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El pueblo Tohono O’odham: una Nación dividida por el muro de Trump


Por Samantha Demby

Cerca de la frontera México-Estados Unidos, la Nación Tohono O’odham busca fortalecer un movimiento transnacional para defender el Alto Golfo de California de la extracción minera.

Habitan el desierto de Sonora desde hace miles de años, antes de que esta región de saguaro y venado fuera desgarrada por la frontera cada vez más militarizada entre Estados Unidos y México. Actualmente lxs Tohono O’odham, que en su lengua significa gente del desierto, están separados por las cercas de acero y concreto que dividen los dos países, y sus miembros viven realidades muy diferentes que dependen directamente de su ciudadanía.

El área trazada en roja es la Reserva Indígena Tohono O’odham en Arizona, Estados Unidos. El área trazada en naranja indica el territorio históricamente habitado por la tribu, según el “Informe a la Nación Tohono O’odham sobre la Perdida de Tierra” )(George Barnett, 1989). La línea punteada blanca señala el Río Gila, que sirvió como la frontera entre México y los Estados Unidos desde 1848 hasta la Venta de la Mesilla en 1854. La línea continua negra indica la frontera actual, establecida en 1854. Mapa realizado por Forest Purnell, para el Institute for Infinitely Small Things, infinitelysmallthings.net.

En el estado suroccidental de Arizona en Estados Unidos, la Nación Tohono O’odham cuenta con la segunda reserva indígena más grande del país, que incluye un hospital y una universidad comunitaria indígena que sirven a su población de alrededor de 10,000 personas. En Sonora México, la mayor parte de la población O’odham, estimada en 2,000 personas, no tiene acceso a estos servicios y vive sin reconocimiento de sus derechos territoriales por parte del gobierno,  quien todavía les llama Pápagos, (nombre erróneo que les fue impuesto por los conquistadores españoles).

Hoy en día, los O’odham de ambos lados de la frontera están uniendo esfuerzos para defender su territorio, tanto del muro “impenetrable” de Trump, que amenaza con dividirlxs aún más, como de la extracción descontrolada de recursos naturales que está poniendo en peligro sus tradiciones y  lugares sagrados.

Una de las luchas mas emblemáticas de la tribu es la protección de sus senderos ancestrales de sal, utilizados durante siglos por los peregrinos indígenas quienes cruzan el desierto desde los altos de Arizona (ubicada hoy en EEUU) hasta las salinas que rodean el Alto Golfo de California (ubicada hoy en México). El recorrido de más de 400 kilómetros, realizado históricamente con la finalidad de traer sal a los asentamientos O’odham, hoy lleva a los peregrinos a través de los puestos fronterizos y las narco plazas que han desmembrado su territorio, para culminar en las salinas donde empresas están lucrando con su mineral sagrado.

Las planicies salinas, ubicadas en los Humedales de Bahía Adair, dentro de la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, tienen una larga historia como sitio ceremonial para lxs Tohono O’odham, y una historia más reciente de extracción comercial. Para la tribu son lugares sagrados donde su creador les ha bendecido con el mineral que es esencial para la supervivencia en el desierto, y que usan para la sanación. Lxs O’odham reclaman todo el territorio que incluye las salinas, la Reserva del Alto Golfo y la reserva colindante de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar, aunque gran parte de estas tierras pertenecen legalmente al gobierno de México y a ejidos no residenciales.

Primer plano del mapa de zonificación de la Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California, que muestra las Salinas Ometepec, Salina Grande, y Bahía Adair. La línea verde representa los limites de la Reserva Alto Golfo, que colinda con su reserva “hermana” El Pinacate y Gran Desierto del Altar en el Norte. Las áreas rojas indican las partes de las salinas donde se permite la exploración y explotación minera. Las áreas con líneas diagonales marrones indican áreas zonificadas solo para exploración. Foto: Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat).

La Salina Grande, ubicada dentro de los límites del Ejido Vicente Guerrero, tiene importancia particular para la tribu debido a la presencia de restos arqueológicos y pozos antiguos de agua dulce. Es allí donde desde 2017 el empresario sonorense Jesús Pedro Villagrán Ochoa y sus socios han reactivado una antigua mina de sal con el uso de maquinaria pesada en un lote de 66 hectáreas con el nombre La Borrascosa. Además, los concesionarios buscan expandir sus operaciones en Salina Grande a través de un permiso de exploración para 725 hectáreas adicionales.

