jueves, octubre 1, 2020
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Crónica de la caída de Evo Morales y la complejidad de la rebelión en Bolivia

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Foto: Reuters

De las actuales circunstancias por la que atraviesa Bolivia y las distintas intepretaciones que surgen a apartir del denominado “golpe de estado”, algunas relfexiones que, lejos de “respaldar a cualquier gobierno”, muestran las contradicciones propias de los estados y, en este caso, se acercan a exponer la complejidad de los acontecimientos en curso en el país del cono sur.

Compañeros, chacha warmis de las comunidades, su voto ha sido respetado, su voto no es el problema. Ponchos rojos, ponchos verdes, los quieren ver como tontos, como estúpidos a los campesinos, ¿por qué? porque “el presidente de las comunidades campesinas”, Evo Morales Ayma, quiere perpetuarse. El tirano que ha mandado, que ha declarado, vayan a cercar, vayan a asesinar.

Mama Gavina Condori Nina, mujer aymara de Nación Soras

Por Djamila J. Chasqui y Javier Abimael Ruiz Garcia

Cuestionados comicios tuvieron lugar en Bolivia para decidir quién portaría la banda presidencial para los años 2020 y 2025. Las elecciones se realizaron en aparente calma el 20 de octubre, sin embargo, ese mismo día, al registrarse más del 86% del conteo rápido de los votos, el TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares) y los reportes periódicos fueron suspendidos por 23 horas.

Hasta el momento previo a la suspensión del sistema, la tendencia de voto presentada por el TREP, así como por diferentes encuestas a boca de urna, llevadas a cabo por instituciones como la Universidad Mayor de San Andrés y la empresa ViaCiencia, (la única con permiso del estado para emitir los primeros resultados de las elecciones), confirmaba una inminente segunda vuelta electoral entre Evo Morales y Carlos Mesa (el sexagésimo tercer presidente de Bolivia desde el 17 de octubre de 2003 hasta el 9 de junio de 2005), pero a instantes de terminar el conteo, el presidente Morales decía que en tanto los votos que faltaban por contarse eran los del área rural, iba a lograr el 10% de diferencia necesario para ganar en primera vuelta.

Así ocurrió, tras la reanudación de emisión de datos, el candidato del MAS, ganaba con 10,54% de diferencia frente al candidato de Comunidad Ciudadana (partido de “oposición”), lo cual permitió a Morales no ir a un segunda vuelta. Este hecho llamó la atención de la misma Organización de Estados Americanos (OEA), presente como veedora de las elecciones presidenciales, la cual emitió un pronunciamiento.

Por Whatsapp y Facebook circulaban imágenes, videos y mensajes que hablaban de irregularidades en el proceso electoral, votos mal contados, actas firmadas sin delegados, etc., como lo confirmaría el estudio realizado por el ingeniero Edgar Villegas, que reportaba actas con irregularidades que no fueron anuladas, personas que firmaban como delegadas de dos partidos contrarios, gente inhabilitada o fallecida que aparecía registrada para votar, entre otras. La publicación de estos datos en el programa Jaque Mate, del Canal Universitario, avivó las llamas de descontento y el mismo Villegas y la presentadora del programa, Ximena Galarza, sufrieron amenazas.

En la calle, el primer blanco de los grupos que no aceptaban el resultado de las elecciones, fueron los tribunales electorales departamentales, muchos de los cuales fueron quemados y apedreados en  departamentos como Cochabamba, Santa Cruz, La Paz, Potosí y Chuquisaca. Mientras tanto, en la ciudad de La Paz, sede del Tribunal Supremo Electoral, ente máximo y regidor de los procesos electorales, se registraban concentraciones, exigiendo la renuncia de los vocales.

Poco a poco, fue agudizándose el conflicto, la represión y los ataques de los grupos opositores en contra de instituciones del estado incrementaban. Días más tarde, la cadena CNN abrió un nuevo espacio al ingeniero Villegas, que decía haber recopilado más pruebas, por lo que el así llamado fraude por unxs y otrxs, era cada vez más tangible, cercano e innegable.

