario para el arte callejero en el centro histórico se ha ido complicando, especialmente en los últimos cuatro años, según sus experiencias. “Desde que empezamos a pegar siempre habíamos sido recurrentes, pegábamos mes con mes. En 2025, nos quedamos ocho meses sin pegar, entre marzo y noviembre, para cuidarnos. No nos hemos sentido lo suficientemente seguras para hacerlo. Personas han sido multadas por pegar, además de la posibilidad de violencia que nunca sabemos. Muchas de las chicas de la colectiva son mamás, o son cuidadoras de familiares. Si algo nos pasa, nuestra familia también será afectada”, dice Santiago C.
Cuentan que, como colectiva de mujeres, su proceso es más tardado porque comparten otras actividades como labores de cuidado o están en otros trabajos para la subsistencia. “A nosotras se nos hace un proceso más lento de volver a pegar en la calle porque tenemos otras actividades. Que es muy distinto del ejercicio, quizás, de colectivos de hombres o mixtos, que logran salir a cada tres días, cada semana, aunque los estén quitando, están ahí muy constante”, dice.
Otro punto señalado por las creadoras gráficas es que el Ayuntamiento de Oaxaca ha actuado casi inmediatamente para retirar los trabajos. “Vamos a pegar un día y al día siguiente ya no estamos. Desde la gestión municipal pasada, se están poniendo más rigurosos en su política de dejar el centro ‘bonito y limpio’. Están criminalizando artistas callejeros ya sea que estén o no metidos en el tema político. Nos ven mal estando en el andador turístico. Nos quieren despojar de nuestro propio trabajo”, sostiene ella.
El Reglamento General de Aplicación del Plan Parcial de Conservación del Centro Histórico, del Ayuntamiento de Oaxaca, aprobado en 2023, prohíbe, de acuerdo a su propio texto, “la colocación de cualquier tipo de expresión gráfica, grafitis, etiquetas, esténcil, arte urbano, fotomuro, entre otros, en los bienes inmuebles de la zona de monumentos”. Existe una posibilidad de que los murales sean admitidos en la zona de amortiguamiento del centro histórico, “mediante dictamen emitido por la Comisión del Centro Histórico cuando se cumplan los requisitos y lineamientos establecidos para tal fin”. Las sanciones pueden ser multa, calculada a partir del daño causado, o trabajo comunitario.
En una reciente sesión ordinaria de Cabildo, el regidor del Centro Histórico y Patrimonio Mundial, Antonio Álvarez Martínez, reiteró la prohibición. Según argumentó, esta disposición tiene como objetivo preservar la integridad del entorno urbano, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco desde 1987.
Además, hizo un llamado a la ciudadanía para “asumir un rol activo en la protección del patrimonio”, es decir, que vigilen y hagan denuncias. “La conservación de nuestro centro histórico no solo es una responsabilidad de las autoridades, sino un compromiso colectivo que nos identifica como oaxaqueños ante el mundo”, dijo. Antes era más simple, se acuerda Santiago C., “nos bastaba pedir permiso al dueño del inmueble”.
En estos ocho meses sin pegar en el centro histórico, Armarte se metió a las comunidades y buscó otros espacios de la periferia de la ciudad para hacer su trabajo y pegar. Pero dejar el centro no es una opción para la colectiva. “Es un local que tiene su centralidad. Lo hacemos para causar sorpresa”, sostiene Santiago C.
En noviembre, Armarte volvió a las calles. “Si nos quedamos solamente en la periferia nos están quitando de un mapa que ya nos habíamos apropiado. Siempre vamos a encontrar la forma, no nos van a impedir de hacerlo”.
Foto: Santiago Navarro
¿DELITO?
Además de la prohibición del grafiti, arte gráfico o cualquier otra expresión artística en las paredes de inmuebles de la zona de monumentos del centro histórico, determinada por las normas administrativas del Ayuntamiento de Oaxaca, las autoridades oaxaqueñas dieron un paso adicional en el sentido de castigar dicha práctica, incluyendo su tipificación en el código penal del estado de Oaxaca, aprobada por el Congreso del Estado en 2015.
