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CHINAS OAXAQUEÑAS Y TRADICIONES QUE SE RESISTEN A MORIR: ¿QUÉ PASA CON LAS CALENDAS EN EL CENTRO DE OAXACA?
Por: Isabel Ortega
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CHINAS OAXAQUEÑAS Y TRADICIONES QUE SE RESISTEN A MORIR: ¿QUÉ PASA CON LAS CALENDAS EN EL CENTRO DE OAXACA?
Por: Isabel Ortega
Ketzy, china oaxaqueña, prepara su canasta para la calenda de La Soledad. Foto: Isabel Ortega.
La China oaxaqueña es tal vez uno de los elementos más conocidos de la cultura de la ciudad de Oaxaca, tanto por ser una figura central en las celebraciones religiosas de los barrios del centro, como uno de los emblemas de las fiestas de la Guelaguetza. La China oaxaqueña y la calenda, su contexto de origen, hoy se han convertido en un atractivo turístico y un producto en el mercado de las “bodas destino”. De esta manera, mientras proliferan las calendas para eventos, cada vez son más escasas las calendas parroquiales y barriales en el centro de la ciudad. Dentro de esta vorágine, mujeres críticas empiezan a denunciar la comercialización de la cultura barrial y religiosa de la ciudad.
Este reportaje hace parte del proyecto
Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca
Caminar en la calle Macedonio Alcalá en el centro histórico de Oaxaca un viernes por la tarde significa, invariablemente, ver calendas. Saliendo de la iglesia de Santo Domingo, bajan por este andador una ola de sombrillas blancas que cubren a hombres de traje y mujeres con vestidos largos. Adelante, los novios y la banda encabezan el desfile, van a sus lados dos monos de calenda que los representan y una marmota con sus nombres. Atrás, bailan cuatro o seis Chinas oaxaqueñas y dos Tiliches del carnaval putleco. Dos mujeres con traje tuxtepecano marcan el paso lento de Flor de Piña, tratando de conciliar ese ritmo, totalmente disonante con el sonido de la banda que les acompaña tocando el Jarabe del Valle.
En esta fiesta acompañan a los novios estos bailarines, pero en una calenda de boda podemos encontrar también danzantes de la pluma, faroleros, diablos de Collantes, o mujeres ataviadas con casi cualquier traje de cualquier región de Oaxaca. Cada tanto, la wedding planner -quien organiza los detalles de la boda- se acerca a alguno de los jóvenes bailarines, o a quienes cargan los monos de calenda, para darles alguna instrucción. Sobre la banqueta, grupos de turistas sonrientes levantan sus celulares para grabar el recorrido.
La escena se repite al menos una vez cada hora durante el resto de la tarde, cambian los novios y los nombres en las marmotas, el resto es básicamente lo mismo.
CALENDAS Y CHINAS EN LOS BARRIOS DE OAXACA
El origen de las calendas en Oaxaca se remonta al periodo colonial, cuando surgieron como un ritual religioso en forma de un recorrido festivo que tenía el fin de anunciar las fiestas patronales en los barrios de la antigua ciudad. Como en muchas comunidades de los Valles Centrales de Oaxaca, la calenda fue y sigue siendo un elemento de suma importancia en las fiestas barriales. Una calenda tradicional se compone por una banda de música, la comunidad religiosa del barrio, y una serie de elementos distintivos como son las marmotas, los faroles y las Chinas oaxaqueñas.
Aunque hay mucho debate al respecto, diversas fuentes históricas afirman que las Chinas oaxaqueñas surgieron en el siglo XIX en el suroeste de la ciudad, en el llamado Barrio de China, denominado así por ser un lugar que se caracterizaba por la venta de cerámica y loza con patrones similares a la alfarería china. En este barrio, mujeres trabajadoras de los mercados comenzaron una tradición religiosa de manifestación pública de fe, a través del baile y el porte de elementos simbólicos dentro de las calendas.
Esa fue la costumbre que heredó Anna Santibañez, quien nació hace 36 años en un seno materno de Chinas oaxaqueñas que hasta el día de hoy habitan el barrio del Carmen Alto, en el centro histórico. Su mamá y su abuela recibieron a la calenda del Carmen Alto por más de quince años, es decir, su casa era una de las paradas donde se ofrecía alimentos a los asistentes de este evento religioso. De esta manera, Anna recibió su primer traje a los cuatro meses, cuando fue presentada como China a la Virgen del Carmen. Creció rodeada de las tradiciones de la religiosidad popular de la ciudad de Oaxaca.
