Reproducir la vida

LIMPIEZA SOCIAL, COMERCIANTES AUTÓNOMAS Y UN MERCADO NOCTURNO DESAPARECIDO

Por: Isabel Ortega

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LIMPIEZA SOCIAL, COMERCIANTES AUTÓNOMAS Y UN MERCADO NOCTURNO DESAPARECIDO

Por: Isabel Ortega

Mujeres productoras autónomas toman el espacio público para vender. Foto: Isabel Ortega

Este reportaje hace parte del proyecto

Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca

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Hasta hace casi un año, existió en Oaxaca un lugar conocido por ser un espacio de tolerancia para la venta directa de distintas formas de arte. Nunca tuvo un nombre, ni una sola organización que lo respaldara. La comunicación entre vendedores era mínima, pero de alguna manera logró mantenerse por muchos años y darle vida a las noches en el centro histórico de la ciudad.

El paseo final de los inspectores del Ayuntamiento, cuando terminaba su horario laboral, anunciaba el momento de tenderse, y cuando doblaban la última esquina, un mar de telas empezaba a desplegarse ante los ojos curiosos de los turistas. En menos de cinco minutos casi todo el andador turístico de Macedonio Alcalá, desde la iglesia de Santo Domingo hasta la calle de Independencia, hoy decretada “zona prohibida” para vendedores informales por el municipio de Oaxaca, se cubría de puestos a ras del piso.

Sofía es originaria de la costa de Oaxaca, es bordadora, hace serigrafía y confecciona prendas artesanales de su propio diseño desde hace poco más de siete años, mientras complementa su oficio con empleos remunerados temporales. Como muchas productoras oaxaqueñas, Sofía encuentra en la venta de sus productos la mayor dificultad para ejercer su oficio. “Aunque yo quisiera dedicarme totalmente a vender las piezas que realizo, no tengo donde venderlas. Lo intento por redes sociales, pero son pocos los pedidos, por eso lo he intentado en espacios físicos, pero esos espacios son un problema, porque yo no tengo la capacidad de producir tantas piezas para dejar en locales, entonces para mi es más fácil venderlas directamente porque no son tantas piezas, y así el dinero entra directo también”, afirma.

Sofía, productora y comerciante autónoma. Foto: Isabel Ortega

De esta manera, hace dos años Sofía decidió probar suerte en el andador turístico de Macedonio Alcalá. Los vendedores y vendedoras que, como ella, exhibían sus productos en el andador, eran personas diversas, de distintas edades y orígenes étnicos, algunos eran productores, otros revendedores; había artistas gráficos, músicos, etcétera. Dentro de esta diversidad, la mayoría de los vendedores tenía algo en común: no estaban afiliados a ninguno de los sindicatos y organizaciones sociales que aglutinan al comercio informal en la ciudad de Oaxaca.

“Llegabas como a las 7, 8 de la noche y podías quedarte a vender ahí sin cobro de piso y sin tanta molestia de los inspectores [renombrados “defensores vecinales” por la actual gestión municipal], porque ellos terminaban su turno como a las nueve”, recuerda Sofía.

Según comentan las vendedoras entrevistadas por Avispa Mídia, en temporada alta había mucha venta. En una o dos semanas era posible solventar los gastos mensuales y hasta ahorrar un poco. Entre las vendedoras se comenta que no hay en Oaxaca mercado, evento o tienda donde se venda más que en el andador turístico. Es por esta razón que en temporada alta era común encontrar vendiendo a personas de lugares fuera de la ciudad, tanto artesanas y artesanos de comunidades de distintas partes del Estado, como jóvenes viajeras y viajeros, y artesanas y artesanos de otros lugares del país. Fuera de las temporadas altas, este mercadito informal era mucho más pequeño, y la mayoría de las y los comerciantes asistían solo a los fines de semana.

Aunque había cierta tolerancia para la venta nocturna, en los años posteriores a la pandemia el hostigamiento fue cada vez más común, y el tiempo de venta se fue reduciendo a medida que se ampliaba el horario de trabajo de los inspectores del municipio.

