Memorias de la revuelta: Comunidades Eclesiales de Base en el levantamiento de Oaxaca 2006

Foto de portada por Isabel Ortega

Luz Adriana Toro proviene de una familia originaria de la Sierra Norte de Oaxaca, ella nació en una vecindad en el Barrio de los Siete Príncipes y desde sus primeros meses de vida habita la colonia Fernando Gómez Sandoval, una colonia popular al sureste de la ciudad de Oaxaca. Luz, o Lucha, como la conocen sus vecinas, forma parte desde su juventud de distintos movimientos comunitarios y sindicales en Oaxaca.

En 2004, Luz tuvo a su primer hijo. Meses antes, durante su embarazo, se acercó a la iglesia de la colonia Gómez Sandoval, es decir, la Capilla del Señor de la Resurrección. En ella, conoció a un grupo de señoras que desde años atrás trabajaban, siendo parte de la parroquia de los Siete Príncipes, con el padre Juan Ruiz Carreño, sacerdote adscrito a la llamada “opción por los pobres” dentro de la corriente de la Teología de la liberación. A partir de este trabajo, el grupo de la colonia Gómez Sandoval, así como grupos similares en las distintas capillas de la parroquia de los Siete Príncipes se conformaron como Comunidades Eclesiales de Base.

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son colectividades laicas que surgieron como antecedente de la corriente de la Teología de la Liberación, movimiento teológico y pastoral latinoamericano surgido en la década de 1960 que busca la transformación de la iglesia a través de la incorporación de la conciencia social y la cercanía a diversos movimientos sociales y luchas populares.

Luz recuerda cómo fue encontrarse con este pensamiento: “De alguna forma nos abrió los ojos porque nos decía, ‘todos somos iguales, nadie es más ni es menos. Tanto el hombre como la mujer, ninguno está por encima del otro’”, comenta en entrevista con Avispa Mídia.

Dentro de un clima de disputas políticas y autoritarismo, el 14 de junio de 2006, la Policía Estatal de Oaxaca realizó un operativo para desalojar el plantón que mantenía desde semanas antes el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Este acto de represión, que trajo consigo incontables violaciones a derechos humanos, tuvo la rápida respuesta de distintos sectores, sobre todo de organizaciones políticas cercanas al magisterio y población civil de la ciudad. Muchas personas respondieron al llamado de solidaridad con los maestros agraviados y se congregaron en el centro histórico, volviendo a tomar la plaza principal. Ante la emergencia, la gente acudió también a asistir a los heridos y brindar apoyo, llevar provisiones y artículos para contrarrestar el daño de los gases lacrimógenos. Entre ellas, algunas vecinas de la colonia Fernando Gómez Sandoval, como Luz, acudieron al llamado.

Un nuevo plantón se instaló en el zócalo, conformado tanto por las bases de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), como por un centenar de organizaciones populares, indígenas, campesinas, barriales y sindicales, conformando un movimiento social que días más tarde fundó la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Así comenzaría un proceso organizativo que por más de cinco meses se enfrentó al gobierno del Estado y representó un antes y un después en la historia reciente de Oaxaca.

La participación de las Comunidades Eclesiales de Base de los Siete Príncipes en el movimiento se materializó principalmente en la creación de una cocina comunitaria en la parroquia, donde personas de estas colonias, principalmente mujeres, se turnaban para proveer diariamente de alimentos al plantón del zócalo. Los insumos para la cocina eran recolectados a través de acopio en el plantón y en la misma parroquia.

Los integrantes de las CEB de esta zona también participaban en las marchas convocadas por el magisterio, y algunos de ellos se incorporaron a las guardias en el plantón y al sostenimiento de barricadas. Algunas CEB también se integraron a la APPO y nombraron concejales.

Es importante mencionar que las comunidades religiosas que participaron en el movimiento no siempre tuvieron el apoyo de la iglesia. De acuerdo a distintos medios de la época, la arquidiócesis negó el apoyo al movimiento social y presionaba a los sacerdotes que lo brindaban para que dejaran de hacerlo.

El 29 de octubre de 2026 llegó a la ciudad la hoy extinta Policía Federal Preventiva, organismo de seguridad del Estado Mexicano enviada por el gobierno federal para acabar con el levantamiento popular. A partir de ese momento fueron en aumento los enfrentamientos y las violaciones a derechos humanos. A medida que la represión se intensificaba, la cocina comunitaria de los Siete Príncipes también funcionó como un módulo de atención para heridos. De igual manera, en los primeros días de noviembre, las colonias del sur de la ciudad, como la Gómez Sandoval, fueron fundamentales durante las jornadas de defensa de Radio Universidad, medio tomado por el movimiento que tuvo un papel fundamental en la articulación y difusión de este proceso organizativo.

Además de la demanda generalizada del movimiento, la salida del gobernador Ulises Ruíz Ortíz, las Comunidades Eclesiales de Base que formaron parte de la APPO demandaban el cese al hostigamiento y la no represión hacia el movimiento social. Los grupos vecinales cercanos a las CEB sufrieron, al igual que muchas organizaciones que participaron en este proceso organizativo, el constante hostigamiento de las instituciones de seguridad del Estado, así como estigmatización en medios de comunicación locales.

La comunidad organizada de la colonia Gómez Sandoval no fue la excepción, por ejemplo, algunas de las personas más activas en el movimiento fueron señalados por vecinos opositores en programas de radio. Luz, entre ellas, además fue objeto de acoso policiaco en su domicilio, donde constantemente agentes de la policía vigilaban y tomaban fotos de su familia, incluso de su hijo pequeño. Otras personas de la colonia tuvieron que irse de sus casas durante esos meses, y más tarde, cuando la represión se agudizó, una de ellas fue desaparecida por más de una semana. El 25 de noviembre, fecha emblemática de la represión del Estado contra el movimiento social de 2006, la Policía Federal Preventiva llegó también al barrio de los Siete Príncipes.

De acuerdo al informe final de la Comisión de la Verdad de Oaxaca, integrantes de Comunidades Eclesiales de Base sufrieron un sinfín de violaciones a derechos humanos como detenciones arbitrarias, encarcelamiento, desaparición forzada y tortura.

Este organismo también documentó que a partir del movimiento de 2006, la iglesia católica llevó a cabo un desmantelamiento de las Comunidades Eclesiales de Base en la zona metropolitana de Oaxaca. Varios sacerdotes identificados dentro de la corriente de la teología de la liberación fueron cambiados de parroquia, se prohibieron las acciones de trabajo organizativo y comunitario, y personas que participaron en la revuelta sufrieron estigmatización dentro de sus parroquias.

A pesar de la fuerte represión y la desarticulación de las redes de las Comunidades Eclesiales de Base, a veinte años del levantamiento popular de 2006, sigue vivo el eco de la organización comunitaria en las colonias populares del sur de la ciudad de Oaxaca. Para Luz, el movimiento social dejó grandes aprendizajes. “De 2006 aprendimos que cuando nos organizamos podemos lograr muchas cosas”, menciona.

En estos días de remover recuerdos, Lucha piensa en las señoras de la Gómez Sandoval con la que asistía a las marchas y a las cocinadas para el plantón, muchas de ellas eran personas mayores y algunas ya murieron, otras ya tienen más de ochenta años. Ella y algunas de las mujeres que entonces se incorporaron al movimiento popular siguen organizándose en torno al trabajo pastoral de la parroquia. “Ya nos enseñaron este camino, y hay que seguir. Nosotros sabemos cómo hacer el trabajo y así seguimos organizados hasta la fecha”, concluye.

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