Código penal del estado de Oaxaca, Artículo 388 BIS: “Al que por cualquier sustancia o medio, realice inscripciones, dibujos, manchas, signos, símbolos, mensajes, figuras y pintas de todo tipo que alteren o modifiquen la forma original del bien mueble o inmueble de dominio público o privado, sin consentimiento del propietario o del representante legal o de quien legalmente posea la cosa”, se impondrá, además de la reparación del daño, multa o prisión.
Las sanciones para quienes eligen utilizar las paredes del centro histórico son más graves. Cuando se trata de una pared en la periferia de la ciudad, la multa prevista es de 30 a 300 veces el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA) o prisión de seis meses a tres años. Mientras que, si el “daño” se cometiera sobre bienes o monumentos considerados con un valor cultural, histórico, arquitectónico o científico, la sanción prevista, además de la reparación del daño, es una multa de 50 a 500 veces el valor de la UMA o prisión de dos a seis años. En caso de reincidencia, la pena se incrementa hasta un 50% de la que se haya impuesto en la primera ocasión.
“Hicieron una jerarquización espacial de las sanciones”, cuyo criterio es el espacio patrimonializado, sostiene el geógrafo Matis Guérin, quien lleva a cabo la investigación doctoral El derecho penal entre la reproducción de la imagen urbana y la actualización del paradigma turístico: el caso de la tipificación del delito de grafiti en Oaxaca, en la Université d'Angers, en Francia. “Pues se empieza a crear un derecho que se aplica de manera distinta en distintos territorios. Se castiga con más severidad en el perímetro [declarado patrimonio de la humanidad por la] Unesco”.
Los diputados oaxaqueños hicieron hincapié, en su exposición de motivos para justificar la adición de la tipificación al código penal, “en la importancia del desarrollo turístico y la necesidad del distanciamiento de la conflictividad política para esto”, recuerda Guérin. El argumento de conservación del patrimonio fue “totalmente supeditado al argumento del desarrollo turístico y a la necesidad de estabilidad política y social”.
El investigador entrevistó, en la época, a personas que estuvieron al frente de la iniciativa, y la argumentación se repitió: “Me decían que deploraban el hecho de que, sí, hay muchos problemas sociales en el Estado, pero que si la forma, al lado de los bloqueos de las carreteras, de protestar es manchar, es rayar, entonces es necesario generar cierto castigo”, señala el geógrafo.
Oaxaca no es el único Estado mexicano en transformar en delito el arte en muros callejeros. De acuerdo con la investigación de Guérin, iniciada a finales de 2023, de los 32 Estados mexicanos, 20 lo tipifican, como Veracruz, Morelos y Chiapas, y, de estos, 13 tienen una tipificación con dimensión patrimonial, como Zacatecas, Nayarit y Puebla, el primer Estado en criminalizar dicho arte.
En el caso de Oaxaca, Guérin pudo averiguar que existen pocos casos en los cuales hubo seguimiento judicial. De acuerdo con la Fiscalía estatal, fueron abiertas seis carpetas de investigación desde 2015. Sin embargo, el investigador alerta que sigue siendo una herramienta disponible de punición y que hace parte de la lógica que sostiene “los procesos de turistificación mediante la mercantilización del patrimonio”.
Foto: Armarte
SIGUE LA DISPUTA
A pesar de las herramientas jurídicas que cuenta el Estado para criminalizar el uso de las paredes del centro histórico como un escenario de arte, un estudio sobre la producción del grafiti, realizado por el geógrafo en abril de 2024, demuestra que, como Armarte, otros colectivos y personas que hacen arte político todavía priorizan las paredes del centro histórico.
La investigación abarcó la zona de monumentos del centro histórico y un perímetro dos veces más grande, justamente para que se pudiera generar comparaciones. De acuerdo con los resultados, el centro histórico continúa siendo caracterizado por el grafiti político. Mientras, los grafitis de corte estético están representados sobre todo en los barrios de Jalatlaco y Xochimilco. “El centro sigue siendo una arena de disputa política, de contestación”, sintetiza el geógrafo.