Además del acoso individual que enfrentaban las y los vendedores, existía siempre el riesgo latente de un operativo mayor. Estos dispositivos consisten en la llegada repentina de un grupo grande de inspectores, muchas veces acompañados por la policía municipal y vehículos del Ayuntamiento que utilizan para decomisar mercancías.

Para Sofía, era evidente que muchas veces los operativos, más que eliminar el comercio informal del andador por completo, servían para intimidar y provocar miedo entre las y los vendedores, así como para reprimir a personas específicas, y usualmente se dirigían a mujeres vendedoras de ropa de manta, un tipo de comercio que abunda en el centro de la ciudad. “Había una mira específica sobre mujeres jóvenes indígenas. Cuando hacían los operativos, llegaban unos diez inspectores, con camionetas a quitarle el puesto a alguien, y casi siempre se iban directo a ellas, mujeres jóvenes indígenas”, recuerda la bordadora.

Otra ex vendedora en el andador turístico, Sarahí, artesana, coincide con esta percepción. “Nosotras en sí no éramos siempre el blanco, porque sabían que de una u otra manera podíamos reaccionar. El blanco eran principalmente las mujeres jóvenes que tienen un perfil racializado”.

Estos momentos de tensión muchas veces escalaban, sobre todo porque es común que, ante la tentativa de los inspectores para decomisar productos, comerciantes, gente local y hasta los turistas traten de impedirlo. “Uno de esos operativos estuvo muy confrontativo, justo se fueron sobre una chica que estaba en el momento de una venta, y la señora que estaba comprando se molestó mucho. Abrazó a la chica y entre las dos jalaban la ropa que ella vendía. Había como tres o cuatro inspectoras mujeres y entre todas estaban arrinconando a la chica y tratando de quitarle la ropa. Algunas personas nos acercamos, estaban las inspectoras y atrás un grupo de inspectores, pero la gente que iba pasando se empezó a amontonar y a gritarles ‘rateros’ a los inspectores. Se hizo ahí un relajo y al final se consiguió que no le quitaran sus cosas a la chica”, recuerda la artesana oaxaqueña.

La negativa reacia de vendedores y vendedoras no era infundada. Muchas veces estos operativos representan importantes pérdidas en su mercancía, además de las sanciones correspondientes que impone la Dirección de Comercio en Vía Pública del municipio, como relata Sofía: “Cuando te quitan las cosas pues no tienen nada de cuidado, las manchan, las rompen, incluso había en las redes sociales fotos circulando de los inspectores probándose la ropa, los sombreros. También cuando vas a que te entreguen tus cosas, tienes que pagar una multa y casi nunca te entregan las cosas completas”.

Entre conflictos, la venta nocturna en el andador se mantuvo por más de una década. Hasta hace casi un año, hacia el final de la administración municipal de Francisco Martínez Neri (2022-2024), cuando las cosas empezaron a cambiar de forma más profunda. Fue entonces cuando distintas personas fueron agredidas y amenazadas para que dejaran definitivamente de asistir al andador por las noches.

Defensores hostigan a mujeres vendedoras frente al templo de Santo Domingo. Foto: Isabel Ortega.

DESPLAZAMIENTO POR AMENAZAS

“Seguimos vendiendo hasta noviembre [2024], cuando nos confrontaron unas personas que no eran inspectores y nos amenazaron. Hubo un altercado con un inspector, que dijo que lo habían asaltado y nos señaló a nosotras. Entonces la policía llegó, nos revisó, recogimos nuestras cosas, y cuando ya nos íbamos el inspector vino tras nosotras, pero venía con otros tres tipos que quién sabe quiénes eran. Llegaron a insultarnos, a gritarnos de cosas y claramente a amenazarnos de que ‘ya no se pongan aquí, si les vemos de nuevo por acá les vamos a romper…’ ya sabes, palabrotas. Después de eso si tuvimos temor y dejamos de ir un tiempo. Después yo volví con otra amiga, pero ya no había nadie. Resultó que ya nadie se podía poner en el andador”, recuerda Sofía.