La presencia en las calles de las nueve ciudades capitales de departamento era desbordante, universidades públicas y privadas, sector salud y el magisterio, siendo estos dos últimos, grandes opositores históricos del gobierno de Morales, realizaban vigilias, marchas y mitines. Al mismo tiempo, en los barrios, en especial de la zona centro y la zona sur de La Paz, grupos de vecinxs empezaban a bloquear sus calles, dando cumplimiento a un paro cívico nacional decretado por el CONADE (Comité Nacional de Defensa de la Democracia) y el Comité Pro Santa Cruz, en cabeza de Luis Fernando Camacho, un empresario y abogado de la ciudad, cuya figura de dirigente cívico, apelando a un discurso religioso fue creciendo con el transcurrir de las movilizaciones.

Tras días de insistir en lo mismo, marchas, bloqueos, mítines, empezaron a llamarse cabildos en las capitales de los diferentes departamentos del país, con una asistencia multitudinaria. Estos pedían en uno y otro lado, la repetición de las elecciones, la renuncia del presidente Evo Morales y de los y las vocales del Tribunal Supremo Electoral, por mencionar algunos.

Para este momento, ya habían renunciado vocales de diferentes departamentos, e incluso en declaraciones de la empresa NEOTEC, que vendió un software especial para los comicios, se evidenciaban irregularidades en procesos técnicos determinantes en el resultado de las elecciones.

Las protestas

A los cabildos convocados por los Comités Cívicos de varias ciudades – algunos con Comunidad Ciudadana y otros partidos, e incluso expresiones desmarcadas del partidismo y esas formas de concebir la política-, los sucedieron las concentraciones y marchas del MAS, de las que circulaban denuncias tales como que hacían disfrazar a empleados públicos de mineros y que pagaban a las personas para que asistieran (hay incluso videos de pagos y lecturas de listas con nombres y montos de dinero, de acuerdo a su participación).

Ebrios de poder y de alcohol, los grupos de choque en defensa de Evo Morales, llamados por el mismo Evo, a cercar las ciudades que acataron el paro, a defender la democracia y el voto rural e indígena, violentaron con saña en su entrada a La Paz, a adultxs mayores, mujeres y jóvenes, sin discriminación alguna; de hecho, entre las personas golpeadas, estaba un conocido luchador social de la vigilia de las víctimas de las dictaduras, a quien dejaron tendido en el suelo pese a sus quebrantos de salud y avanzada edad.

A la fecha se registran tres confrontaciones que devinieron en hechos luctuosos, el primero en Montero, Santa Cruz, donde una persona de 55 años y otra de 41 fueron alcanzados por balas y declarados muertos en el hospital; solo el segundo era militante de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), un renombrado grupo de choque que recibe directrices del Comité Pro Santa Cruz, el primero, era un vecino que resultó envuelto en el altercado y posteriormente muerto.

Asímismo, en una manifestación de la Confederación Nacional de Mujeres Bartolina Sisa, en la ciudad de Cochabamba, murió un joven de 20 años, en medio de masivos enfrentamientos con personas pagadas y hombres vestidos con pollera en la marchas de las Bartolinas, que dejaron 90 heridxs e instituciones quemadas en el pueblo de Vinto, en acciones reivindicadas por la Resistencia Juvenil Kochala, grupo de choque regionalista.

Por último, el día 10 de noviembre, caravanas que venían con mineros de potosí, estudiantes, mujeres, entre otros, fueron atacadas en la carretera oruro-la paz, dando como resultado vejaciones a hombres y  mujeres, golpeando a los primeros y haciendo desnudar a las segundas, además de 5 heridos de bala, de los cuales fallece uno, según reportan las denuncias

En todo el país, se reportan casi 400 heridxs (hasta el día de hoy 10 de Noviembre) , muchxs de gravedad, las detenciones superan las 200, la represión policial va y viene, varía, o gasifican masivamente sin consideración alguna, como en la noche del 31 de octubre en El Prado, en La Paz, donde había muchxs niñxs con sus familias, o miran desde el palco, como con el ingreso de mineros de Huanuni a la ciudad capital, que detonaban cartuchos de dinamita a los pies de los uniformados, o incluso, ante una ventaja estratégica, protegen a lxs opositores a la victoria de Morales, frente a los grupos de choque MASistas, siempre que los primeros superen en número a los segundos, como en la ciudad de Oruro, y aquí y allá, lxs manifestantes corean, “a la policía le quedan dos caminos, unirse a su pueblo, o ser sus asesinos”.

