Texto y fotos por Regina López y Adan Luna
Para calentar: el mundial entre calambres
El mundial de la FIFA 2026 inició el 11 de junio; sin embargo las afectaciones de este evento vienen de tiempo atrás. Fue hace 8 años cuando se dió a conocer que México estaría entre los tres países sedes de la copa del mundo; desde entonces los procesos de despojo y gentrificación, que llevaban ya varios años golpeando diferentes ciudades, se expandieron.
El Mundial vino a intensificar procesos de despojo que ya estaban em marcha, como los generados por los llamados ‘nómadas digitales’. Para 2022 la entonces jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, firmó un acuerdo con Unesco y Airbnb en el que nombraba a la Ciudad de México la “Capital del Turismo Creativo”; este acuerdo llevaría a la expansión del consorcio que hoy en día tiene concentraciones de hasta 14,900 alojamientos temporales en un solo municipio y en el que más de la mitad de estos son manejados por empresas que participan en la especulación inmobiliaria, según una extensa investigación de quinto elemento lab.
Además de encarecer los costos de la vivienda, el desarrollo inmobiliario ha generado aumentos desmesurados de la renta, desplazando a familias originarias hacia las periferias de la ciudad. Estos procesos han venido acompañados de técnicas más violentas como los desalojos ilegales. Además de las órdenes judiciales que, para inicios del 2025, sumaban más de 15 mil. Particulares han implementado distintas estrategias de hostigamiento e intimidación que han llevado a miles de casos de desalojos ilegales, muchas veces realizados por grupos armados.
Conforme se fue acercando la inauguración del evento en la Ciudad de México comenzaron a ponerse en marcha otras estrategias de limpieza social, bajo el disfraz de arreglos y mejoras infraestructurales.
Los de a pie padecemos el no poder llegar a tiempo a nuestra casa o trabajo. Le quitan el sustento a quienes ejercen trabajo sexual –y sí el trabajo sexual es trabajo–, o tenían su fuente de ingreso afuera del estadio Azteca. Se lleva a cabo una limpieza social
Fragmento del pronunciamiento de la Asamblea por el Común y Contra la Guerra
Son diversos los proyectos que, lejos de mejorar la movilidad, han afectado a quienes viven cerca de estos. Así sucedió con la rehabilitación del metro que, para quienes lo usamos cotidianamente, no fue más que una caótica remodelación superficial con fines estéticos y de vigilancia; la instalación de más 23 mil cámaras o la intervención en los trenes con viniles decorativos son solo dos ejemplos de esto.


Se colocaron jardines verticales que a solo semanas de su inauguración algunos ya se están secando, candelabros en estaciones que contrastan con las inundaciones, goteras y fallas generalizadas; mientras tanto, se dejó de lado una rehabilitación estructural de todo el transporte público que resulta urgente para las millones de personas usuarias.
Para quienes habitamos las inmediaciones de la calzada de Tlalpan —avenida que conduce del centro histórico de la Ciudad de México al Estadio Azteca, y una de las más transitadas— la calidad de vida se ha visto afectada durante los últimos meses a causa de estas ‘obras estratégicas para mejorar la movilidad’. Hemos tenido que pasar horas en el transporte público y en el tráfico vehicular debido a los cierres producto de dichas obras; así mismo, se registraron accidentes y daños en la salud. Aunado a ello los niveles de estrés en la población se han elevado considerablemente.
Sin importar nada de lo anterior, la jefa de gobierno insiste en plantear estas intervenciones como acciones que forman parte de una estrategia para “consolidar una ciudad más sustentable, equitativa y moderna”, como lo señala este informe del 28 de abril: “Vamos a llegar al Mundial con una ciudad transformada, con obras que no sólo responden al evento, sino que se convierten en beneficios permanentes para la ciudadanía”.
Sin embargo, la realidad en las calles es muy diferente.