Ver también EEUU: las reservas y territorios sagrados indígenas amenazados por la extracción de recursos naturales

En respuesta, el Gobernador General de la tribu en México, José García, junto con los ejidatarios locales, está liderando esfuerzos para detener la mina, cuya aprobación ven como una señal de advertencia en una área natural protegida que aún está libre de minas a cielo abierto y de torres de perforación costa afuera. Lxs defensores sostienen que La Borrascosa nunca debería haber sido aprobada por la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), no sin la consulta de los pueblos indígenas y los titulares, y no en tierras ceremoniales que se encuentran en una reserva de la biosfera protegida por las Naciones Unidas. Su autorización de todas formas es emblemática no solo de la corrupción que permea el sector ambiental en México, sino también de políticas internacionales de conservación que cada vez favorecen más a los intereses corporativos.

No cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros

José García aún recuerda emigrar con sus familiares y vecinxs, según la temporada del año, entre su campamento de invierno en las montañas de Pozo Verde, y su campamento de verano en el valle de El Bajío, ambos actualmente ubicados en Sonora en manos de terratenientes no indígenas. Alrededor de junio, mientras miembrxs de este pueblo migratorio caminaban a través del desierto de Sonora, las mujeres recogieron los frutos rojos del cactus saguaro: “Fueron hechos en dulces o se convirtieron en almíbar”, dice José, mientras esperamos en una larga fila de coches tratando de pasar de Sonora a Arizona por la frontera de Nogales antes del anochecer. “O también lo usamos para nuestra tradición de convocar a la lluvia”.

Los García llegaban a su campamento de verano justo a tiempo para sembrar maíz antes de que cayera la primera lluvia. Al final de la cosecha, seguían de regreso a Pozo Verde. “Eso era parte de nuestro movimiento”, recuerda García de aquellos años; “casi no había cercas”.

El territorio de lxs Tohono O’odham primero se dividió por la frontera entre Estados Unidos y México, en 1848, con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, y nuevamente en 1854 con la Venta de la Mesilla, que finalizó la transferencia de 55% del territorio mexicano a los Estados Unidos y fijó la frontera en medio del Río Grande.

Aún así, durante décadas lxs O’odham se movieron de un lado a otro con relativa libertad, y García, que habla principalmente inglés y O’odham, todavía recuerda haber cruzado diariamente cuando era niño: “En ese entonces tomamos un autobús escolar que cruzó por la puerta de San Miguel”, dice con su voz suave y sin prisas. “Esa era nuestra forma de vida entonces”.

Entre los años 1940 y 1970, esta forma de vida fue desmantelada gradualmente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que pretendía transformar a Sonora y otros estados del norte en los motores de la economía moderna de México. Grandes represas como la Presa Álvaro Obregón y la Presa Plutarco Elías Calles desviaron las fuentes de agua de los O’odham, mientras las autoridades declararon sus campamentos estacionales baldíos y regalaron títulos de propiedad a la élite ganadera.

García continuó llevando sus caballos a tomar agua donde pudo, pero con el tiempo encontró su camino impedido por cercas. “Eso no nos gustó”, él recordó. Algunxs ancianxs del pueblo respondieron derribando las cercas. “Ahí es donde comenzaron todos los problemas”.

En 1965, como parte de una revisión general de la legislación, los Estados Unidos declaró su primera cuota para los migrantes mexicanos, quienes habían sido bienvenidos como trabajadores agrícolas temporales desde la Segunda Guerra Mundial. En 1971, Presidente Nixon anunció su guerra contra las drogas. Se estaban sentando las bases para un orden económico en el que la seguridad fronteriza federal se convertiría en una industria de 44 mil millones de dólares para el año 2016. Este sistema policíaco empezó a criminalizar a lxs defensorxs O’odham que alzaron sus voces.

“La policía de este lado se volvió más estricta”, recuerda García, y en ese entonces algunxs O’odham inconformes recibieron órdenes de detención. Entre lxs buscadxs por las autoridades mexicanas estaba la hermana de José, pero para ese momento ya se había llevado a su familia a vivir en Arizona, donde la policía de Sonora nunca la alcanzó. Despojadxs de su tierra y agua, lxs O’odham adoptaron patrones de migración que respondían más a las oportunidades de empleo que a los ciclos del desierto en el que habían habitado durante milenios.