En medio de todo este clima de enfrentamientos y tensiones, una cuestionada OEA instala una mesa de expertxs para auditar el proceso electoral boliviano, con el respaldo del Movimiento al Socialismo, el Tribunal Supremo Electoral y ante la exigencia de un pueblo molesto que les pide que se vayan, pues lo que quieren son nuevas elecciones, cosa que un propio vocal del TSE declaró inconstitucional.

No parece haber una salida concertada al conflicto, así lo demuestran hechos como el ocurrido el día 30 de octubre en el aeropuerto de El Alto, donde sectores MASistas cercaron a un grupo compuesto mayoritariamente de jóvenes, que estaba allí para permitir que el líder cívico Luis Fernando Camacho, pudiera llegar a La Paz a entregar una carta de renuncia al presidente Evo Morales, carta que se ha convertido en símbolo de las movilizaciones y ha sido fotocopiada y pegada en los muros del centro de la ciudad y de casas de parlamentarixs, vocales y ministrxs escrachadas.

Camacho, ingresó en medio de un operativo militar a la ciudad de La Paz, dado su primer fracaso de entrada, por las pocas garantías que dicen, podían ofrecerle las diferentes instancias del gobierno, dada la gran multitud MASista que lo esperaba afuera, por lo que optaron por regresarlo en un vuelo a la ciudad de Santa Cruz.

La multitud anti-Camacho, estuvo allí en su segundo arribo, y aunque logró evadirla, lxs cerca de 500 jóvenes que fueron a velar por la seguridad del lider cruceño, fueron forzados a entrar al aeropuerto y quedarse allí por horas, mientras lograba ponerse en marcha un operativo que les evacuara sanxs y salvxs, pues los grupos de choque MASistas se enfrentaban con la policía y destrozaban centros de convenciones y oficinas de la alcaldía de El Alto.

Otra de las consecuencias de estos días de paro es el encarecimiento de productos, la escasez y el oportunismo presentes en centrales de abastos de todo el país, además de la desconfianza generalizada si eres de un lado o de otro, si estás bloqueando en tu barrio o marchando para el MAS; pueblo contra pueblo se enfrentan, y las camisas de Camacho y de Morales, ni se salpican de la sangre y las cenizas de la chiquitanía, con las que están untadas sus manos.

Ante sus audiencias, lucen pulcros, y no cesan las disimuladas incitaciones a la violencia contra uno u otro sector, curiosamente en el marco del mismo discurso, en el que se denuncia el racismo del otro, sin reconocer el propio.

De parte de grupos anti-Morales y pro-Morales, se llevan a cabo quemas de casas de figuras representativas de un lado o de otro, al igual que las sedes de las federaciones de coca y sindicatos obreros y campesinos afines al gobierno.

10 de Noviembre y el denominado golpe de estado

Las denuncias por parte del sector progresista y su solidaridad hacia Evo Morales ante un golpe de estado no se hicieron esperar y comenzaron a difundirse a lo largo y ancho “denunciamos y condenamos ante la comunidad internacional y pueblo boliviano que el plan de golpe fascista ejecuta actos violentos con grupos irregulares que incendiaron la casa de gobernadores de Chuquisaca y Oruro y de mi hermana en esa ciudad” afirmaba en su cuenta de twiter el presidente durante la noche del 9 de noviembre.

