La segunda parte del recuento que hace Avispa Mídia del Semillero Guerra contra la humanidad. Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), aborda los crímenes contra la vida humana y la idea de “lo desechable” a través de distintas violencias contemporáneas desde el genocidio en Palestina, las desapariciones y asesinatos de personas en México, crímenes vinculadas a disputas territoriales y económicas; las condiciones que enfrentan las personas en desplazamiento forzado; y sobre los trabajadores frente a tecnologías emergentes y la precarización laboral.
La primera parte, la primera entrega, puedes leer aquí.
Durante estas sesiones el Capitán Insurgente Marcos destacó “la luz de resistencia y rebeldía de las madres buscadoras, a quienes, por mucho que las amemos, siempre les quedaremos a deber. Y que ahora nos impulsan a volver a caminar fuera de nuestras montañas, porque los brazos y los besos siempre es mejor darlos en persona y no por internet (...) y de forma especial, a las luchas, resistencias y rebeldías que han sido asediadas por siglos”.
Con la proyección de la pintura ¿Dónde estás, amor mío?, de Antonio Ramírez, basada en las madres buscadoras, la periodista y académica Alejandra Guillén habló de ‘Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio’.
“Es para ellas (madres buscadoras) también toda mi palabra y mucha de la que recojo viene de ellas, de sus hijos y de todas las personas que anónimamente hablan para explicar lo que está ocurriendo. Este es un saludo para las madres buscadoras que, lamentablemente, cada vez son más en este país”, dijo.
Recordó la historia de Jorge, ocurrida hace casi catorce años en Jiquilpan, en 2012, que coincide con el surgimiento del Cártel Jalisco Nueva Generación que desde sus inicios recurrió al reclutamiento forzado y al trabajo esclavo para conformar sus estructuras, una práctica que entonces aún no era reconocida como patrón de desaparición.
Las pistas reunidas por la familia, relató la periodista, ubicaban a Jorge en ranchos de la región de Tapalpa, un territorio que identificó como estratégico para la consolidación de la organización criminal y de economías legales e ilegales, como la explotación forestal y minera. En ese mismo periodo, añadió, también desaparecieron defensores del territorio en la Sierra de Manantlán, entre ellos Celedonio Monroy Prudencio, hubo el desplazamiento de comunidades enteras y el despojo sistemático de ranchos y tierras mediante las llamadas "limpias".
“Estaban sacando las maderas preciosas, las especies, las minas (...) Y lo han hecho, digamos, en alianza siempre con las mineras de la región. Y todo esto salía por los puertos, no solo en Jalisco, en toda la sierra de Jalisco y toda la sierra de Michoacán. Todo estaba ocurriendo al mismo tiempo”, precisó Alejandra Guillén.
Pero la expansión respondió a una estrategia previamente diseñada, articulada con rutas comerciales que permitían el intercambio de insumos para la producción de drogas sintéticas y otras mercancías provenientes de Asia.
La periodista hizo hincapié en que los grupos criminales en México constituyen apenas el nivel más visible de una red que involucra a actores financieros, políticos y empresariales. Entonces la violencia opera como parte de un modelo económico con objetivos de largo plazo, más que como una sucesión de hechos aislados.
En ese esquema, explicó que el reclutamiento forzado y la explotación de personas no solo sirven para conformar ejércitos, sino también para consolidar ese proyecto de expansión territorial basado en el control social y la transformación de quienes son sometidos.
En ese proceso buscan desarticular el tejido social, normalizar la crueldad e incorporar personas a un esquema de dominación que ha hecho posible ejercer un control permanente sobre barrios, pueblos y regiones.
“No es la primera vez que se esclaviza a personas, pero sí de la manera en que ha estado ocurriendo tan masivamente, decenas y decenas y decenas. Es como la fábrica del mal que instalaron, muy bien pensada, para no solo construir ejércitos, sino también transformar subjetividades (...) Y esta maquinaria ha necesitado seguir alimentándose de más personas”, lamentó Alejandra Guillén.
Recordó el caso de Teuchitlán, municipio de Jalisco, pues hizo visible el reclutamiento forzado y los circuitos de lugares donde retienen a las personas y que familias de personas desaparecidas han denunciado durante años.