Anna, su mamá y su hija se preparan para asistir a una calenda tradicional. Fotos: Isabel Ortega.
“Existen dos tipos de Chinas: las que nacen y las que se hacen. Las que nacen vienen de una estirpe de Chinas oaxaqueñas nacidas en el Barrio de China. La que se hace es la que aprende con otras Chinas. Las Chinas son mujeres de fe, mujeres del mercado, que ayudan a la evangelización porque nosotras salimos a las calles a manifestar nuestra fe, es un acto de fe pública total. Cada cosa que portamos lleva un simbolismo católico. Nosotras somos eso, un símbolo de fe. Se hace un calendario católico y en cada uno de los barrios se festeja un santo. En las fiestas se hace una misa, la misa de calenda es muy importante porque ahí depositamos nuestra fe, es un momento muy íntimo. La canasta es nuestro sacrificio, nuestro acto de penitencia para agradecer o pedir algún milagro concedido por este santo al que le estamos dedicando esta canasta. Después de la misa nosotras ofrecemos ese recorrido de agradecimiento. No recibimos ningún pago. Ofrendamos el cansancio, nuestra canasta y todo lo que podamos para manifestar nuestra fe a nuestros santos patrones”, cuenta Anna, en entrevista con Avispa Mídia.
Las Chinas, como las conocemos hoy, con los diferente trajes y elementos que les acompañan, surgen a partir de la década de 1950, en el contexto de la incorporación de las Chinas oaxaqueñas al Lunes del Cerro - celebración de encuentro e intercambio entre los pueblos de Oaxaca de origen prehispánico que desde principios del siglo XX, bajo el control del Estado, tomó forma como un espectáculo de danzas tradicionales, siendo hoy una de las fiestas culturales más importantes de México -. Con el tiempo, esta versión de las Chinas se incorporó a las calendas barriales, y su aparición se volvió distintiva de estas ambas esferas de la vida cultural en la ciudad.
Con el paso de los años se formaron grupos fuera del Barrio de China, cercanos a las iglesias, y las Chinas han sido adoptadas por diversos grupos de baile folclórico. Sin embargo, solo tres grupos, con base en el Barrio de China, son reconocidos por el Estado como delegaciones “auténticas” de Chinas. Estos grupos, que llevan el nombre de sus creadoras son: las Chinas de Teresita Jiménez, de Genoveva Medina y de Casilda Flores, a este último, pertenece Anna. Estas delegaciones reconocidas son quienes tienen prioridad para ser llamadas a participar en eventos de la Guelaguetza oficial, principalmente las presentaciones del Lunes del Cerro.
Sin embargo, existe una enorme diversificación de colectivos con distintas formas de trabajo. Algunos funcionan como compañías o escuelas de danza folclórica, otros son grupos aficionados vinculados con iglesias, escuelas o barrios y, por último, existen los grupos que ofrecen servicios de entretenimiento para eventos sociales.
Constantemente existen disputas por la autenticidad y la representatividad de este símbolo tradicional. Controversias que surgen principalmente alrededor de las fiestas de Guelaguetza oficial, donde la participación de delegaciones y grupos en los distintos eventos organizados por el gobierno es fuente de disputa, negociación y funciona como moneda de cambio y botín político.
LA DESAPARICIÓN DEL CONTEXTO DE LAS CHINAS EN LOS BARRIOS DE OAXACA
Aunque llevaba mucho tiempo cuestionándose el rumbo de las prácticas tradicionales en Oaxaca, en 2018, Anna empezó a sentir que todo comenzaba a cambiar con mayor rapidez. Este fue el año que se celebró por última vez la fiesta del Carmen Alto como la conocía, fue el último año que se celebró su calenda. Mientras observaba que este proceso se repetía con varias fiestas patronales en los barrios del centro de la ciudad, empezó a ver por todos lados las calendas de fiesta y para bodas.