A pesar de asegurar que en mayo las obras de movilidad estarían concluídas, no fue sino hasta días antes de la inauguración del Mundial que varias de ellas fueron estrenadas aún sin concluir. Ejemplo de esto es la ciclovìa de Calzada de Tlalpan, señalada por ciclistas como insegura y mal planeada; las obras derivadas de esta desplazaron a comerciantes y trabajadoras sexuales; estas últimas realizaron diversas movilizaciones y protestas para exigir su derecho a trabajar sobre la avenida y la reparación del daño.
El Jardín Flotante de Calzada de Tlalpan ha sido uno de los mayores causantes de afectaciones a la población; no solo porque su construcción impidió ejercer el trabajo sexual durante meses, sino también por los bloqueos de calles y el cierre de por lo menos cuatro estaciones del metro, siendo dos de ellas de las más transitadas por sus conexiones con otras líneas.
Dicha obra fue inaugurada el 7 de junio cuando todavía no estaba concluida; este paso de casi dos kilómetros, que se extiende sobre las vías de tres estaciones del metro, costó a quienes habitamos esta ciudad cerca de 2 mil millones de pesos, y ha sido poco transparentada por la administración de Clara Brugada.
Estos son tan solo algunos ejemplos de las formas en las que gobiernos federal y local han actuado como empresas publicitarias usando el presupuesto del Estado en campañas de “embellecimiento” que pretenden dar una “buena imagen” del país. Se pretende cubrir con pintura morada y mallas ciclónicas las exigencias y problemas sociales.
Así, a semanas del 11 de junio, mientras la inauguración del mundial parecía ser la prioridad número uno para el gobierno, en el país continuaba la crisis de vivienda y la negativa a mejorar las condiciones de trabajo y jubilación. Escalaban los ataques del crimen organizado en contra de comunidades originarias —como los casos de la región de la Montaña baja de Guerrero o la la Sierra-Costa de Michoacán—, solapado por la inacción del gobierno, y continuaba la crisis de desaparición forzada.
Entre movilizaciones, campamentos, bloqueos y clausuras simbólicas de obras, se lograron articular movimientos en defensa de los trabajadores, anti-gentrificación, de los pueblos originarios, colectivos de buscadoras, trabajadores sexuales, disidencias, movimientos en solidaridad con Palestina y agrupaciones feministas. Ejemplo de estas son el Frente por las 40 Horas, Frente por la Vivienda Joven, Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes, La Glorieta de las y los Desaparecidos, Trasuix, BDS México, la Glorieta de las Mujeres que Luchan y Morras futboleras.
Las calles y bajo puentes de la ciudad se volvieron la cancha de estos encuentros; los coches se vieron desplazados por retas callejeras donde sólo bastaba un gis para armar las porterías y la cancha. El enemigo nunca fue el fútbol, tomar las calles para protestar fue también tomarlas para gozar. El balón fue central en la creación de estos lazos comunitarios, logrando articular luchas que a simple vista parecerían no estar conectadas.










Silbatazo de inicio: “México campeón en desaparición”
A días de la inauguración existían más convocatorias para manifestarse que para los 13 partidos a disputarse en el país. Entre esta diversidad de reclamos, el miércoles 10 de junio por la noche, el grito de familias buscadoras encendió la calzada de Tlalpan. Con sus propios recursos con los que realizan todas sus actividades —las cuales son en realidad responsabilidad del Estado— decenas de colectivos de todo el país viajaron hacia la capital.
Mientras las cifras rebasan ya las 133 mil personas desaparecidas, en una muestra de insensibilidad por parte del Estado mexicano, la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se burló, cuestionó y criminalizó la lucha de estas personas, en conferencias de prensa acusó a algunos de estos colectivos de recibir fondos y responder a intereses de partidos políticos de oposición.
Aunque no se cuenta con un dato exacto, organizaciones como Amnistía Internacional hablan de más de 200 colectivos a lo largo del país. En este contexto señalar una supuesta cooptación del movimiento funciona más como una táctica vil de deslegitimación. La presidenta Sheinbaum Pardo busca tapar una dolorosa realidad con la supuesta alegría proveniente del fútbol como espectáculo capitalista.






