martes, octubre 20, 2020
Inicio Feminismos Impune, violencia sexual de profesores en la UNAM

Impune, violencia sexual de profesores en la UNAM

-

por Diana Hurtado y Mariano Yberry

La Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México, ha permitido desde hace casi 10 años que profesores acosen a estudiantes de la carrera de Comunicación y Periodismo.

Considerados intocables por autoridades cómplices y omisas dentro de la institución, sus agresiones -no sólo de ámbito sexual- continúan como un secreto a voces pese a la existencia de denuncias públicas y constancia en las evaluaciones a profesores, ya que se saben protegidos por un marco jurídico que no contempla el abuso de poder que un catedrático puede ejercer sobre una joven a la que le triplica la edad.

Los profesores aprovechan los salones de clases para denostar a quienes no comulgan con sus ideas; a objetivizar a las estudiantes y a manipularlas para después acosarlas en talleres extraescolares que terminan en situaciones de acoso sexual.

Debido a que el delito prescribe a los tres años, las autoridades de la FES Aragón (entre ellos colegas y exalumnos de los profesores) se deslindan de la situación, pese a ser conscientes de la influencia y el poder de los catedráticos dentro de la institución.

Cabe aclarar que estudiantes egresadas de la facultad se negaron a dar su testimonio de forma anónima por miedo a represalias o acoso cibernético.

Profesores “libertarios”

Salvador Mendiola es uno de los tantos profesores que usa su puesto en la FES Aragón para acosar a alumnas de las que se “enamora” de una forma “libertaria”. No sólo presume de ser mitómano, sino también de supuestamente haberle ganado un juicio por violación a la UNAM que le valió su salida de la FES Aragón a principios de los 2000.

El caso es mencionado someramente en el suplemento académico Ágora Académica, fechado el 11 de noviembre de 2008, donde se informan las acciones sindicales de la Secretaría de Trabajo y Conflictos Académicos del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM).

En dicho documento se menciona la restitución del maestro por acuerdo de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, sentada en el expediente con folio 623/2004-2010. En el comunicado, el catedrático comienza diciendo que su error fue “no acudir en primer lugar al STUNAM” cuando fue denunciado por una alumna por violación; afirma que todo se trató de un “grave mal entendido”, pero que, según sus propios abogados, tenía 2% de probabilidades de ganar. Una joven se habría enojado con él porque la “mandó a estudiar gramática” y porque se negó a redactar por ella su tesis. La denuncia, continúa Mendiola, fue un ataque político organizado por dos de sus colegas profesores, mismos que habrían instigado a la joven a mentir junto con dos compañeros.

Érika y Bárbara (cuyos verdaderos nombres fueron cambiados por cuestión de seguridad) conocen ese caso por voz del propio Mendiola. Érika es de la generación 2011-2015 y Bárbara de la 2018-2022. Ambas pueden describir el acoso que una estudiante vive cuando asiste a casa del catedrático –ya sea para un taller de estudio o una entrevista– y cómo el profesor se enoja cuando es rechazado; cómo ataca e intimida con sus comentarios, mientras trata que las jóvenes de entre 18 y 22 años beban varias latas de cerveza y fumen marihuana.

Ambas jóvenes coinciden en que el profesor se emborracha rápido, y aunque Érika no tuvo problema con la bebida, Bárbara sí: en un punto decidió ya no tomar, pero el profesor insistía y le llenaba el vaso contra su voluntad. Ya ebrio, empezaban las preguntas incómodas. A Érika le preguntó el color de sus senos y a Bárbara le pidió darse un beso con otra compañera. Al negarse la reacción fue de molestia agresiva, de una persona que acostumbra a hacer lo que quiere porque está en su casa, porque “eres cómplice” de su idea de libertad y amor libre.

Durante una clase, Bárbara cuenta que el profesor los y las invitó a participar en orgías. Dos jóvenes bromearon con ir y contestaron. Después, recibieron la invitación formal por correo electrónico. Aunque la invitación se extendió a todo el grupo luego, nadie fue por los rumores conocidos. A la siguiente clase el profesor les reclamó.

“Mendiola llega muy furioso y empieza a desquitarse con nosotros, que somos unos cobardes, que le hacemos caso a nuestros padres y pues sí… Estaba enojado porque lo dejaron plantado”, declara Bárbara, quien asegura que, en varias ocasiones, el profesor les presumió a sus compañeros su larga amistad con Samuel Farfán, encargado del Área Jurídica de la FES Aragón, y quien le dijo que podía estar tranquilo por los señalamientos en su contra.

A Érika la hizo “cómplice sadeana” sin preguntarle, lo era por el simple hecho de haber ido. Esto implicaba que “lo que pasaba en Las Vegas, se queda en Las Vegas”. El escrito de supuesto tinte “sadeano” justifica su actuar bajo una idea de liberación sexual. Y es que según Érika, el hombre “seduce con su inteligencia” a un “grupo selecto” de estudiantes, entre las que se encuentran como común alumnas de no más de 22 años que son engañadas con un falso discurso libertario, como su compañera amorosa y adjunta en Aragón, Adela Hernández, quien le narró a Bárbara que siendo menor de edad decidió “liberarse” e irse a la “comuna feminista” de Mendiola.