Rocío fue otra de las vendedoras amenazada a finales de 2024. Ella se ha dedicado cerca de diez años a hacer encuadernación. Es originaria del Estado de México, pero como muchas personas llegó a Oaxaca a vender su trabajo en 2018, cuando de boca en boca llegó hasta ella la información de que era un lugar donde se podía vender en las temporadas altas del turismo.

Un par de años después, se quedó a vivir en la ciudad. En ese tiempo, Rocío ha visto cambiar el centro de Oaxaca, así como el andador turístico. “Hace unos años podías ponerte a las seis, las siete de la noche. Los inspectores han cambiado también. Cuando entró Morena [en la gestión municipal con Francisco Martínez Neri] los uniformaron, antes eran solo porros, ahora son porros con uniforme, los cambiaron a todos y es una situación completamente distinta a 2018. La última vez sí nos salieron unos más chonchos y uno de ellos nos amenazó. Un morro joven que utilizó a la policía para amedrentarnos más de una vez”, relató la artesana a Avispa Mídia.

Después de las agresiones, y ya entrada la administración de Raymundo Chagoya (Morena, 2025-2027), las vendedoras que entrevistamos para este reportaje intentaron volver al andador para vender por la noche, pero se encontraron con un contexto aún más hostil. “En febrero fui con otra amiga, como a las diez de la noche, y pues los inspectores no nos dejaron ponernos, luego llamaron a otros más y nosotras guardamos nuestras cosas en las mochilas, pero decidimos quedarnos sentadas, pero también nos fueron a correr, me dijeron que, si me volvían a ver por ahí, me iban a quitar mis cosas directamente”, relata Sofía sobre la última vez que intentó vender sus productos en el centro histórico.

Otro de los cambios que las vendedoras autónomas identifican es el aumento en la cantidad de inspectores que resguardan las calles principales del centro histórico y su forma de operar. Antes hacían rondines, mientras que ahora también tienden a ocupar lugares más fijos, al mismo tiempo que su horario de trabajo se ha extendido hasta las once de la noche. Por último, identifican un cambio claro en el perfil de estos funcionarios, sobre todo mencionan que son más agresivos con los comerciantes. “Ahora llegan en un tono más hostil, se ve que es personal nuevo, algunos siguen, pero hay muchos más, hay en cada cuadra. Yo no sé si eran ganas de molestar, pero incluso a los niños los quitaban, a los que se ponían con sus dibujos”, comenta Sofía al respecto.

Algunas de las personas vendedoras nocturnas del andador turístico fueron “regularizadas” por el Ayuntamiento, sobre todo las personas que hacen grabado y otras artes gráficas. Ahora utilizan sus gafetes que les confiere el permiso de vender en vía pública y pagan por eso.

En cuanto al resto, la gente que no se regularizó, ya sea porque se negó, porque no le dieron la opción, o porque fue amenazada para abandonar el andador, tuvo distintos destinos. Los artesanos y viajeros que trabajan el macramé y la artesanía de alambre fueron reubicados de forma informal más arriba de la iglesia de Santo Domingo, en la misma calle Macedonio Alcalá; a otros vendedores les dijeron que podían trasladarse a la calle semipeatonal García Vigil, pero también ahí han sufrido persecución. De esta manera, el mercado nocturno del andador dejó de existir como lo conocíamos, como un espacio autónomo. “La verdad lo que hubo fue una ‘regularización’ selectiva”, sostiene Sofía.

DEFENSORÍA

En este contexto, durante la primera mitad de este año, 2025, las redes sociales se llenaron de videos y denuncias ciudadanas sobre la forma de actuar de la nueva Unidad de Inspectores. Incluso, algunos de ellos protagonizaron, en mayo de este año, una serie de enfrentamientos con personas que se dedican a promover la venta de excursiones turísticas en la vía pública, hechos que desencadenaron una manifestación de protesta de trabajadores de este sector.