Mural en el barrio Jalatlaco. Foto: Santiago Navarro F.
Otra conclusión de la investigación es que, en el centro, los grafitis también tienen una rotación más importante, es decir, “se plasman, se colocan más grafitis de manera más frecuente, pero también [el Ayuntamiento] los remueve de manera más rápida; un contenido de crítica política tiende a desaparecer más rápido”, explica. Mientras los grafitis de corte estético, a pesar de que siguen siendo ilegales y de no cumplir con las normativas del Ayuntamiento, como la paleta de colores, “tienden a permanecer”.
Foto: Renata Bessi
A pesar de las acciones y políticas gubernamentales llevadas a cabo en nombre de la conservación del patrimonio edificado, “colectivos y personas que hacen grafiti continúan apropiándose del centro por medio de su trabajo, continúan intentando la permanencia de sus intervenciones; el centro sigue siendo un target [objetivo] por parte de estos actores contestatarios”, resume el investigador.
Foto: Renata Bessi
DETRÁS DE LO QUE EL ESTADO CRIMINALIZA
A pesar de que el Estado lo considera un delito, cada trabajo pegado por Armarte carga una historia política y organizativa de mujeres desde hace años. La colectiva nació a partir de la iniciativa de creadoras gráficas que reaccionaron a prácticas machistas vivenciadas en talleres y colectivos que frecuentaban y donde trabajaban. Las prácticas sexistas se manifestaban en el momento de tomar decisiones, de hacer la gráfica, de salir a las calles para hacer las pegas. “Yo era muy joven, empezaba a ver estas actitudes, estaba en ese momento confundida, pero había otras compañeras que también lo notaban”, cuenta Santiago C.
En 2017, se juntaron e hicieron una primera actividad que se llamó Desobediencia Creativa, Género y Algo Más. “Cuando los compañeros se enteraron que iba la palabra género, pues empiezan a decir que eran actividades ‘feminazis’. Es muy chistoso porque si no fuera por esas cosas yo no me hubiera puesto a leer más sobre feminismo y no me hubiera percatado sobre los distintos feminismos que existen. Ahora veo que una estructura violenta y cuadrada, aunque sea de personas que hacen arte político, no nos va a hacer un Oaxaca, un México o un mundo armonioso”.
En la primera edición del encuentro participaron alrededor de 30 mujeres. En la segunda edición, convocada en 2018, llegaron alrededor de 60 mujeres con distintas perspectivas del feminismo, desde las radicales, las feministas comunitarias y las que no se definen como feministas, pero que están de acuerdo con temas de derechos de la mujer.
En el mismo año mujeres de distintas edades, entre 17 y 38 años, que habían participado del encuentro Desobediencia Creativa, decidieron formar la Armarte. “Yo tenía 22 años. Desde el inicio nuestra intención fue salir a las calles para hacer arte de denuncia. Denunciar los acontecimientos violentos, haciendo énfasis en las luchas de las mujeres. En este inicio participamos en la lucha por la despenalización del aborto en Oaxaca, por un aborto legal y seguro”.
A partir de entonces empezaron a estructurarse organizativamente. “Nos vimos en la necesidad de nuclearnos, acuerparnos, organizarnos en comisiones, así como lo hacen las comunidades en Oaxaca, para dar cuenta de todas las actividades que nos habíamos propuesto”.
La organización también implicaba tener una definición política más clara. En ese momento empezaron a leer distintas pensadoras de tendencia marxista, como Rosa Luxemburgo y Silvia Federici, “sentíamos que entablábamos más con ellas”.
Las creadoras callejeras hacen énfasis en la autonomía que lograron y que preservan en su forma de organizarse. “Siempre hemos cuidado para mantener nuestra independencia de organizaciones y gobierno porque se aprovechan de la lucha de las mujeres y la comercializan. Hemos visto en Oaxaca que han comercializado las luchas de mujeres indígenas zapotecas, de las personas afrodescendientes”.