Pero antes de Teuchitlán existen antecedentes en Tala, donde, en el 2014, hicieron misas y protestaron por las desapariciones masivas; además de Ameca y otros municipios de la región Valles de Jalisco, al occidente de México, donde mantenían privadas de la libertad a personas captadas mediante ofertas de empleo dirigidas a jóvenes, migrantes centroamericanos y personas en situación vulnerable.
“Es todo un circuito de lugares hasta que llegan a los cerros. Hay como dos objetivos: unos van a ser el material de entrenamiento; y los otros van a ser los que van a transformar, con esa acción, en sicarios, si es que quieren sobrevivir. Son entrenamientos militares. Los que sobreviven son aquellos que van a ser mandados al lugar donde exista la guerra de conquista”, dijo Alejandra Guillén.
En 2017, de Jalisco, empezaron a enviar a los reclutados, probablemente a Lagos de Moreno, pero en los últimos años los lugares donde se han ido expandiendo son Zacatecas, Sinaloa y Chiapas.
"tengo también la impresión de que ha sido como el cinturón o la continuidad de lo que ocurrió con el Artículo 27 en los años 1990, y toda la devastación de la tierra y de la propiedad ejidal y comunal”, agregó Alejandra Guillén.
“Esta tormenta de la que yo les hablo, que les vengo a contar de donde yo vengo, no la podemos pensar fragmentada. Toda va junto. Toda está vinculada. Y tengo también la impresión de que ha sido como el cinturón o la continuidad de lo que ocurrió con el Artículo 27 en los años 1990, y toda la devastación de la tierra y de la propiedad ejidal y comunal”, agregó Alejandra Guillén.
Desde hace años, comunidades de Jalisco y otros Estados en México han quedado vacías tras la llegada de grupos criminales que reclutan o desaparecen habitantes. Alejandra Guillén cuestionó qué buscan controlar en territorios donde ya no hay población, producción ni actividad visible y su hipótesis apunta a una disputa de largo plazo por la tierra. La ausencia de comunidades, campesinos y propietarios podría abrir la posibilidad de apropiarse de esos espacios sin oposición, señaló.
La periodista también dijo que habría que poner atención en la estrategia de los pueblos que han resistido y no han permitido la entrada de grupos y empresas criminales a sus territorios como como Cherán, en Michoacán; el Gran Nayar y la región Wixárika.
“Y considero que las experiencias de los pueblos, recupero las de los pueblos de Occidente, las de las madres buscadoras y las de estas experiencias territoriales, nos tienen que obligar a pensar cómo hacemos para que no se lleven ni a uno más, para que las tinieblas no sean totales y para que la última palabra no la tengan ellos”, precisó Alejandra Guillén
“Industrialización de la muerte”

La investigadora Andrea Horcasitas destacó que la desaparición de personas no es una forma de violencia nueva ni exclusiva de México, sino una práctica de crueldad, “perpetrada en distintas geografías por distintos verdugos contra los pueblos”.
La desaparición, dijo, no es ajena a la vorágine de la acumulación del necroceno. “El necroceno, ese perverso Midas que convierte todo, incluso la vida misma, en capital. De un lado de la moneda está la muerte y del otro la violencia. La desaparición no es ajena a ese Midas, sino que se articula con las lógicas de acumulación y despojo”, destacó Andrea Horcasitas.
“En el fondo, la desaparición de personas es síntoma de la culminación de un largo proceso de industrialización de la muerte, en el que también operan la especulación de cuerpos como mercancía y la destrucción de ecosistemas completos”, agregó.
En el caso de México la estrategia actual mantiene la lógica de administraciones anteriores al presentar los porcentajes de localización como un logro, lamentó la investigadora, pues el registro fue reducido de 135 mil a 40 mil personas desaparecidas como la "verdadera" cifra.
Esto responde a un criterio administrativo que no refleja la dimensión de la crisis, explicó Andrea Horcasitas. Añadió que esa narrativa deja de lado la evolución de la violencia en los territorios, con el uso de explosivos, drones, minas antipersona, el bloqueo de vías de comunicación y los ataques a medios de subsistencia.
Pero la realidad es revelada por las familias buscadoras, quienes han localizado cientos de fosas clandestinas. La investigadora precisó que en los últimos 20 años, México se ha llenado de fosas clandestinas; solo Guerrero, Veracruz, Sonora, Guanajuato y Jalisco concentran la mitad de los hallazgos registrados en los últimos años, pero la expansión alcanza a Colima, Chihuahua, Sinaloa, Michoacán y Tamaulipas.