Esparcidxs y sin conocimiento de las leyes extranjeras impuestas sobre ellxs, a lxs O’odham no les quedó más que ser testigos del robo legalizado de su territorio. En poco tiempo, fueron separadxs de sus familiares en los EE.UU. por un abismo cada vez más amplio y violento.

Siguiendo los senderos ancestrales de sal de lxs O’odham

En la Reserva Indígena Tohono O’odham, Arizona, seguimos una carretera polvorienta y asoleada hacia la casa del líder ceremonial Ken Josemaria. En el camino nuestro conductor, Blake Gentry, recoge a un grupo de jóvenes O’odham buscando un aventón a su comunidad. Gentry, un hombre Cherokee que ha trabajado como asesor político general pro bono para los O’odham en México desde los años 1990, me acompañó de ida y vuelta entre Sonora y Arizona en un Subaru prestado a lo largo de una semana a finales de enero. Abordo, la pasajera más habladora nos pregunta si votamos por Trump. Le aseguramos que no, antes de dejarlxs en la intersección de un camino más pequeño e igual de polvoriento.

En la casa, Josemaria enciende el tabaco tradicional para iniciar nuestra reunión, y el humo se mezcla con el olor a pozole que viene de la cocina. Él es alto y delgado, un cazador y corredor de ultra maratones con una coleta negra atada ajustadamente en la nuca. Está acompañado por la curandera viajera María García, quien inició la recuperación de la ceremonia ancestral de sal hace menos de una década.

En ese entonces, Josemaria se enfrascó en los registros históricos en búsqueda de detalles sobre la peregrinación que no se había realizado desde los años 1930. Encontró su recurso más valioso en el diario de José Lewis Meranda, un joven O’odham que aprendió inglés en la escuela Jesuita y narró su viaje a las salinas en 1871.

En los tiempos de Meranda, dijo Josemaria, los jóvenes tenían que elegir entre atravesar el desierto en busca de sal o ir a la guerra contra los apaches. Pero Josemaria, veterano de guerra de los EE.UU., dijo que la peregrinación era muy parecida al entrenamiento para la guerra: los hombres corrían por tierras áridas “con cuatro o cinco horas de sueño al día…mientras más difícil era su viaje, mejor era la bendición.”

Josemaria explica que los corredores de sal, quienes antes realizaron el recorrido dos veces por año en abril y octubre y ahora sólo en abril, históricamente iban a tres salinas: la salina Tres Ojitos en el este de los humedales; la Salina San Jorge al este de la ciudad de Puerto Peñasco; y las salinas alrededor de la Salina Grande. La peregrinación fue fundamental para la supervivencia física y cultural de lxs O’odham: la sal permitió a este pueblo del desierto mantener el equilibrio de electrólitos y fluidos durante los veranos abrasadores, preparar reservas de alimentos para los inviernos secos, curar heridas y comerciar por bienes durante todo el año. La peregrinación también fue un momento para que lxs O’odham se aseguraran de que estuvieran viviendo en armonía con su ecosistema desértico, donde creen que su creador lxs colocó con todo lo necesario para sustentar la vida.

“Esto es parte del comienzo de nuestro año”, me dijo María en inglés. “Comienza con nosotros aceptando el próximo año que viene, y aceptando las aguas que se convocarán en este rumbo. También se trata de aceptar que somos capaces de alimentar a los cultivos… cuidar de nuestras comunidades…cuidarnos espiritualmente…”.

Para esta ceremonia en particular, dijo María, el trabajo espiritual aborda el sufrimiento que los hombres indígenas han experimentado a través de generaciones de violencia colonial (aún así, explica Maria, la fuerza para la ceremonia viene de las mujeres que la cuidan, y quienes también participan en muchas otras tradiciones de su pueblo). Este año, algunos de los corredores de sal se unieron a la peregrinación en Sonoyta, Sonora, ya que su estatus migratorio les impide participar en Arizona. Otros necesitaban un intérprete para comunicarse entre ellos. Su camino compartido por el desierto de Sonora obligó a los peregrinos a contender, primero, con los muros y cercas que han cortado su territorio en pedazos y, segundo, con los efectos desiguales que este desmembramiento ha tenido en lados opuestos de la frontera. Esto “nos mostró porqué la ceremonia tenía que volver a realizarse”, dijo María, “porque había mucho quebrantamiento dentro de nuestra tribu”.