La generalización de la violencia entorno a la crisis de desaparición puede verse en la heterogeneidad de sus víctimas, entre estas, existe tanto población civil desaparecida por la milicia como elementos de la fuerzas armadas; personas presuntamente vinculadas con la economía criminal y muchas más que se negaron a pagar cobro de piso; daños colaterales, les decía un ex presidente. A todes se les busca por igual, ninguna desaparición está justificada y nadie merece desaparecer.
De la diversidad de colectividades y personas nace la fuerza de un movimiento organizado desde el dolor que, lejos de antagonizar a sus integrantes, se halla en sus diferencias con el objetivo común de encontrar a quienes hacen falta.
Es más grande la herida que la diferencia, y así, hay quien decide volver a la búsqueda aunque ya conozca el paradero de su familiar. En la madre del presunto sicario compartiendo técnicas de búsqueda con la del militar, en la exigencia compartida, los colectivos de buscadoras nos recuerdan que les desaparecides nos faltan a todes, y que todes tenemos el derecho a la identidad, a ser buscades y a volver a casa.
La crisis de desapariciones no es un problema exclusivo de las familias buscadoras. Es una crisis nacional, una herida abierta en la democracia mexicana.
Fragmento del pronunciamiento de Lirios Buscadores Izcalli. 11 de junio 2026




La dificultad para dimensionar la magnitud de este problema no solo radica en lo difícil que es buscar debajo de una cifra, que cada vez más ha borrado los nombres y rostros; una cifra que se ha convertido en fuerza normalizadora de la violencia generalizada de un país acostumbrado a estar rodeado por fosas clandestinas. El obstáculo para entender la magnitud de la desaparición en México está también en la complejidad de mirar a quienes no están.
Imaginar la ausencia es pensar en la imagen escalofriante de la plancha del Zócalo completamente vacía, 130 mil es el número de elementos que integran la Guardia Nacional, es más de la mitad del total de firmas para constituir un partido político y más de los votos que llevaron a varios senadores a recibir escaños; 133 mil es bastante más que demasiado.
Ayúdenos a no ser esos fantasmas de nuestros hogares, con nuestros seres que están ahí, con nuestros nietos, con nuestros hijos. Entiendan esta palabra, la ausencia es lo más destructor de un ser humano.
Gustavo Hernandez durante la manifestación del 10 de junio en Tlalpan

Desde el Estado la cifra se lleva de vuelta a la frialdad de las matemáticas; mediante análisis de datos tramposos, maromas jurídicas y descalificaciones a informes de organismos internacionales, desde el palacio nacional se desaparece a lxs desaperecidxs. En los Estados las remodelaciones e infraestructuras sepultan cuerpos bajo estadios y distribuidores viales. Mientras, en palacio nacional las “mañaneras” desvían la mirada hacia absurdas narraciones como la historia de una familia luchona que sale adelante del ala de un pato.
Prohibido olvidar que en el estadio Akron se jugarán partidos sobre fosas clandestinas
Del pronunciamiento de la asamblea por el común y contra la guerra
Estos esfuerzos de invisibilización y deslegitimación tienen efectos sobre el resto de la población, siembran la insensibilidad hasta el extremo de volver real la imagen de un aficionado orinando sobre fichas de búsqueda.
En ocasiones la aplastante fuerza del Estado parecería dejar un panorama desolador. De las protestas del 11 de junio derivaron 16 detenciones ilegales, en las que la policía implementó métodos de tortura. Videos difundidos en redes sociales muestran elementos policiacos lanzando piedras, amedrentando con caballos, aventando gases de extintor, golpeando y arrastrando manifestantes.
El muro muchas veces literal, que se eleva para impedir la movilización, en ocasiones se siente impenetrable; pero si se opone colectividad a indiferencia, las palas y picos se vuelven capaces de agrietar hasta el cemento. El llamado de estas movilizaciones es también un llamado a demoler juntes esos muros, a encontrarnos en las calles sabiendo que unas mochilas y un balón se pueden convertir en una cancha en la que no llevamos cuenta de los goles y ganamos todes siempre.
El llamado no es a borrar las diferencias entre contextos, luchas y exigencias, sino a proponer colectivamente de qué formas les haremos frente. Como se escuchó en las movilizaciones de los últimos días: “Si la sociedad se uniera, se uniera como debiera, temblarían los poderosos del cielo hasta la tierra".