En Veracruz, Colinas de Santa Fe se convirtió en uno de los sitios de exterminio más grandes de Latinoamérica: el colectivo Solecito encontró más de 22 mil fragmentos óseos, 298 cráneos y cientos de restos humanos. En Sonora, los hallazgos pasaron de tres fosas antes de 2018 a más de 360 entre 2019 y 2024; en 2025, cerca de Hermosillo, fueron localizadas 60 personas enterradas.
Andrea Horcasitas lamentó que, en la actualidad, las fosas aparecen en escuelas, parques, espacios naturales y zonas urbanas, es decir, la violencia atraviesa comunidades enteras y convierte los cuerpos en una evidencia de la disputa por el territorio y el control.
“El dolor, la ausencia y el horror de la búsqueda son terreno fértil para que se erijan pirámides pero también han probado ser terreno fértil para el común, para la solidaridad y para el amor. No solo entre las familias, sino con personas que abren su corazón y se suman a la búsqueda de quienes hoy nos hacen falta”, destacó antes de pedir a la audiencia cantar ‘Cielito buscador’, una adaptación de ‘Cielito lindo’, creado por familias de personas desaparecidas en México.
En su ponencia, el sociólogo Bruno Miranda cuestionó las diferencias entre los conceptos de movilidad humana y migración, y planteó que las formas de nombrar los desplazamientos también implican decisiones políticas sobre cómo se entiende y se gobierna a las personas que migran. Explicó que la ilegalización convirtió a trabajadores que antes habían sido contratados legalmente por Estados Unidos en “migrantes ilegales”, sin detener su movilidad, pero cambiando la manera en que fueron clasificados por el Estado.

“El capitalismo no solo requiere inversión y producción, también necesita desplazar fuerza de trabajo hacia los territorios donde se concentra la actividad económica. No hay industrialización ni ciudades modernas sin movilidad laboral. La relación entre México y Estados Unidos revela esa dinámica: una frontera y un flujo migratorio que han cambiado con el tiempo”, explicó.
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la migración comenzó a asociarse con amenazas como el terrorismo, el crimen organizado y el narcotráfico, pese a tratarse de fenómenos distintos. Entonces la construcción de una “crisis migratoria” no es neutral, pues ha permitido justificar medidas permanentes de control y seguridad en la frontera México-Estados Unidos.
Ese cambio amplió el aparato fronterizo estadounidense con nuevas barreras físicas, sistemas tecnológicos, vigilancia aérea, herramientas biométricas y bases de datos, precisó Miranda. La frontera norte de México y Estados Unidos entró en un proceso de “securitización”, entendido como la incorporación de mecanismos militares, tecnológicos y de inteligencia para administrar la movilidad.
“No es casual, compañeros y compañeras, que los llamados migrantes de tránsito provengan en su enorme mayoría del Sur Global: México, Centroamérica, Caribe, África y Asia. Ciertas partes de Asia: el sureste asiático, Afganistán, Pakistán, Siria, etcétera, si es que podemos considerar a esos países como asiáticos”, agregó.
La guerra contra los migrantes, como plantea el antropólogo iraní Shahram Khosravi, se convirtió en una guerra contra quienes están “abajo”. En México, esta lógica convirtió al país en un territorio frontera: un espacio de contención donde las personas migrantes enfrentan retenes, trayectos prolongados, riesgos por el crimen organizado que controla rutas como Tapachula-Arriaga, Chiapas.
“Por eso, las miradas críticas nos invitan una vez más a dejar de pensar la frontera como una simple línea en un mapa y comenzar a verla como un conjunto de prácticas, un conjunto de instituciones y de violencias que hoy atraviesan buena parte del continente americano”, dijo el sociólogo.
éxodos desafían el aislamiento impuesto a quienes migran y convierten el tránsito en una acción colectiva.