“No escogía al azar a las mujeres que se acercaba, escogía exactamente a esa niña que lo veía a él con ojos de admiración. Jovencitas muy chicas, 18 o 20”, analiza Érika.“Él te habla de una manera… Es muy listo para usar sus palabras, te habla de cierta manera y… le crees (…). Es esa parte seductora, él se vendía: soy una persona increíble, economista, soy chef, soy contracultural, soy ateo, cosas que a un chavo universitario seducen mucho. Tú dices, no quiero ser del montón, no quiero ser común y quiero juntarme con gente artística, erudita”.

El Protocolo para la Atención a los Casos de Violencia de Género de la UNAM contempla la investigación de casos de acoso sexual cuando exista una relación docente entre las partes, tal y como se sustenta en el artículo 179 del Código Penal, aunque condiciona la indagatoria a la existencia de una denuncia penal.

No obstante, algunas estudiantes, aún después de egresar, tienen miedo de que los profesores las humillen en sus grupos o redes sociales al hablar mal de ellas; se impida la aplicación de exámenes profesionales o se cierren puertas en medios de comunicación, donde los profesores cuentan con apoyo de estudiantes egresados.

“Si llegases a tener alguna discrepancia con él …Es muy cerrado, es una persona cerrada. No toleraba otras formas de pensar que no fueran las de él. Si no estabas con él, estabas en su contra (…). El punto es que te va a hacer sentir mal, no importa cómo lo veas: si eras cuate o te ponía como su mejor amigo, pues normalmente hacía eso: también se vengaba y tomaba acciones contra ti”, concluye Érika al recordar cómo el profesor hacía cyberbulllying a excolegas y exalumnos con quienes tenía diferencias de cualquier índole.

Influencias y protección institucional

Mendiola presume su amistad con el encargado del Área Jurídica de la FES Aragón, Samuel Farfán, encargado de recibir las denuncias por acoso en la institución. El funcionario fue señalado como encubridor por la Colectiva Violeta FES Aragón, la cual, además de la toma del Edificio de Gobierno, colocó un tendedero de denuncias de profesores y alumnos acosadores dentro de la FES Aragón, en octubre de 2018, y aunque se acordó que Farfán ya no atendería los casos de violencia de género, permanece en el puesto.

La complicidad entre catedráticos, sindicatos y autoridades universitarias fue reconocida por el titular del Tribunal Universitario, Eduardo López Betancourt, de forma pública, e incluso propuso en entrevista con Sin Embargo suspender a los profesores señalados para ya no exponer a más estudiantes, resguardando sus derechos laborales mientras se concluyen las investigaciones, puesto que el primer paso para que una estudiante denuncie es dar sus datos completos, incluyendo su número de cuenta.

El domingo 26 de enero, en su columna Bajo Reserva, El Universal señaló que existe un intento de bloqueo informativo ordenado por el director de la FES Aragón, Fernando Macedo y operado por la encargada de Comunicación Social, Gabriela Aréizaga, consistente en no dejar entrar a reporteros a la institución, luego de que la Colectiva Violetas tomó un salón para volverlo un espacio seguro para mujeres ante la omisión de las autoridades.

A este espacio llegó el exalumno identificado como René Téllez para regalarles una planta, en la que presuntamente había colocado una bomba, según el propio estudiante difundió en sus redes sociales. La FES Aragón sí actuó en contra del alumno y lo expulsó.

La historia es distinta cuando se trata de un catedrático. Una joven denunció el martes 10 de marzo 2020 haber sido insultada por el profesor en uno de los taxis colectivos en los que alumnos y profesores se mueven de la FES al Metro Nezahualcóyotl. El catedrático no tuvo necesidad de negar el hecho: nuevamente se trató de “un mal entendido” con una estudiante, una tergiversación de los hechos cuando lo exponen como una persona violenta, aunque cualquiera que entre de oyente a sus clases puede ser testigo de su violencia verbal.

Recientemente, también se denunció el encarcelamiento de la activista y estudiante de la FES Acatlán, Elis Hernández, quien de manera activa denunció a varios profesores acusados de acoso. La joven fue acusada por la Máxima Casa de Estudios de vandalismo y actualmente está presa en el penal de máxima seguridad en Almoloya de Juárez, Estado de México, donde se le imputó una fianza de cuatro millones de pesos para que la UNAM retire los cargos.

La Colectiva Violetas FES Aragón colocó en octubre de 2018 un tendedero de denuncias públicas que incluyen a profesores como Mendiola y otros de la carrera de Comunicación. La lista de la Colectiva que empezó con una decena de catedráticos de prácticamente todas las carreras, sumó para el inicio de este semestre a 59 profesores, quienes podrían ser responsables de los 122 casos de violencia de género.

La carrera de Derecho, de acuerdo al registro del tendedero, es la que cuenta con más denuncias públicas de acoso. Entre la larga lista de profesores, se encuentra Miguel Ángel Monroy Beltrán, quien “pide a sus alumnas levantarse ‘para echarse un taco de ojo’, las alburea, pregunta ‘¿qué me ofrece para pasar?’”; o el profesor Guillermo González Pichardo: “nos jalaba del brazo para besarnos, nos tocaba la espalda baja, te decía ‘mi cielo’ y te daba su número telefónico”. Al registro se suma el profesor de Economía, Ricardo Ramírez Brun, el cual mandó fotografías de su pene a una estudiante, quien a pesar de llevar el caso al Área Jurídica, hoy día sigue dando clases en la institución, como la gran mayoría de los otros profesores denunciados.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -
- Advertisment -

MÁS RECIENTE