En portada: Miembros de la Alianza Latinoamericana Frente al Fracking durante visita a la comunidad totonaca de Ojital Viejo, donde derrames de hidrocarburos han dañado fuentes de agua, tierras y salud de los habitantes de la región. Foto: Santiago Navarro F.
Durante el pasado fin de semana, integrantes de la Alianza Latinoamericana Frente al Fracking (ALFF) visitaron la región del Totonacapan, al norte de Veracruz, donde pudieron constatar los daños al ambiente y a la salud de sus habitantes debido al uso reiterado del fracking, también conocido como fractura hidráulica, técnica que consiste en inyectar una mezcla de agua, arena y químicos mediante alta presión para liberar hidrocarburos de entre las rocas del subuselo.
La delegación, compuesta por abogados e ingenieros ambientales, investigadores y observadores procedentes de Argentina, Brasil, Colombia, Estados Unidos, así como de miembros de organizaciones de la Alianza Mexicana Contra el Fracking (AMCF), realizaron un recorrido durante el sábado (22) para atestiguar las condiciones de la infraestructura petrolera en la región.
Con ello, los observadores pudieron constatar el mal estado y abandono de pozos, deterioro de gasoductos y centrales de almacenamiento y distribución, cuyos efectos perceptibles son la contaminación de tierras, agua y suelo, así como los daños a la salud de las comunidades que viven en territorios convertidos en zonas de sacrificio al norte de Veracruz.
De acuerdo a lo observado por la ALFF, las evidencias en el terreno no dejan duda acerca de que en la región se ha implementado reiteradamente la fractura hidráulica. Datos de la asociación civil CartoCrítica lo confirman, al referir que han detectado, por lo menos, 7,879 pozos fracturados en México.
Incluso, acorde a Manuel Llano, de dicha asociación, existen ambigüedades para el reconocimiento entre pozos convencionales y aquellos que no son categorizados como tal, cuya extracción es realizada por medio de fracking.
En proyectos como el denominado Aceite Terciario del Golfo (ATG) y el Proyecto Integral Veracruz, ambos en dicho estado, se realizan perforaciones horizontales y se utilizan métodos que en la práctica constituyen fracturación hidráulica, utilizando millones de litros de agua que, pese a ello, son considerados convencionales.
El gobierno federal ha destinado para esta técnica - cuyo origen se remonta a la década de 1990 en el estado sureño de Tabasco - un presupuesto continuado durante las últimas décadas. Incluso, pese a la promesa presidencial del sexenio pasado de prohibir el fracking en México - cuya propuesta estaba incluida en la llamada reforma ambiental que fue desechada por la actual legislatura-, el más reciente Presupuesto de Egresos de la Federación destinó más de 12 mil millones de pesos a cuatro proyectos que implican el uso de fracking para la extracción de hidrocarburos.
El mantenimiento del presupuesto va acorde a lo mencionado desde principios del año 2023 por Héctor Moreira Rodríguez, ex comisionado de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), organismo que ya vislumbraba que México posee una mayor cantidad de gas y petróleo en yacimientos no convencionales que en pozos tradicionales. En ese momento el ex funcionario indicó que, acorde a las estadísticas del órgano regulador, del total de los mas de 68 mil millones de barriles contabilizados como recursos prospectivos, el 36 mil millones, es decir, el 52.9%, se localizan en yacimientos no convencionales.
En ese contexto, mediante conferencia de prensa realizada la mañana del lunes (24) en la ciudad de México, la AMCF alertó que, de continuar con la promoción del fracking, se prevé por lo menos 15,000 nuevos pozos no convencionales para ser explotados con esta técnica, lo que representa un peligro para regiones como la Huasteca, en San Luis Potosí, la llamada cuenca de Burgos, en Tamaulipas, así como Puebla y el Totonacapan, Veracruz.
Totonacapan, promesas de progreso y contaminación
Las zonas aledañas a las ciudades de Poza Rica y Papantla, en la región del Totonacapan, viven desde hace décadas el legado de la contaminación de agua y suelos derivada de la actividad de la industria petrolera. Habitantes de pueblos originarios se han visto afectados por los continuos derrames de hidrocarburos, que han dañado fuentes de agua, cultivos y han afectado la cultura y formas de vida de las comunidades.

