En portada: Maria Hermenegilda Tonatzin. Fuente: redes sociales de María
María Hermenegilda Tonatzin, también conocida como María Mendoza Lucas, es una mujer trans y ayuuk de 31 años, quien desde hace más de diez años ha sido parte de la comunidad sexodisidente organizada en Oaxaca, así como de otros esfuerzos de defensa del territorio en el Estado. En los próximos días, se cumplen cinco meses de que María se encuentra desaparecida.
Quienes han compartido con ella de forma cercana en distintos espacios la describen como una compañera solidaria, que sabe escuchar y acompañar, preocupada por crear espacios seguros y de cuidado para las personas trans, particularmente desde el arte y el apoyo mutuo.
María es conocida por su labor por la vida de las personas trans a través de la danza, la poesía y el performance. A través del arte, en los últimos años ha participado en eventos autogestivos, mesas de diálogo, mercaditas, espacios de trueque, círculos de bordado.
“Mari llega a todos los espacios posibles, donde ella se sienta segura, y acompañada por su red. Donde sienta que se construye comunidad. Ella siempre ha sido muy clara, en su palabra y su acción. Apuesta por la imaginación, el juego, por distintos lenguajes, por tomar la palabra para expresar las cosas que tiene para decir, sin pedir permiso”, comenta Nadja, amiga de María, en entrevista con Avispa Mídia.
María acuerpa distintas luchas por el territorio, el cuerpo, y el cuidado mutuo desde la alimentación. En este sentido, es parte del Tianguis Autogestivo, Feminista y Disidente, una comunidad de productoras y comerciantes autónomas que surgió como una respuesta desde las mujeres y sexodisidencias a la precariedad y la violencia económica, en el contexto de la pandemia por covid-19.
María también sumó sus esfuerzos a la labor de la “Comedora Comunitaria Nkä'äymyujkëmë -Comamos Todxs”, colectiva que ofrece alimentación y refugio a personas en situaciones de vulnerabilidad en la ciudad de Oaxaca, principalmente sexodisidencias y personas en tránsito. Es en este esfuerzo organizativo donde varies compañeres han compartido con Mari en los días de cocinar y compartir alimentos, así como en las jornadas de tlacuacheo en la Central de Abastos, es decir, en la recolección de donaciones solidarias para las cocinadas colectivas, donde muchas veces vieron a María ofrendar poesía como agradecimiento por las donaciones de alimentos que recibían.
De igual manera, compañeras cercanas a María señalan que desde distintas expresiones artísticas ha formado parte de encuentros, manifestaciones y convocatorias contra los megaproyectos en el Istmo de Tehuantepec, así como distintos esfuerzos de resistencia frente al despojo del territorio urbano en la ciudad de Oaxaca de Juárez.
Como ocurre en la realidad cotidiana de las mujeres trans en México, amigas y compañeras cercanas a María comentan que en su trayectoria como defensora del territorio y de los derechos de las personas trans, ha sufrido ataques transfóbicos y acoso de la policía en diversas ocasiones. En una de ellas, en mayo de 2019, junto con otra compañera, fue hostigada y detenida por policías municipales.
La desaparición
En los últimos días de agosto de 2025 María se desplazó a Cholula, Puebla, como lo había hecho varias veces en los últimos años como parte de un grupo de danza prehispánica, para participar en la fiesta de la Virgen de los Remedios.
Como relata su hermano Francisco, en entrevista con Avispa Mídia, después de la peregrinación y su participación en la fiesta, María emprendió el camino hacia su siguiente destino, el cual no se conoce con claridad, el 11 de septiembre, cuando fue vista por última vez. En las siguientes semanas tuvo comunicación con algunas personas y realizó publicaciones en sus redes sociales alertando que había sido víctima de violencia, por lo que la preocupación por su paradero y bienestar fue en incremento entre su familia y personas cercanas.

María fue reportada como desaparecida ante las autoridades correspondientes el 27 de octubre de 2025. Desde entonces, su familia, y la comunidad sexodisidente organizada en Oaxaca la buscan. Durante estos casi cinco meses, la búsqueda ha sido llevada a cabo oficialmente por la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, su contraparte en Puebla y la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas Desaparecidas para el Estado de Oaxaca (CEBPEO). Por su parte, organizaciones de la sociedad civil han brindado acompañamiento al caso, específicamente Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad en Oaxaca, y el colectivo “Voz de los Desaparecidos en Puebla”.
Así mismo, personas y colectivas de la sexodisidencia han organizado jornadas de búsqueda y difusión, mientras diversas colectivas han exigido que la investigación se lleve a cabo siguiendo protocolos adecuados para la búsqueda de personas trans.
Francisco Lucas, hermano de María, en entrevista con Avispa Mídia, comenta que en las últimas semanas no han tenido noticias sobre la investigación, por lo que han sido días especialmente difíciles para su familia. En este contexto, solicita a las autoridades que no se olviden del caso.
“Que no cese el apoyo de las autoridades, que no sea una carpeta más. Sabemos que están sobrepasados, pero deben garantizar el seguimiento, humanizarse un poco, que las familias podamos tener la seguridad de que al menos se está haciendo algo. Que se comuniquen entre las instancias”, comenta Francisco, en entrevista con Avispa Mídia.
Invisibilización y torpezas del Estado en la búsqueda de personas trans
De acuerdo a información del Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT+, además de María, en 2025 fueron reportadas como desaparecidas cinco personas más de la comunidad sexodisidente en los estados de Puebla y Oaxaca, siendo tres de ellas mujeres trans. Por otro lado, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) reconoce oficialmente 71 casos de personas LGBTIQ+ desaparecidas desde la década de 1960.
Sin embargo, el Instituto Mexicano de Derechos Humanos Y Democracia, A.C. en su Informe Personas LGBTIQ+ desaparecidas en México (2025), advirtió recientemente que en la realidad existe un grave subregistro en el conteo oficial de estos casos, ya que las desapariciones de personas de la diversidad sexual y de género son constantemente invisibilizadas por las instituciones estatales, sobre todo por la falta de protocolos y capacitación del personal.
En el caso de María, las primeras fichas de búsqueda emitidas por la Fiscalía y la Comisión de Búsqueda contenían solamente el nombre con el que la defensora fue registrada al nacer, y fue hasta unos días más tarde que se emitieron nuevas fichas que incluían el nombre que corresponde a la identidad de género elegida por ella.
De esta manera, en los casos de desaparición de personas sexodisidentes existe el riesgo de que la falta de una perspectiva adecuada entorpezca las búsquedas y sea fuente de una serie de violaciones a los derechos humanos, como explica Nizayeéjh Chávez, defensora de derechos humanos, en entrevista con Avispa Mídia.
“Las personas trans encuentran aún más obstáculos, a partir de que el Estado estigmatiza su existencia, su vida, y esa estigmatización determina las búsquedas. La perspectiva homofóbica, machista, transfóbica de los funcionarios se traduce en cómo conducen las investigaciones. Eso evidencia la falta de compromiso de las instituciones con las personas de la disidencia sexual y de género. Contar con una perspectiva de género para tratar los casos de desaparición de personas de la diversidad sexual no es solo un principio, es una obligación de las instituciones para garantizarles el derecho humano a ser buscadas”, sostiene Nizayeéjh Chávez.