“En el Carmen, a partir de la llegada de un sacerdote italiano, no le gustaron las calendas y las quitó. Desgraciadamente en el Carmen ya no quedan muchos habitantes oriundos de ahí, está todo rodeado de negocios y Airbnb, entonces no hay quien defienda y unas pocas no podemos. El actual sacerdote desconozco por qué tampoco le gustan las calendas, no sé si se le hace muy caro. En el Carmen ya no hay fiesta, el Carmen ya perdió parte de su identidad. Todavía hay gente que va a ver a la virgen, todavía se baja, pero en unos años ya va a ser una misa y ya. Son pocos los barrios que siguen aferrándose a sus fiestas y sus tradiciones. Xochimilco es uno de ellos, Jalatlaco también. Todavía nos queda La Soledad, el señor del Rayo, pero si dejamos, las fiestas se van a acabar”, comenta Anna, que también es estudiante de gestión cultural.
Como relata ella, la desaparición de las fiestas tradicionales en el centro de Oaxaca tiene que ver con distintos factores. El desplazamiento de la población local, el encarecimiento de la vida en la ciudad, la banalización de la cultura, así como la disputa por los distintos usos que se le da al espacio público en el centro histórico de la ciudad.
Ketzy, china oaxaqueña. Foto: Isabel Ortega.
En los últimos años han proliferado las calendas alrededor de eventos sociales. Se organizan calendas por básicamente cualquier cosa: graduaciones, celebraciones de empresas y oficinas, bodas, bautizos, quince años. Estas son las calendas que comúnmente se ve en las abarrotadas calles del centro histórico, prácticamente todos los días del año, y que forman parte de los atractivos que los turistas vienen a observar.
“Yo veo que la gente extraña vivir sus tradiciones sin tanta gentrificación, en el sentido de que no puedes salir a la calle sin que haya turistas, somos como Disneylandia de la cultura, y es muy complicado. Entonces tú como persona que eres de aquí, dejas de ir, y empiezas a ir a otros lados, y eso también es desplazamiento. Realmente vivir tus tradiciones es muy difícil, también porque todo está muy caro, o comes o guardas dinero para pagar una fiesta patronal. Ya no se hacen como se hacían antes, yo creo que va a llegar un momento en que se van a dejar de hacer. Nuestra tradición es preciosísima, pero si ya no hay calendas, ¿dónde vamos a bailar? Yo por mi parte no pienso bailarle a una boda, ni a una revelación de sexo, ni a una graduación”, comenta esta China oaxaqueña originaria del centro de la ciudad.
Si bien las calendas sociales, con banda y monos, tienen ya un tiempo sucediendo en la ciudad, en los últimos años han comenzado a venderse como un servicio que incorpora elementos de las calendas tradicionales, como son las Chinas oaxaqueñas, así como una mezcla de elementos culturales de distintos lugares del Estado.
BODAS DESTINO Y CALENDAS EN RENTA
Yadka Guzmán tiene 21 años, nació en Oaxaca, es estudiante de gestión cultural, y China oaxaqueña. Cuando estudiaba la preparatoria, la invitaron a participar en una compañía de danza, pero cuando llegó, se dio cuenta de que el grupo no era lo que ella pensaba, no era un grupo de danza con un repertorio, sino que se dedicaban a asistir a eventos sociales, y les pagaban 150 pesos por trabajar cuatro horas. En este grupo, Yadka vivió situaciones de hostigamiento y acoso, por lo que decidió dejarlo.
Eventualmente se unió a una delegación de Chinas oaxaqueñas a través de un proceso de selección y estudiando gestión cultural conoció a otras mujeres practicantes de esta tradición, con quienes pudo compartir experiencias sobre ser China e ideas sobre los procesos de despojo urbano y cultural que se viven en Oaxaca.
La experiencia de Yadka nos habla de un proceso cada vez más común en la ciudad: la renta de calendas para eventos sociales, principalmente bodas. El grupo al que ella perteneció es uno de las más de ochenta agrupaciones autodenominadas grupos de “calenderos” o “moneros”, que ofrecen el servicio de calendas en la ciudad de Oaxaca y sus alrededores.
El costo de una calenda de este tipo oscila entre los siete y los treinta mil pesos. Incluye como base la banda y la marmota y, según el paquete, se puede elegir la cantidad y el tipo de bailarines para complementarla. Este servicio puede ser contratado a través de agentes u organizadores de calendas, por medio de anuncios en redes sociales, o a través de servicios de planeación de eventos sociales. Aunque no en su totalidad, estos servicios se contratan principalmente para la realización de bodas de personas de fuera que elijen Oaxaca como el lugar para llevar a cabo su celebración.