Aunque las denuncias en redes sociales contra inspectores municipales no son nuevas, la constante aparición de estas llamó la atención de los medios de comunicación y de la Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO), quien emitió un comunicado el 26 de junio de 2025 anunciando que iniciaría una investigación sobre el actuar de los inspectores municipales en perjuicio de personas en condiciones vulnerables, y solicitando al Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez que investigara los hechos, impusiera sanciones y promoviera la creación de protocolos en el marco de los derechos humanos para su personal.

SOBREVIVIR DE FORMA AUTÓNOMA EN LA OAXACA ACTUAL

Sofía, Rocío y otras productoras independientes entrevistadas por Avispa Mídia no han vuelto a vender en el centro de la ciudad. Desde entonces, se han valido de otras estrategias para sustentarse. “A mi económicamente me golpeó, la encuadernación es mi fuente de sustento por completo. Cuando nos corrieron del andador se cerró también todo ese mundo del centro histórico, porque antes estábamos ahí diario”, cuenta Rocío.

“Yo como tengo mi taller de costura, al final del año es cuando me cae más chamba, entonces de ahí me pude sostener, de ahí pues le metí un poco más a las redes sociales, y empecé a ir a algunos tianguis, ya no vendo lo mismo, pero al menos la gente me conoce y me hace pedidos. Eso pasó conmigo, pero no sé qué onda con la gente que era su ingreso principal”, afirma por su parte Sofía.

Al cerrarse esta puerta, las productoras y productores de Oaxaca buscan alternativas para vender sus creaciones. Algunas, como Sofía, empiezan a ir a los diferentes tianguis semanales que hay en distintas partes de la ciudad.

Mujeres venden sus productos en el espacio público. Foto: Santiago Navarro F.

Para Beatriz Galicia, terapeuta y productora de artículos de herbolaria y medicina natural, son las mujeres productoras quienes resienten más el cierre de espacios para vivir y quienes tienden a buscar y crear alternativas para sostener la vida en contextos difíciles.

“A las mujeres se les recae el trabajo de reproducir la vida, cuidar de los niños, cuando los hay, además de todo el trabajo para vivir. Tienen que estirar lo que se gana para la comida, para los niños. Somos las que más tienen proyectos productivos, buscamos opciones. Si se cierran espacios de venta, salimos a vender a la calle, a los mercados, subimos los anuncios a las redes sociales”, comenta Beatriz.

La terapeuta señala que ha proliferado tiendas de productos alimenticios, de cuidado personal y artesanales que trabajan bajo el esquema de renta de espacios, o consigna, pero las productoras han acumulado malas experiencias en cuanto al encarecimiento de precios y se quejan de que muchas veces no les pagan sus productos en tiempo y forma.

En el contexto de la Oaxaca actual, muchas personas siguen apostando por ejercer sus oficios y ofrecer los productos en la calle, disputando el espacio público y el centro de la ciudad. “El andador se cierra, pero voy a continuar en la calle”, afirma Rocío.

Tianguis Feminista, Autogestivo y Disidente. Foto: Santiago Navarro F.

OAXACA: HISTÓRICAMENTE UNA CIUDAD-MERCADO

¿Por qué han fracasado los intentos recurrentes de distintas gestiones municipales de disminuir o regularizar el comercio en vía pública en la Ciudad de Oaxaca? Para la investigadora Noelia Ávila Delgado, autora el trabajo Dinámicas del trabajo informal en el centro histórico de Oaxaca, este proceso tiene raíces históricas profundas, siendo la actividad del comercio en la calle uno de los elementos fundacionales de la ciudad.

Según relata en su trabajo doctoral El centro histórico de Oaxaca en disputa: de la protesta magisterial a la militarización del espacio público, desde su fundación en la ciudad de Oaxaca fue instalado un mercado en la plaza central, donde semanalmente personas de pueblos originarios de todos los Valles Centrales llegaban a vender sus productos. “De esta manera, durante el periodo colonial, la ciudad de Oaxaca ya se constituyó como un importante centro económico regional al estar dentro de la llamada ‘ruta del Soconusco’, donde la ciudad fue un punto obligado para el intercambio de productos entre el centro del país y Centroamérica”.