Pese a este panorama, Bruno Miranda coincidió en que las fronteras también son territorios de organización colectiva y puso como ejemplo que en México, las caravanas migrantes muestran cómo miles de personas han construido estrategias de cuidado y resistencia frente a un sistema fronterizo que busca controlar sus trayectorias. Estas movilizaciones fueron inspiradas por las madres centroamericanas y las formas de búsqueda de sus personas desaparecidas durante el tránsito por este país. Para Miranda estos éxodos desafían el aislamiento impuesto a quienes migran y convierten el tránsito en una acción colectiva.
Palestina: el arte frente al genocidio
“Necesitamos hablar y seguir hablando de Palestina”, sostuvo la dramaturga Micaela Gramajo al introducir otro de los ejes del Semillero: el genocidio en Palestina como una expresión de las guerras contra la humanidad.
Gramajo participa en el grupo Judíes por una Palestina Libre, parte de una comunidad de personas judías antisionistas que vive en México, “nos oponemos al uso de acusaciones de antisemitismo para justificar la violencia”, remarcó.
Desde su práctica teatral, la dramaturga explicó que buscan en colectivo mantener un diálogo con las violencias del presente. Entre las acciones de artistas recordó Los Monólogos de Gaza que reúnen testimonios escritos en 2010 por 33 jóvenes de la Franja de Gaza, convocados por el teatro Ashtar tras la primera guerra en ese territorio palestino.
A partir de esos relatos, la compañía Proyecto Perla, de la Ciudad de México, convocó a niñas y jóvenes a leer los textos y profundizar en el contexto histórico de Palestina. De ese proceso surgió una creación colectiva encabezada por dos niñas de 12 años, quienes investigaron la historia palestina y desarrollaron un laboratorio de escritura.
A partir de testimonios la obra reconstruye la historia palestina desde 1948 hasta la actualidad, abordando la Nakba, la Naksa y el conflicto vigente en Gaza desde la mirada de dos niñas.
“Nos importa Palestina hablar de Palestina, pero en este caso también nos importa que estamos hablando de Palestina desde el filtro de dos niñas o jóvenes de 12 años que necesitan comprender, en la distancia geográfica, qué sucede en Palestina y desde dónde o cómo eso las implica, lo que les pasa a ellas con este tema, lo que las mueve”, explicó la dramaturga.
Además, vinculó la situación de la guerra con el adultocentrismo entonces es una forma de discriminación por edad que practicamos todos, “está muy normalizada y muy invisibilizada”. En este contexto, Gramajo precisó que miles de niñeces han sido asesinadas en Gaza, otras miles heridas y amputadas; sin educación ni alimentación ni servicios de salud. Según el Ministerio de Salud en Palestina, Israel asesina a un niño y hiere a dos cada diez minutos.
Iván Prado, actor e integrante de Pallasos en Rebeldía, sostuvo que la ocupación de Palestina no debe entenderse como un conflicto religioso o étnico, sino como un proyecto político que, afirmó, utiliza la religión para justificar sus acciones. También llamó a distinguir entre el sionismo y la identidad o la religión judía, y destacó la existencia de comunidades, rabinos y organizaciones judías antisionistas que rechazan que la ofensiva israelí se realice “en su nombre”.
Asimismo, convocó a fortalecer el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), una campaña internacional que promueve el boicot a productos, empresas e instituciones vinculadas con Israel, así como el cese de relaciones económicas, diplomáticas, académicas y militares. Afirmó que estas acciones representan una forma de resistencia frente a la ofensiva contra el pueblo palestino y concluyó que, pese a la violencia, la resistencia palestina ha fortalecido la solidaridad internacional.
“Hoy y siempre, desde el río hasta el mar, viva Palestina libre”, sostuvieron los ponentes y asistentes al semillero convocado por el EZLN. El Capitán Insurgente Marcos agregó, “no recuerdo ahora alguna palabra que haya sintetizado tanto todas las contradicciones del capitalismo, todas las tragedias y crímenes, todas las alegrías, todo el empecinamiento de abajo, como esta que ahora pronunciamos: Palestina”.
Las actividades zapatistas tuvieron su continuidad con el Encuentro de Artes y el Encuentro de Resistencias y Rebeldías que se realizan de manera simultánea del 1 al 17 de agosto de 2026. Comenzaron en el Semillero Comandanta Ramona, anexo al Caracol de Morelia, y continuarán hasta el 16 de agosto antes del traslado de las y los participantes a San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el 17 de agosto, para continuar y culminar posteriormente en el Caracol de Jacinto Canek.