En los últimos años, Oaxaca ha adquirido cada vez más popularidad como un lugar para la realización de bodas destino, es decir, bodas que adquieren como tema los atractivos naturales o culturales de un lugar. En el caso de Oaxaca, los atractivos pueden ser la gastronomía, la arquitectura, sus diversas expresiones artísticas como decoración, y la cultura de celebración, específicamente las calendas. Aunque lo más común son las bodas católicas, al día de hoy podemos encontrar calendas en el contexto de múltiples eventos sociales, tales como fiestas de revelación de sexo, celebraciones de tipo new age, bodas desde diferentes expresiones culturales, y matrimonios entre personas del mismo sexo.
Calenda de boda recorre el andador turístico, noviembre de 2025.
Desde la experiencia de Yadka, las calendas de bodas muchas veces son escenario de explotación y malos tratos hacia la población local, además de que es importante considerar que muchas de las personas que participan en las calendas para eventos son menores de edad y población joven en general.
“Muchas veces pasaba en el recorrido que las mismas personas te decían ‘no me toques’, y ni siquiera los tocabas, solo ibas faldeando, pero el asco que tenían hacia uno, era como ¿para qué quieres este tipo de servicios?, ¿para qué quieres supuestamente esta experiencia si me vienes a tratar sin dignidad? Hubo una vez un novio que también dijo ‘yo no quiero que me toquen, no quiero que se acerquen a mi’, y no fue al recorrido, fue nada más la novia, era como, entonces sí soy tu adorno, y ni siquiera me tratas bien”, recuerda.
Por su parte, para Anna es muy impactante el contraste entre el trato que tienen las Chinas oaxaqueñas en este tipo de trabajo, y la forma en que comparten con las personas en las calendas tradicionales de sus barrios. “Yo le digo a estas personas [que bailan en los grupos de calenderos], ¿te invitan a pasar a la fiesta?, ¿te ofrecen agua? O simplemente te dan tus 300, 500 pesos y ya, ahí te ves. Pero eso si, te llaman para la foto donde están besando a la novia. Y digo, chispas, es que nada más somos un arreglo. Somos un adorno muy barato, y es una manera muy triste de ver cómo se está denigrando la cultura”, señala Anna.
De acuerdo a las mujeres entrevistadas para este reportaje, el gobierno tiene su propia cuota de responsabilidad en cuanto a la comercialización y la banalización de la cultura de los barrios de la ciudad, ya que constantemente está utilizando elementos de esta cultura para fines que tienen que ver con el impulso del turismo y la autopromoción, además de explotar al máximo a delegaciones y representantes de los grupos a través de eventos, desfiles y propaganda.
“La China a veces es el adorno del político, de que nada más llegan y te dicen, tú y tú, vas a ir, y tú no sabes bien por qué. Y solo es para estar parada, que te utilicen para la foto”, afirma por su parte Yadka.
“Este gobierno a todo le quiere meter trajes, para todo hay Guelaguetza, y es algo que ya se desvirtuó, ya no significa ayuda mutua. Y ahí tienes el parteaguas, el gobierno te utiliza como edecán, y si el gobierno puede, cualquiera puede. Realmente el respeto tendría que empezar por ellos. Y sobre todo el problema es que no haya políticas que regulen, que les digan hasta dónde pueden llegar”, comenta Anna.
La regulación de las calendas y del uso de elementos culturales es un tema por demás complejo y nada resuelto. Por una parte, desde 2022 existe en México la Ley federal de protección del patrimonio cultural de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, que reconoce y pretende garantizar “el derecho de propiedad de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas sobre los elementos que conforman su patrimonio cultural, sus conocimientos y expresiones culturales tradicionales, así como la propiedad intelectual colectiva respecto de dicho patrimonio” y prohíbe su utilización y aprovechamiento.
Sin embargo, hasta el día de hoy no se han llevado a cabo denuncias apelando a esta ley alrededor de los elementos culturales que se utilizan en calendas privadas o comerciales, procesos legales que sí se han desatado en otros momentos por la utilización de textiles por marcas de alta costura o empresas trasnacionales, por ejemplo. En este sentido las Chinas oaxaqueñas se encuentran en un lugar ambiguo, por haberse originado en un contexto tradicional urbano, y no ser parte del patrimonio cultural de un pueblo originario.
Ketzy, Anna y Danna frente al templo de La Soledad. Foto: Isabel Ortega.
Por otro lado, por varios años el gobierno municipal ha intentado regular las calendas en el centro histórico a través de cobros por el uso del espacio público, así como cargos por el servicio de recolección de basura y control de la vialidad durante el recorrido.