Fue ahí que durante el domingo la delegación de la ALFF realizó una visita a la comunidad totonaca de Ojital Viejo, donde en septiembre del 2024 un derrame de hidrocarburos, desbordado por las intensas lluvias, anegó totalmente el arroyo del cual la comunidad se abastece de agua provocando enfermedades, muerte de fauna y afectación a las tierras y cultivos de poblaciones que se encuentran en su percurso hasta el río Cazones.
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Para la reunión de este fin de semana se hicieron presentes organizaciones y miembros de comunidades aledañas, resaltando la presencia de jóvenes interesados en escuchar las experiencias sobre las resistencias al fracking desde otras latitudes en latinoamérica para, con ello, espejear experiencias y estrategias para la resistencia frente a la problemática de la contaminación y los daños a la naturaleza y salud que permanecen en la región.
Ya durante conferencia de prensa en la CDMX, Romualdo García de Luna, de la comunidad totonaca de Ojital Viejo, detalló que Pemex trabaja en la región desde hace casi un siglo. La empresa introdujo su infraestructura prometiendo progreso y beneficio a las comunidades pero, con el paso del tiempo, ahora resienten los daños a la naturaleza y seres humanos tras la actividad de más de 2,300 pozos petroleros que se explotan en el Totonacapan, aunado a los cientos que se perforan en las regiones aledañas.
“La ineficiencia de parte del gobierno estatal y federal para atender el problema de la contaminación en las diferentes comunidades del Totonacapan, afectadas por derrames de hidrocarburos, es una constante, un atentado continuo a nuestra dignidad como pueblos originarios. Para nosotros, la naturaleza tiene su espíritu, su energía, al igual que los animales, la extracción petrolera está dañando continuamente nuestra vida y la de nuestros animales, cultivos y de nuestro pueblo”, sostuvo García.
Por su parte, jóvenes presentes en la reunión con ALFF enfatizaron que, pese a que la contaminación persiste, las autoridades, lejos de comprometerse a detener el avance del fracking, se acercaron a la comunidad de Ojital Viejo para ofrecerles dinero para resarcir los daños. También ofrecieron servicios para la construcción de caminos y carreteras, a lo cual se negaron pues la exigencia de la comunidad es que se detenga la contaminación.
Ante ello, el indígena totonaca relató que la urgencia por la contaminación les ha llevado a organizarse para la creación de un núcleo de defensa, cuyo objetivo es asegurar la vida de las futuras generaciones. “Ya estamos formando líderes en cada comunidad para tener una conexión con ellos, de lo que está pasando en cada comunidad. Cada vez que haya un derrame tenemos que reunirnos para defender y alzar la voz y no tener miedo”, enfatizó.
Los integrantes de la ALFF que visitaron el Totonacapan señalaron la urgencia de evitar la promoción de mayor extracción de gas y petróleo en la región. “Vemos que la situación de los territorios en donde se implementa la técnica del fracking es la misma, los Estados priorizan el desarrollo económico por encima de la vida y los derechos humanos de la población local y del ambiente. El consumo y contaminación del agua son inmensos”, sostuvo Santiago Cané, secretario técnico de la alianza latinoamericana.

Por su parte, Ramón García, del Centro de Derechos Humanos Bety Cariño, localizado en Veracruz, se dirigió a la presidenta Claudia Sheinbaum durante la rueda de prensa para que, ante la intencionalidad de reproducir estos sistemas de extracción y, pese al incumplimiento del sexenio pasado, recordarle que ahora ella “tiene en sus manos la oportunidad de prohibir esta técnica y cumplir su compromiso de campaña, que se ha venido diluyendo a lo largo de los meses”.
Fracking, los estragos en América
La ALFF fue fundada en el año 2014 como una respuesta coordinada a la expansión del fracking en Latinoamérica y está conformada por personas, instituciones, colectivos y organizaciones de la sociedad civil de diversos países de la región. Sus integrantes mantienen el objetivo de defender los bienes comunes y resistir a la extracción de hidrocarburos mediante la implementación de la fractura hidráulica.
Otro de sus objetivos es el de intercambiar experiencias y testimonios desde los distintos territorios para realizar un análisis de la manera en que avanzan los proyectos y cuáles han sido las estrategias para resistirlos desde las organizaciones sociales y ambientales. Así, destacaron los casos de Vaca Muerta en Argentina y la Cuenca Pérmica, en Texas, EEUU cuyos relatos coincidieron en resaltar la grave amenaza que representa la implementación de esta técnica en otros lugares del mundo.
En Argentina, desde el año 2012 se presentó el proyecto de Vaca Muerta bajo la promesa de desarrollo social y económico. “Hasta el momento nada de esto se ha cumplido. Por el contrario, el avance del fracking en Vaca Muerta ha generado centenares de sismos en lugares en donde jamás se habían registrado, afectando negativamente la vida de las comunidades, consumiendo millones de litros de agua y generando toneladas de residuos contaminantes que aún no encuentran solución para ser tratados”, compartió Matías Cena Trebucq, de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) del país sudamericano.

Según el testimonio de Cena, la fractura hidráulica en Argentina se impuso mediante la represión violenta contra las comunidades mapuches que resisten a su implementación. Desde entonces, se realiza intensivamente por lo que la población vive ya los impactos negativos de esta industria que se despliega a traves de yacimientos no convencionales e infraestructura como ductos a través de 30,000 kilómetros cuadrados.
“Lo que sucede en Vaca Muerta es un claro ejemplo de lo que no debería replicarse en ningún lugar del mundo”, sentenció Cena quien subrayó que la implementación del proyecto ha llevado a la Argentina a depender principalmente de la extracción de pozos no convencionales, lo que conlleva una dificultad para repensar las alternativas para sustituir los hidrocarburos.
Por su parte, Miguel Escoto, de la organización Oilfield Witness, indicó que Estados Unidos es el lugar más perforado de la Tierra y ha demostrado algunos de los peores efectos del fracking, desatando una crisis ambiental y de salud pública. En el país norteamericano un pozo promedio ocupa 60,000 metros cuadrados, pero incluso existen perforaciones denominadas “Monster fracking” (Fractura hidráulica monstruosa) que llegan a atingir hasta 150,000 metros cúbicos.
“En Texas estamos viviendo los impactos de esta técnica, el fracking nos daña la salud, nos está dando cáncer, está contaminando nuestras fuentes de agua y dejando residuos radiactivos en nuestras comunidades. México debe aprender de esta amarga experiencia y no cometer el error de realizar fracking en su territorio”, sostuvo Escoto.
Totalmente de acuerdo y me solidarizo con el loable trabajo que realizan de información, sensibilozación denuncia y combate al fracking en la patria grande latinoamericana y del Caribe!