En los EE.UU., lxs Tohono O’odham tienen una reserva grande con infraestructura de salud y educación que les permite recibir atención médica y estudiar el idioma O’odham. En Sonora lxs O’odham son pocxs y más dispersxs, sin poder político en el Estado. Una de sus luchas centrales es obtener membresía tribal y una visa para que puedan acceder al empleo así como a los servicios médicos y educativos en EE.UU. En México, el idioma O’odham casi ha desaparecido, y lxs ancianxs que podrían ayudar a revivirlo están del otro lado de la frontera. María afirmó que lxs O’odham en los EE.UU. “aceptan a los O’odham en México, porque en algún momento éramos familias y esto es lo que la ceremonia ha traído de vuelta”.

 Una ola de extracción de recursos amenaza el Alto Golfo

“Es un sentimiento de impotencia que estén destruyendo, contaminando y que no les importen nuestros usos y costumbres ni los sitios sagrados”, dice Rafael Monreal Tamayo, un miembro de la tribu O’odham con ciudadanía mexicana cuya familia reclama tierras en ambos lados de la frontera.

Tamayo, Gentry y yo nos dirigimos a las planicies salinas en una carretera costera que une la Reserva de la Biosfera y Sitio del Patrimonio Mundial El Pinacate y Gran Desierto de Altar en el extremo norte de México, con la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, cuyo límite sur cruza las ricas aguas del Mar de Cortés. En marzo, ambas reservas fueron objeto de una resolución aprobada por asamblea de la tribu Tohono O’odham, en México, que denunció el débil monitoreo del gobierno y exigió participación en el manejo de las áreas naturales protegidas (ANPs) en el territorio que reivindican.

Cuanto más acercábamos al Golfo, teníamos la sensación de estar aterrizando en la luna. Nos detuvimos para almorzar en una ciudad turística llena de vallas publicitarias de gringos en la playa, antes de atravesar una extensión de dunas que brillan con cristales de sal. Pasamos por una estación biológica abandonada que fue desmantelada. Finalmente, seguimos un camión industrial, que levantó una nube de polvo, hasta nuestro destino en el Ejido Vicente Guerrero, donde se encuentra la mina la Borrascosa.

Vicente Guerrero es uno de los muchos ejidos desérticos y no cultivables entregados a la clase trabajadora por el PRI desde los años 60. Décadas más tarde, los titulares se unen con la Nación Tohono O’odham para defender al Alto Golfo de California del extractivismo invasor a través de una serie de acciones legales pendientes y un pequeño proyecto de ecoturismo a pocos kilómetros de las salinas.

Además del aprovechamiento de bancos de material como grava, arena y roca en varios puntos de la reserva, hay dos minas activas de sal: en la parte occidental de los humedales están las Salinas Ometepec, donde la empresa Salinas de Ometepec, S.A. aprovecha la sal mediante estanques de evaporación con una producción anual de 40,000 toneladas anuales, con una concesión de explotación desde 1997; y en la Salina Grande en la parte central de los humedales, se encuentra la mina La Borrascosa dentro del Ejido Vicente Guerrero (se desconoce la producción anual).

José Luis Bolaños, comisariado de Tierras Comunales de Vicente Guerrero, cuenta que La Borrascosa se convirtió en un sitio de excavación en 1967, cuando las autoridades otorgaron una concesión estándar de 50 años para la explotación de sal en 66 hectáreas. La operación de baja tecnología se detuvo en la década de 1980, y en 1985, la mitad de los derechos de la concesión fueron comprados por Jesús Pedro Villagrán Ochoa, un abogado y empresario con oficinas en la ciudad de Hermosillo, Sonora.

En diciembre de 2016, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de México aprobó una nueva concesión de cinco años para La Borrascosa, y poco después Villagrán Ochoa y sus socios reanudaron sus operaciones con maquinaria pesada.

Federico Godínez Leal, ingeniero agrónomo y director de la Reserva de El Pinacate, desde 2005 hasta 2017, explicó que la Bahía de Adair fue designada para protección bajo el Convenio Ramsar relativa a los humedales de la ONU debido a su notable ecología, que combina planicies salinas y corrientes de agua dulce, en medio de uno de los desiertos más áridos y extremos de América del Norte. Hace millones de años, explicó, el Río Colorado tenía su estuario ahí, y actualmente su agua potable sigue fluyendo bajo tierra. El afloramiento de esta agua dulce forma la costra dura de sal comercializada por Villagrán Ochoa y sus socios. También es lo que permitió la supervivencia de los O’odham al cruzar una región seca de lava y dunas.

Alejandro Aguilar Zeleny, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de México, quien en 2017 supervisó la publicación de un peritaje sobre el valor cultural de las salinas, confirma la fuerte evidencia arqueológica de la red de senderos de lxs O’odham, a lo largo de la Reserva del Alto Golfo. Esto contribuyó a la inclusión del área como Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus signos en inglés), en 2005.

“Desde nuestro punto de vista como antropólogos,” dijo Zeleny, “es una autorización que no se debió haber otorgado. El sólo hecho de entender donde están ubicados estos proyectos sería suficiente para ni siquiera pensarlo.”

Godinez, ex-Director de El Pinacate, explicó que en 2007, cuando se actualizó el programa de manejo de la Reserva del Alto Golfo, se hizo un plan con característica “mucho más flexible” y con un reglamento del ordenamiento territorial contradictorio para Salina Grande, donde se encuentra la mina de sal La Borrascosa. Por un lado, al que se refiere al programa de manejo de la Reserva Alto Golfo, la mina está dentro de una “Subzona de Extracción Especial”, donde la explotación minera está permitida. Sin embargo, la mina está ubicada dentro del mismo programa de manejo, en una “Subzona de Aprovechamiento Sustentable de los Recursos Naturales La Salina Grande”, donde sólo se permite la exploración minera.

Bolaños y Godinez dijeron que el personal directivo de la Reserva Alto Golfo, quienes no pudieron ser localizados para comentar sobre el tema, ha emitido declaraciones contradictorias sobre el reglamento minero en el sitio sagrado de lxs O’odham.

Un empleado del sector ambiental mexicano que pidió no ser identificado afirmó que a Villagrán Ochoa solo se le otorgó un permiso debido a sus conexiones con la Gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich. A lo largo de su carrera política, la priista Pavlovich se ha visto envuelta en múltiples escándalos repletos de viajes gratis a Las Vegas y maletas llenas de dinero.

Se requiere más investigación, no solo sobre las supuestas conexiones políticas de Villagrán Ochoa, sino también sobre los cinco concesiones de exploración minera adicionales en Salina Grande, cuatro de los cuales son propiedad parcial de Raúl Elias Favela, un agricultor y empresario que ha aparecido en eventos promocionales con Pavlovich. También queda por confirmar porqué las siete concesiones en Salina Grande fueron aprobadas para el municipio de Puerto Peñasco, a pesar de que en realidad están ubicadas en San Luís Río Colorado.

La tribu Tohono O’odham junto con los ejidatarios de Vicente Guerrero tienen claro que en un caso con muchas irregularidades, su lucha por defender las salinas apenas está comenzando.

Lxs defensorxs comunitarixs también tienen claro que su lucha resuena mucho más allá que en el Alto Golfo de California. En todo el mundo las reservas de la biosfera, creadas en la década de los 70 bajo el “Programa del Hombre y la Biosfera” de la Unesco, son más permisivas que los parques nacionales o los refugios de vida silvestre, debido a una estructura que busca un equilibrio entre los objetivos de conservación, la investigación científica y el desarrollo sostenible. Esto significa que tienen una “zona núcleo” o área de conservación estrictamente protegida, rodeada por una “zona de amortiguamiento” que permite actividades no contaminantes y, finalmente, una “área de transición” que promueve proyectos de desarrollo “ecológicamente sustentables”.

En la práctica, esta estructura legal está cada vez más sujeta a la influencia de las corporaciones, cuyos cabilderos ha logrado influir en las políticas internacionales de desarrollo sustentable para que favorezcan a sus intereses económicos. A nivel internacional, la Unesco ha trabajado para establecer pautas para la minería “sostenible” en las reservas de la biosfera, en colaboración con compañías multinacionales que tienen una triste historial de destrucción ambiental y violaciones de los derechos humanos.

En México, uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, donde se permite la minería en áreas protegidas siempre que no modifique el paisaje o impacte negativamente en los ecosistemas, los cabilderos mineros han tenido cada vez más éxito asegurando la aprobación de proyectos extractivos en áreas naturales protegidas independientemente de sus impactos ambientales.

“Es importante enfatizar la labor de las compañías mineras agrupadas en la Cámara Minera de México (Camimex) ante las autoridades ambientales,” escribe Elisa Armendáriz Villegas, bióloga e investigadora mexicana cuyo trabajo documenta cómo las empresas mineras han influido en la legislación de las áreas protegidas a través de reuniones a puertas cerradas.

En una presentación de 2013 sobre “Áreas Naturales Protegidas y Minería” organizada por Camimex en Oaxaca, la Dirección General de Regulación Minera alardeó de la estrecha relación entre la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y representantes de la industria minera.

Para 2013, ya existían 1.282 concesiones mineras dentro de áreas protegidas en México, con otras 2.031 concesiones que estaban parcialmente dentro de sus fronteras. Para 2016, la administración del actual presidente Enrique Peña Nieto recortó los fondos de Semarnat a la mitad, lo que motivó a lxs defensorxs a señalar una estrategia de dejar a las áreas protegidas morir de hambre para preparar el camino para la extracción de recursos.

Aprendiendo de lxs O’odham en un mundo en calentamiento

Fuera de nuestro rústico alojamiento en el Ejido Vicente Guerrero, Tamayo, Gentry y Bolaños estudian la iluminación de la luna llena sobre una pared vacía. Los tres hombres están de acuerdo que es el lienzo perfecto para un mural del “Hombre en el laberinto”, un prominente símbolo O’odham que representa el laberinto de la vida donde lxs individuxs encuentran las elecciones que lxs conforman.

Desde sus puntos de origen divergentes, los tres han optado por el camino de defensa de las salinas y del desierto que son sagrados para el pueblo Tohono O’odham. Por lo tanto ven al proyecto extractivo relativamente pequeño de Villagrán Ochoa como una señal de advertencia en la Reserva Alto Golfo.

Ver también Estados Unidos: Controla la sangre, la propiedad y la organización para controlar los territorios indígenas

De hecho, sus preocupaciones parecen justificadas. En 2002, el empresario sonorense recibió una concesión de exploración minera en 725 hectáreas adicionales de Salina Grande. Si bien su solicitud para comenzar la extracción en este lote más grande fue denegada en 2016, las concesiones de 50 años brindan a las empresas mineras tiempo suficiente para esperar hasta que las condiciones sean más favorables. Además, desde 1994, una subsidiaria de Minera Frisco, la empresa del magnate Carlos Slim, opera la mina de oro y plata a cielo abierto San Felipe, apenas a 5 kilómetros del limite occidental de la Reserva Alto Golfo. A partir de 2017 ya existen 47 concesiones mineras dentro de los limites de la Reserva.

Un mapa interactivo de concesiones mineras administradas por el gobierno mexicano revela que grandes franjas de las reservas de El Pinacate y el Alto Golfo—incluidas las aguas del Mar de Cortés—ya están destinadas a la explotación de petróleo, gas natural y otros minerales. Estas “asignaciones” mineras, emitidas exclusivamente por la Secretaría de Economía al Servicio Geológico Mexicano (SGM), “con el objetivo de identificar y cuantificar los recursos minerales potenciales de la nación”, ignoran las prohibiciones existentes sobre la minería en grandes áreas de las reservas.

Zeleny, el antropólogo, dijo que, en lugar de permitir la extracción en los sitios sagrados de lxs O’odham, se debe prestar atención a las lecciones oportunas que ofrece este pueblo del desierto, “que han demostrado por siglos que en esta región se puede vivir sin dañarla, sin influirla y saquear sus recursos; como sociedad que estamos ante la amenaza del cambio climático, no podemos desperdiciar ninguna experiencia humana sobre cómo vivir más adecuadamente en armonía con la naturaleza.”

Por su parte, María dice que lxs Tohono O’odham están listxs para ofrecer tales lecciones. “Tenemos que recordar todas las veces que el creador dijo que las personas de diferentes colores también son su gente. Los hice yo….Y cuando vuelvan a ti van a ser los que no tienen alma, y vas a tener que enseñarles y volver a enseñarles eso.”

avispa

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