De acuerdo a la Ley de Ingresos del Municipio de Oaxaca de Juárez 2025, las calendas particulares o comerciales deben pagar al municipio lo equivalente a 50 UMA (Unidades de Medida y Actualización) por evento, lo equivalente a 5,657 pesos. Según dicha ley, las calendas parroquiales y tradicionales están exentas de este pago. Por otro lado, la misma ley establece que el costo del permiso para consumir bebidas alcohólicas en calendas es de 100 UMA por día (11,315 pesos). Cuando una calenda implique cerrar vialidades del centro, también se aplican tarifas por el apoyo de elementos de la policía vial o municipal, servicio que tiene un cargo de 10 u 12 UMA por evento (alrededor de 1,300 pesos).
Más allá de los costos establecidos oficialmente, las agencias de renta de calendas consultadas para este reportaje ofrecen como parte del servicio la gestión del permiso municipal, manejando costos del mismo entre los cuatro y nueve mil pesos. Algunas incluso ofrecen la posibilidad de conseguir descuentos a través de acuerdos directos con el municipio.
La actual administración, presidida por Raymundo Chagoya, ha manifestado constantemente sus intenciones de regular las calendas a través de la creación de un reglamento que establezca horarios y rutas. En marzo del presente año, Chagoya declaró en conferencia de prensa que el fin de la regulación no es limitar las calendas sino ordenarlas, sobre todo alrededor del tema de consumo de alcohol, y declaró que el cabildo municipal sostiene una mesa permanente con los calenderos con este fin.
Después de un altercado de violencia en una calenda universitaria, el 6 de octubre de 2025 el presidente municipal volvió a hacer declaraciones sobre las calendas: “Es un tema en el que estamos avanzando, ayer tuvimos una reunión importante para checar el tema de calendas. Esperamos que pronto quede regulado tanto en reglamentos como operativamente, pero sí vamos a tener que poner un poco más de mano dura”.
En una intervención más reciente, Raymundo Chagoya afirmó que durante las fiestas de Día de Muertos de 2025 sucedieron cerca de cien calendas en las calles del centro histórico, mientras el tema de la regulación sigue pendiente en su agenda.
¿CÓMO ES SER CHINA EN LA OAXACA DE HOY? RESISTENCIAS Y RESIGNIFICACIONES
Ketzy tiene 22 años, nació en Oaxaca de Juárez y se define como una mujer con raíces zapotecas serranas y mixtecas. Su abuelo nació en el barrio de los Siete Príncipes, donde tenía una vecindad que fue expropiada por el gobierno en los años 60, por lo que su familia fue desplazada de vivir en uno de los barrios principales de la ciudad de Oaxaca y reubicada a la colonia Alemán, al sur de la ciudad. Ketzy define a su familia como muy creyente y de lucha, su bisabuela fue China oaxaqueña, una mujer trabajadora del Mercado de Abastos, y sus papás son maestros rurales, se conocieron practicando danza.
Ketzy compra flores y follaje para su canasta con Doña Rosa. Isabel Ortega.
Para Ketzy, la historia de las Chinas oaxaqueñas es la historia de las mujeres trabajadoras de la ciudad y, en ese sentido, es parte de su propia historia. Debido al desplazamiento de su familia, ella y su mamá se alejaron del epicentro de los grupos de Chinas antiguos. Sin embargo, en casa mantuvieron la idea de ser parte de esta tradición.
“A mi mamá ya no le tocó nacer en la casa del centro. Mi mamá era China pero no de las delegaciones, ni de los que les pagan, sino de otros grupos que antes existían, y a mi siempre se me educó a tener mi traje, se me educó a que iba a ser China pero no como parte de una delegación, ya con el tiempo fue que se me invitó a ser parte de una delegación”, comenta Ketzy.
Para esta joven oaxaqueña, volver a este camino implica conectar con la historia de su familia, pero también resignificarla, cuestionarla y vivirla de forma propia.