A medio día, en conferencia de prensa, el comandante de las fuerzas armadas Williams Kaliman sugería al presidente abandonar su puesto y a la oposición cesar la violencia, luego de que los comandos policiales de todo el país se amotinaran y la OEA concluyera que deberían repetirse las elecciones. Cerca de las 4 de la tarde, Evo Morales anuncia en cadena nacional que “renuncia a la presidencia para que la oposición cese la violencia contra sus familiares, dirigentes sindicales y el pueblo que apoyaba el MAS”, ya que la ola de renuncias de diputadxs, ministrxs y demás superaba las 40 y crecía minuto a minuto. La oposición, encabezada por Camacho, irrumpe en la casa de gobierno de Bolivia poniendo sobre la bandera Whipala una biblia, enunciando “la pachamama nunca volverá al palacio. Bolivia es de cristo”.

Una multitud abigarrada sale a las calles, algunxs a festejar tumbando los símbolos del Masismo y del movimiento indígena, con una clara perspectiva clasista y racista, celebrando que Bolivia se liberaba de un dictador izquierdista.

Pero por otro lado, las agresiones no solo vienen desde la oposición, es muy doloroso ver a  afines al MAS haciendo arrodillar a una mujer cruceña afroboliviana, como antaño en Sucre y Santa Cruz, la UJC, lo hiciera con lxs collas. Hace enjugar los ojos, ver a los valientes ponchos rojos de Achacachi, que antaño con su insurgencia aymara derrocaran al asesino Sánchez de Lozada, convertidos en un grupo de mercenarios al servicio del poder, que están al mismo nivel de los grupos de choque fascistas de los Comités Cívicos.

Aquí no se trata de quien asuma el poder, de si un tirano es menos peor que otro. Y si bien colectivos feministas y de mujeres de diversos lugares del país han propuesto salir de la polarización y lógica de guerra impuestas, hasta ahora ninguna alternativa distinta se ha puesto claramente sobre la mesa de discusión general. De manera que, las cosas se inclinan hacia que esto se resolverá procurando y preservando la lógica colonial y paramilitar, marcada constante de los estados de esta región del globo.

Ancestrxs, apus y achachilas, parecieran mandarnos mensajes cifrados a este plano de la existencia, nubes de moscas resguardan las marchas MASistas, un t’aparaku (mariposa negra) de gran tamaño, se posó en una pared del palacio de gobierno, todos, malos augurios en la cosmovisión andina, y nada habría sorprendido otra águila que sobrevuele el palacio de gobierno y sea la emisaria del rayo que decrete la caída definitiva del mandatario, como ocurrió con el Goni, en la guerra del gas, pero su renuncia fue difundida en video desde otra ciudad.

Lo cierto es que no sabemos qué va a pasar, ni aceptamos ninguna de las opciones que se nos ofrecen masivamente, ni que se quede Morales, ni que suba Mesa, ni que Camacho lleve la biblia al palacio presidencial. No obstante, los pueblos indígenas congregados en el Tribunal de Justicia Indígena Originario y Campesino, también plantearon recientemente entrar en marcha. En declaraciones, el kuraka de la nación Qhara Qhara, tata Mario Chincha, dice:

“Los pueblos originarios estábamos ocupados en las siembras, y las actividades de la agricultura, que eso es el sustento de nuestra subsistencia. Creemos que a partir de la situación que está viviendo el país, nosotros como originarios, hemos visto la necesidad de sumarnos a las movilizaciones que ha provocado el gobierno a partir de las elecciones”.

La alianza cívico-corporativo-policial, mostrando una cara juvenil y más atractiva del conservadurismo más rancio, en un ejercicio evidente de marketing político, capitalizó el descontento generalizado de una sociedad sin más demandas concretas que la renuncia de Evo Morales y la defensa del voto y la democracia, en lo que unxs y otrxs discuten si llamar o no golpe. Mientras tanto, pueblo contra pueblo sigue enfrentándose en medio de dinamitazos, cristales rotos, sabotajes a represas y cortes de agua, miedo, y tufos de frustración.

Qullasuyu, Potosí, Bolivia, 10 de noviembre, 2019

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