Entonces, “a nosotras, como artistas callejeras, siempre nos hemos resistido porque nos quieren vender como artistas zapotecas que luchan y resisten por los pueblos de Oaxaca y, finalmente, ellos financian sus proyectos y nosotras somos desplazadas”.
Santiago C. también hace énfasis en el hecho de que su trabajo de denuncia, especialmente en relación a los temas feministas, puede ser utilizado para atraer un cierto tipo de turismo, “el turismo oscuro [que comercializa la tragedia y con las víctimas]”, especifica ella. Les pasa que, durante una pega, por ejemplo, turistas llegan a fotografiarlas, como si lo que hacen fuera un espectáculo. “Cuidamos para no caer en este show, muchas veces promovido por el propio gobierno”.
NO ES DELITO, ES HISTORIA
Un parteaguas para el arte callejero en Oaxaca fue la revuelta popular en 2006. El movimiento fue acompañado de una producción de distintas expresiones artísticas como el grafiti, pintas, esténciles, grabados que expresaban la represión que sufrían las y los oaxaqueños, pero también la rebeldía de este pueblo. Considerando que, aunque en aquella época no había redes sociales, estas imágenes recorrieron toda América Latina y el mundo, construyendo la imagen de Oaxaca como la meca del arte callejero.
Foto: Renata Bessi
En este contexto, de una ciudad tomada por barricadas, surgió la Asamblea de Artistas Revolucionarios (Asaro), en septiembre de 2006. Según el grabador y diseñador Arnulfo Quino Casas, fallecido en abril de 2025, surgió como resultado de la convocatoria para incorporar a los artistas a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), espacio de reunión de diversas organizaciones para deliberar y discutir sobre el movimiento.
En 2007, el colectivo divulgó un documento en el cual describe sus objetivos. “La Asamblea de Artistas Revolucionarios surge de la necesidad de rechazar y trascender las formas autoritarias de ejercicio del poder y la cultura institucional que se ha caracterizado por ser discriminadora y deshumanizante, al buscar imponer una única versión de la realidad y una moral basada en el simulacro. Retomamos la forma de la asamblea, porque creemos en la posibilidad de recuperación de la fuerza comunitaria en el arte y porque la asamblea es la forma en que los pueblos dialogamos y tomamos decisiones basadas en los intereses colectivos”, decía el documento.
De acuerdo con Santiago C., principalmente a partir de 2014, varios de los que integraban la asamblea de artistas se dispersaron, reagrupándose en distintos colectivos de arte, ya sea de corte político o no. “La Urtarte, colectivo que integré inicialmente, viene de allí. Si tú investigas, te vas a dar cuenta que la mayoría de los colectivos de arte gráfico o de artistas callejeros de hoy tiene algún precedente en 2006”.
Estar en las calles, estar en el centro histórico, es una herencia de 2006, sostiene ella. “Nuestro punto es justamente este, saber que la gráfica la va a ver alguien que le podamos poner una inquietud, que cuestione lo que está viviendo, o lo que está viviendo la sociedad, y que no tenemos que ser una más que se conforma con lo que hay, con lo que le tocó, donde le tocó, donde le tocó estar. Nos toca denunciar en espacios públicos que también son nuestros”. Además, “queremos llegar a la gente oaxaqueña, con la intención de decir que el arte es para todas y todos”.
Nota: Desde Avispa Mídia remarcamos que, en este reportaje, Asaro aparece como parte del recuento de la historia de Oaxaca en el tema del arte urbano, en el contexto de su formación en la revuelta de 2006. No nos referimos al actual grupo denominado Asaro, que perdió su sentido político. No es nuestra intención darles visibilidad, si no por el contrario, que el reportaje se centra en el arte urbano hecho por morras de otros colectivos. Nos sumamos a las voces de mujeres que han denunciado este espacio, por lo menos desde 2014, como un espacio de violencia y a las exigencias de justicia de las distintas mujeres, activistas, feministas que han denunciado violencia sexual y de género, incluso con denuncias penales en contra de sus integrantes. Actualizado 2 de junio de 2026.
Este reportaje hace parte del proyecto
Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca