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Estados Unidos: Controla la sangre, la propiedad y la organización para controlar los territorios indígenas



 

PARTE II

Por Eugenia López

Han sido golpeadas, masacradas, despojadas, invisibilizadas, tras siglos de colonialismo, pero siguen resistiendo las naciones originarias en el territorio hoy conocido como “Estados Unidos de América”. Existen 573 naciones originarias reconocidas a nivel federal – aproximadamente 229 de estas naciones se encuentran en Alaska mientras las otras están repartidas en los otros 48 estados – así como varias naciones sin reconocimiento federal pero que han sido reconocidas por sus respectivos gobiernos estatales, y otras que no tienen ningún tipo de reconocimiento oficial.

Desde los principios de la colonización, los colonizadores europeos han ido desplazando a los pueblos originarios para poder apropiarse de sus tierras. Los pueblos originarios fueron re-ubicados – y en un primer momento encerrados – en áreas denominadas como “reservas”. Hoy en día se encuentran alrededor de 310 reservas indígenas en el país. Mientras algunos pueblos tienen varias reservas, otros comparten una sola reserva entre varios, y otros no tienen ninguna. Los territorios de todas las reservas del país representan sólo el 2.3% de la superficie total del país.

El nombre de “reserva” históricamente está vinculado con la soberanía que han conservado los pueblos dentro de sus territorios. El termino “soberano” se refiere al derecho de las naciones indígenas a auto-gobernarse dentro del territorio nacional. Sin embargo, esa soberanía sufre una serie de limitaciones, en particular por parte del gobierno federal a través de la Secretaria de Asuntos Indígenas – la cual fue creada como parte del Departamento de Guerra, antes de ser trasladada en 1849 al Departamento del Interior.

“Puede existir esa ilusión de auto-gobierno, esa ilusión de soberanía : pareciera que tenemos la libertad de hacer lo que queremos, pero en realidad es muy diferente”, denuncia Christopher, indígena de la nación Potawatomi.

A pesar de los términos que evocan un supuesto derecho a la autonomía por parte de los pueblos originarios, la estrategia del gobierno estadounidense ha sido el control tanto de la población como de sus formas de organización, para poder controlar cada vez más los territorios. Hoy, esa tendencia sigue vigente y amenaza a las naciones con perder cada vez más derechos sobre sus tierras y sobre sus vidas.

Controlar la sangre para controlar la población: el “blood quantum” o “proporción de sangre”

Una forma de control es el control de población. En Estados Unidos, la pertenencia oficial a un pueblo indígena es condicionada a la posesión de cierta cantidad de sangre indígena, la cuál debe de ser calculada y comprobada por las autoridades oficiales. Ese sistema impuesto por los colonos y sus descendientes euro-americanos para poder controlar las poblaciones indígenas no tiene nada que ver con las formas con las que los pueblos originarios han identificado sus miembros históricamente.

Elizabeth es indígena Chickasaw y explica para la Radio Pública Nacional (NPR): “El “blood quantum” simplemente es la cantidad de “sangre indígena” que posee un individuo. El gobierno federal, más precisamente el Departamento del Interior, emite lo que se llama un “Certificado de Sangre India”, y esa es una tarjeta similar a una tarjeta de identificación.”

La proporción de sangre se calcula en base a registros creados por oficiales del gobierno federal el siglo pasado, en los que habían listado por nombre los miembros de cada nación. Numerosos errores en esos registros han hecho que muchas personas hayan quedado fuera y por lo tanto hayan sido negados como indígenas por las autoridades. Es el caso casi sistemático de los “freedmen” y sus descendientes: una cantidad importante de personas negras que después de haberse escapado de la esclavitud habían sido adoptadas por diferentes naciones indígenas, creando después generaciones de personas bi-raciales, culturalmente criadas en las tradiciones indígenas

“Y sólo puedes registrarte con un pueblo. Podrías tener ancestros de 8 pueblos diferentes y eres 100% indígena, pero con 8 pueblos diferentes solo puedes tomar uno”, agrega el Potawatomi.

Esa situación, con el tiempo, hasta puede llevar a perder el reconocimiento como indígena: siendo descendiente de varios pueblos sin tener suficiente sangre de un sólo pueblo, una persona puede llegar a perder sus derechos oficiales. Ese dato tampoco es un detalle: debido a la historia de desplazamientos forzados y a la existencia hasta el siglo pasado de “pensionados” para niñas y niños indígenas de todo el país, han habido muchos matrimonios entre personas de diferentes pueblos, y muchas personas indígenas que habitan el territorio estadounidense tienen herencia de varias naciones hoy.

El sistema de control de sangre justo existe con el propósito de limitar las posibilidades de ser oficialmente reconocido como indígena en el país. El Potawatomi denuncia la situación: “Somos los únicos seres humanos en este continente que están sujetos a un sistema de pedigrí. Y cuando no tienes más sangre según la ley, no tienes más derechos.”

Para entender mejor esa lógica, muchos la comparan al caso de la historia de la gente negra y la regla de “la gota de sangre” según la cual cada persona que tiene aunque sea una gota de sangre negra es considerada negra. Bajo esa lógica, durante la segregación, todas esas personas vivían bajo leyes discriminatorias, y antes, bajo esclavitud.

El sistema de control de sangre para la población indígena funciona con una lógica inversa: al diluir su sangre, las personas nativas van perdiendo su identidad como indígenas ante el Estado, y por lo tanto sus derechos vinculados con las tratados históricamente firmados entre el gobierno estadounidense y las naciones originarias.

“Este control de sangre limita todo a una fórmula “científica”, y la fórmula nunca ha sido diseñada para beneficiar a los pueblos: está hecha para que la gente no tenga suficiente sangre para ser parte del sistema, y así poder disolver toda las naciones cuando ya no quede ningún miembro. Y si ya no hay nación, ya no hay tratados que respetar para los EEUU”.

Ahora, las naciones originarias tienen el derecho de determinar sus propias condiciones para decidir quienes son sus miembros. Sin embargo, el tema es controversial y no existe un consenso a nivel nacional, por lo tanto las reglas varían de un pueblo a otro y buena parte de ellos siguen utilizando la proporción de sangre o “blood quantum”.

“Es una de las reglas que tenemos de nuestro lado, tenemos que trabajar en cosas para beneficiarnos a nosotros mismos porque ahora tenemos una generación completa con abuelos que tienen miedo porque tienen nietos que no son legalmente elegibles para ser parte del pueblo”, aclara Christopher.

El Dawes Act: parcelación de las tierras comunales

 Otra estrategia poderosa para el aumento del control sobre los pueblos ha sido la destrucción de la posesión comunal de las tierras. Fue en 1887 que el gobierno federal empezó una política oficial de privatización masiva de tierras indígenas a través de una Ley Dawes (Dawes Act). La primera consecuencia fue una reducción drástica del territorio de las reservas.

Conozca aquí otras leyes creadas por el gobierno de los EEUU, donde legaliza el saqueo de las tierras indígenas

“Esa ley es la punta de lanza en cuanto a las políticas destinadas a quitarnos tierras”, explica Christopher.

Con la Ley Dawes, el gobierno federal asignó una cantidad específica de tierra, generalmente entre 80 y 160 acres, a cada hombre miembro de los pueblos. Las tierras no asignadas fueron declaradas “tierra excedente” por el gobierno federal, que las abrió a los colonos, acelerando así la pérdida de tierras.

“Había una gran cantidad de excedentes, porque lo diseñaron de esa manera”, precisa el Potawatomi.

La política de parcelación redujo drásticamente la cantidad de tierra que poseían las naciones originarias. En 1887, tenían 138 millones de acres. Cuarenta y siete años después, en 1934, esa cantidad había llegado a sólo 48 millones de acres, según cifras oficiales.

Pero el proceso no terminó ahí: las parcelas que habían sido individualmente distribuidas entre los hombres iban a seguir bajo protección del gobierno federal por una duración limitada, en general unos 25 años según el Secretariado del Interior. Después de ese tiempo, las parcelas fueron transformadas en tierras privadas. El cambio de tipo de propiedad hizo que las parcelas se volvieran sujetas a impuestos estatales y locales, y los costos de los impuestos hicieron que muchas personas perdieran sus parcelas.

El Potawatomi explica: “Les dijeron a los hombres que las parcelas iban a ser suyas por siempre, siempre que pagaran impuestos. Usaron un concepto que era totalmente desconocido para la gente: ¿qué sabíamos nosotros de impuestos? Vivíamos con la tierra, no teníamos un concepto de dinero, y mucho menos un concepto de pago de impuestos para vivir en la tierra. Entonces nos robaron la primera vez, y luego, cuando llegaron los impuestos, muchas personas no estaban preparadas, no entendían el concepto y como no pudieron pagar, les quitaron sus tierras”.

Además de la perdida de grandes extensiones de tierra, esa política dejo importantes consecuencias dentro de las comunidades y sus reservas. “Los del gobierno sabían que nuestra fuerza residía en nuestra posesión comunal de la tierra y nuestra identidad como pueblos indígenas. Y sabían que una forma para destruirnos era convertirnos en individuos, entonces lo que hizo la Ley Dawes básicamente fue dividir las propiedades. Y eso empezó a dividir a la gente. Era como si el gobierno supiera que convirtiendo a los indígenas en individuos, ya no iban a querer ser parte de su pueblo. Y que si ya no querían ser parte de su pueblo, iban a tener menos posibilidades de resistir”, explica Jimmy Beason, indígena de la nación Osage, o Wazhazhe en su idioma.

Al atribuir la propiedad de las parcelas a los hombres considerados como “jefes de familia”, la ley también excluyó a las mujeres del derecho a la tierra, cuando muchas de las naciones tenían tradiciones matriarcales.

Además de romper con las formas de organización y de vida tradicionales de las comunidades, la Ley Dawes permitió la entrada masiva de colonos de raíz europea a los pueblos, así como la mezcla en una misma reserva de distintos tipos de propiedad, lo que también provocó cambios muy fuertes.

Esa configuración que mezcla propiedad colectiva y privada, indígena y no indígena es conocida como el sistema de “tablero de ajedrez”. “Donde en ciertas partes viven indígenas y en otras no. La idea era influenciar a los indígenas para que interactuarán con gente blanca y quisieran ser más como personas blancas pero también, y esta es la parte loca, que crecieran con personas blancas, se casarán con personas blancas y esencialmente empezarán a diluir su sangre con el tiempo. Sabían que era una posibilidad, que era algo que ocurriría”, relata Chris.

 

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La Ley de Reorganización India y la modificación de los sistemas normativos internos

La etapa de privatización de las tierras colectivas en las reservas indígenas terminó hasta el año 1934, con la proclamación de la Ley de Reorganización India (Indian Reorganization Act). Esa ley puso un alto a la parcelación de tierras comunales, sin embargo no devolvió las tierras que ya habían sido distribuidas o vendidas a individuos, indígenas o no.

Además, estableció, como condición para que la ley fuera aplicada, la modificación de los sistemas normativos propios de los pueblos. El Potawatomi nos explica el proceso en detalle:

“Lo que hizo la ley de reorganización india es que destruyó nuestras formas de auto-gobierno. Antes, las comunidades se gobernaban por medio del consenso. Tenían diferentes sociedades y asambleas: la sociedad de guerreros, las sociedades espirituales, la sociedad de hombres, la sociedad de mujeres… teníamos todos estos diferentes grupos y tareas que hacían funcionar a las comunidades en su conjunto. Podíamos tardar un mes para tomar una decisión, particularmente si se trataban de relaciones entre comunidades o entre naciones.

Pero el gobierno de Estados Unidos se frustró al tratar con nosotros ya que no alcanzábamos el consenso tan rápido como querían. Ya sabes, cuando tratas de estafar a alguien, no quieres que tenga tiempo para pensarlo. Por eso, a través de la ley de reorganización crearon estos pseudo gobiernos según el modelo de los Estados Unidos: asignaron constituciones a los pueblos y también un presidente y un vicepresidente o un jefe y un subjefe”.

Esa modificación tuvo efectos drásticos sobre la organización de las naciones a las que se aplicó, una de ellas fue facilitar la corrupción: al romper con la tradición asamblearia, “crearon líderes, y ahora esos líderes son los que terminan siendo corruptos. No digo que absolutamente todas nuestras autoridades son corruptas, pero muchas sí lo son. De ahí viene la corrupción: les pagan por debajo de la mesa mientras estafan a todo el pueblo”, denuncia Chris.

Y agrega: “Estas cosas han estado sucediendo a través del tiempo, es un proceso continuo y esto ha estado creando rupturas entre los pueblos y todo tipo de conflictos, incluido en los aspectos ceremoniales y en la vida cotidiana. También ha hecho que las mujeres estén siendo silenciadas por completo y que los niños tampoco tengan voz”.

Hoy, a la hora en que los sectores de extracción de minerales, de gas y de petróleo están buscando expandir sus actividades en todos los espacios posibles, todas esas cuestiones están regresando a la actualidad. “Ya perdimos una cantidad inmensa de tierra y lo que estamos descubriendo ahora es que Trump y sus colegas empresarios quieren hacer lo mismo que han hecho antes. Tememos que usen la pobreza profunda en la que vivimos para hacer que la gente acepte pequeñas cantidades de dinero a cambio de grandes extensiones de tierra para luego usarla para la extracción de recursos. Entonces si no aprendemos, a través de la historia, las formas en las que operan, nos van a seguir atacando continuamente hasta que tengan todo. Hay personas que siempre han querido la disolución de las naciones. Tenemos que luchar en muchos frentes y estar preparados para actuar en consecuencia.”

EL PRÓXIMO LUNES 11 SERÁ PUBLICADA LA PARTE III

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Eugenia López

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