El comercio en la vía pública fue la forma más común de esta actividad, y permaneció siendo incluso cuando en los siglos XVII y XVIII aparecieron en las ciudades los primeros mercados techados. Más tarde, durante el porfiriato, relata la investigadora, surgieron los primeros intentos gubernamentales de regularizar y eliminar el comercio en la calle, cuando bajo la idea de la modernización, el mercado semanal fue retirado temporalmente de la plaza central, sta fue remodelada, se pusieron bancas, y se trató de dar un uso más acorde a la visión porfiriana del espacio urbano.

Eventualmente este mercado semanal o plaza, como le llamamos en Oaxaca, “fue retomado por comerciantes y compradores, y así se mantuvo hasta pasada la primera mitad del siglo XX, como uno de los tianguis campesinos más grandes e importantes del país, y ocupando la totalidad del zócalo y varias calles adyacentes a él”.

Mercado Semanal del zócalo a finales del siglo XIX. Fotografía perteneciente al Archivo Luis Castañeda Guzmán, extraída de Danivia Calderón, “Un recorrido por la historia del Zócalo (segunda parte)”, La Gaceta del Instituto del Patrimonio Cultural, INPAC, núm. 2, julio-septiembre, 2005, p. 5. Fuente: tesis doctoral de Noelia Salgado.

El fin de esta plaza llegaría en la década de 1970, cuando inició el proceso de patrimonialización del centro histórico de la ciudad. De acuerdo con la investigadora, poco después de que entrara en vigor el Decreto de Zona de Monumentos Históricos, en 1976, el tianguis que ocupaba la plaza central fue desalojado y reubicado en un nuevo mercado que hoy conocemos como la Central de Abastos, que se ubicaba en lo que en ese momento era la periferia de la ciudad. “Esta reubicación no sucedió sin resistencias, en medio de esta disputa, la nueva estructura permaneció vacía por casi cuatro años debido a que los vendedores del mercado antiguo y los que ocupaban la plaza del zócalo los sábados, se negaban a abandonar el centro. Su traslado fue posible solo con la intervención de una serie de operativos de las fuerzas de seguridad que obligaron a su retiro por la fuerza en el año de 1978. Sin embargo, el espíritu de la ciudad como espacio de intercambio prevaleció”, cuenta.

En el centro de Oaxaca, el comercio en vía pública continúa siendo visto por el gobierno como una amenaza, sobre todo a partir de los discursos dominantes de conservación del patrimonio promovidos a escala internacional por parte de la UNESCO.

Es por esta razón que, como afirma Noelia Ávila, la intención de crear un centro histórico higienizado, bajo los parámetros de la patrimonialización no comulga con el tejido histórico y cultural de la ciudad:

“Los proyectos de sacarlos nunca funcionan, ni van a funcionar, porque hay un fuerte hilo histórico de una forma de apropiación y hasta de uso y costumbre de parte nuestra, de cómo a nosotros nos gusta comprar, a nosotros nos gusta comprar así en el bullicio de un tianguis, no en un mercado así muy prescrito con sus pasillos y ordenado. Lo que yo veo es que no se puede ir contra más de 450 años de historia, contra el propio sentido con el cual nace esta ciudad, que es ser una ciudad mercado. Bajo el criterio de que los comerciantes en vía pública o los comerciantes ambulantes contemporáneos afean la ciudad, que hay que quitarlos porque son antigénicos, etcétera, quién diga eso pienso yo que no conoce la historia de Oaxaca. Por otro lado, que no puedes disputar a esa gente lo que por derecho histórico le pertenece, ese espacio es de los oaxaqueños y de las oaxaqueñas que históricamente lo han usado para eso y bueno, sí, tenemos la Central de Abastos, también empieza a llegar la ola de centros comerciales, pero eso no significa que la plaza pierda su valor en ese sentido, de ser la ciudad mercado más importante de los Valles Centrales”, sostiene la investigadora en entrevista a Avispa Mídia.

*Los nombres de las vendedoras fueron cambiados por seguridad.

Este reportaje hace parte del proyecto

Cuerpas diversas y el despojo en el centro histórico de Oaxaca

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