“Para mi ser China es una herencia. Es rescatar algo que estaba ahí pero que yo no podía concebir bien. Cuando son las calendas, es muy bonito ver cómo las Chinas salen con toda su familia detrás. Va la China pero va toda la familia, el abuelo, la mamá, la hermana. Y para mi es mucho orgullo que mis papás digan que su hija es China oaxaqueña. La gente de antes tiene mucho respeto a las Chinas porque son conscientes de que son las únicas mujeres que tienen la fuerza para profesar su fe. Y para mí eso también trajo un dilema sobre cómo profeso mi fe, porque para mí, mi fe no cabe dentro de estas ideas tan conservadoras, sino que tiene que ver más con mi tradición, mis raíces. Entonces yo creo que la China es una mujer que tiene fe, por la tradición, pero que, como tal, no sigue estos estándares europeos que trajo la colonia. Viene profesando una fe desde la tradición, desde su tierra”.
Calenda de La Soledad, 2025. Isabel Ortega.
Como parte de una generación de mujeres críticas, Ketzy también se ha cuestionado cómo se representa a las mujeres oaxaqueñas desde la oficialidad y desde dónde quiere hacer uso de su voz.
“La imagen de la mujer oaxaqueña se reduce a cuando carga el traje. La mujer del valle, por ejemplo, no es vista como una mujer indígena sino como una mujer mestiza y, personalmente, yo no estoy de acuerdo con esta imagen que ejerce violencia sobre los cuerpos de las mujeres. Entonces la China solamente es vista cuando carga un traje, pero no existe cuando carga ropa común, en su vida diaria en la ciudad. Para el Estado somos un objeto de consumo. Les convenimos cuando somos parte del consumo del turismo, pero no les convenimos cuando hacemos uso de nuestros derechos. Decimos que la mujer oaxaqueña sufre estos procesos de gentrificación, porque también atraviesan los cuerpos de las mujeres. Por ejemplo, ¿por qué siempre es la China la imagen para el turismo y no el farolero?”.
Las Chinas vienen de las señoras del mercado, de mujeres fuertes y aguerridas, entonces “para mi el ser China también es tener poder, formar parte de las actividades de la comunidad y ser un sujeto político. Eso para mí es importante, pero ahora lo que pasa mucho es que se nos bajó a ser solamente alguien que acompaña figuras políticas, es algo muy cansado y muy feo, que seamos como el adornito que ponen para que el político se vea más, y se vea que el político está con el pueblo, saludando a una mujer indígena que está portando su traje. Y eso lo hacen en todos lados. La China es una mujer que debe estar metida en la política de su comunidad, pero no se nos deja estar en la actualidad, en estos contextos. No se nos deja tener un espacio realmente de voz y de diálogo donde hablemos realmente de qué es lo que está pasando.
Hasta ahora estamos viendo que en la Diosa Centéotl están hablando de los procesos de despojo que se viven en sus comunidades, pero realmente cuántos años tuvieron que pasar para que eso pudiera pasar”, comenta Ketzy en entrevista con Avispa Mídia.
Para las tres jóvenes Anna, Ketzy y Yadka, ser China oaxaqueña en la ciudad de Oaxaca del día de hoy significa resistir al despojo de las tradiciones y enfrentar en sus cuerpos la mercantilización de la cultura, además de enfrentarse a la desaparición de las fiestas barriales, espacios donde cobra sentido la reproducción de su tradición.
Ser China en la Oaxaca actual. Isabel Ortega.
PATRIMONIALIZACIÓN DE LA CULTURA
El 12 de diciembre de 2025 fue anunciado que Oaxaca de Juárez formará parte del proyecto regional “Comunidades por el patrimonio” de la UNESCO que busca salvaguardar el patrimonio vivo en el marco del turismo en ciudades patrimoniales. Los elementos culturales de la ciudad de Oaxaca que ha sido denominados como ‘patrimonio vivo’ son las Chinas oaxaqueñas, las comparsas - celebraciones en el espacio público características del Día de muertos - del barrio de Jalatlaco, las nieves tradicionales, la mantelería tradicional y la mayordomía de la Virgen del Rosario, estas dos últimas, tradiciones del barrio de Xochimilco, al norte del centro histórico de la ciudad.
Chinas oaxaqueñas jóvenes en la calenda de la Virgen de La Soledad, 2025. Isabel Ortega.
Este proyecto es impulsado a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano del Gobierno de México, así como autoridades estatales y municipales, principalmente la Dirección de Patrimonio y Centro Histórico del Municipio de Oaxaca de Juárez; y su intención es, a través de la creación de un ‘inventario comunitario’, articular las políticas de planeación urbana en relación al turismo en la ciudad con el ‘resguardo’ de elementos culturales seleccionados.
Este reportaje hace parte del proyecto
Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca