Mujeres y personas sexodisidentes han sido desplazadas del centro histórico de Oaxaca, donde buscaban, y todavía buscan, las condiciones para reproducir la vida, por medio de su artesanía, su arte, su comida. También han sido empujadas a salir del centro y buscar vivienda en otros barrios que no son atractivos para el turismo; han sido reprimidas o se les ha prohibido manifestar o protestar; han visto la apropiación de su cultura y costumbres.
Sin entrar en la discusión de cual término acota mejor lo que está en curso en el centro histórico de Oaxaca – si gentrificación, turistificación o gentrificación turística -, nosotras, desde Avispa Mídia, salimos a la calle, a los barrios, a convivir y platicar con la gente, para buscar comprender lo que pasa en el centro histórico de Oaxaca y saber ponerle nombre. Después de un largo proceso de entrevistas, pláticas, lecturas de informes, investigaciones y de escucha de distintos puntos de vista, presentamos en esta publicación especial lo que hemos logrado durante varios meses de trabajo. Para nosotras, lo que está en curso es un proceso de despojo urbano. La ciudad física y todo lo que conlleva su tejido social, construidos durante siglos, están siendo apropiados y mercantilizados.
Oaxaca no sería como se le conoce sin las diversidades de los pueblos originarios y el cruce de lo afro, de los intercambios culturales, un proceso histórico nada lineal, es importante no olvidar, marcado por conflictos y dominación colonial. Todo esto ha ido hilando el tejido social, la comida, la cultura, los rituales, las costumbres, los colores y los sabores.
Es esto lo que está siendo apropiado, pasteurizado y mercantilizado por inversionistas privados – oaxaqueños, de otros estados de la República y extranjeros –, impulsados por políticas públicas implementadas por la propia elite política oaxaqueña, en el Congreso del Estado – que, por cierto, varios de ellos provienen de pueblos originarios y organizaciones sociales –, extendiéndose hasta el Ayuntamiento de la ciudad y el gobierno del Estado. De cierta forma, esto responde a un marco jurídico diseñado para complacer las reglas de la Unesco para conservar el patrimonio histórico de la humanidad declarado en 1987.
Foto: Renata Bessi
Diversas son las investigaciones académicas que demuestran el ritmo acelerado que ganaron los procesos de despojo especialmente después de la declaratoria de patrimonio de la humanidad de la Unesco. Si bien la declaratoria tiene el objetivo de preservar la arquitectura colonial, sus texturas, formas y colores, también tiene el efecto de reservar y conservar este territorio para la explotación de la industria turística masiva.
La política ha sido “limpiar” el territorio para priorizar el uso exclusivo de actividades relacionadas al turismo, lo que ha provocado la homogenización y museificación del espacio, contraponiéndose a la lógica de un centro vivo, que se crea y recrea justamente por la diversidad de su gente y de las relaciones que establecen en un tejido social vivo.
Oaxaca fue transformada en una marca en el mercado turístico, una mercancía que va perdiendo sentido y contenido. Va quedando como un cascarón de lo que un día fue un centro vivo, como buena parte de sus edificios coloniales que solamente preservan la fachada.
Bajo esta lógica se desprende un proceso de vaciamiento de población, de vivienda, de tiendas para abastecimiento local, de personas ejerciendo sus oficios, del convivio comunitario, un vaciamiento de usos populares, de las funciones administrativas del municipio y del Estado, del uso de la calle como escenario artístico y político.
Foto: Santiago Navarro F.
Por un lado, estudiosos han mencionado a Avispa Mídia que si el despojo continúa a este ritmo no tarda mucho en que el proceso de museificación sea completo, que el centro sea solamente un lugar de paso y que el simple cascarón sea la totalidad de la realidad. Por otro lado, gente de las comunidades, colectivas, organizaciones y personas que habitan el centro sostienen que todavía es un espacio de disputa, una disputa desigual, pero que aún está en disputa.
Para entender cómo estos procesos impactan las vidas y las cuerpas de mujeres y personas de la diversidad en Oaxaca, Avispa Mídia produjo en este trabajo especial una serie de 12 reportajes en profundidad, pensados en cinco distintos ejes: ¿Cuáles son los andamiajes institucionales, las raíces que promueven el despojo? El objetivo es entender lo que engendra el despojo. ¿Cómo estos procesos han impactado la vida de mujeres y personas sexodisidentes que insisten – o que ya no pudieron insistir - en habitar, reproducir la vida, protestar y compartir en el centro histórico?
Hemos documentado los mecanismos de despojo en estas distintas vertientes de la vida, justamente las que dan vitalidad al territorio, pero también las experiencias de personas y colectivas que han resistido y hecho valer la multiplicidad de los usos del espacio.
Una de las principales tareas, en este escenario poco alentador, es recuperar la capacidad de construir nuevos imaginarios de lo que es habitar en el territorio urbano, alerta Lirba Cano, de la colectiva Cuerpos Parlantes: “Este sistema nos ha robado la imaginación, nos ha puesto los límites de lo posible, o de lo imposible”.
Encuentro en el centro histórico reunió voces de distintas personas, colectivas y comunidades contra los procesos de despojo, abril 2025. Foto: Santiago Navarro F.
Construir nuevos imaginarios es, para ella, imaginar cómo podemos sostener la vida comunitariamente. “Y, en ese ir intentando, pues van surgiendo nuevas prácticas de convivencia, de vínculo, de sensibilidades. Lo que nos interesa es ir construyendo una subjetividad cooperativa, una subjetividad colaborativa”.
Para conocer el resultado de este trabajo, los 12 reportajes en profundidad, te invitamos a navegar por la siguiente ilustración, clicando en las
manchas de pintura.
Otras producciones del proyecto Cuerpas diversas y el despojo urbano en el centro histórico de Oaxaca: