martes, septiembre 29, 2020
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Primavera feminista contra el fascismo en Brasil

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Los movimientos feministas, en diferentes partes del mundo, vienen encabezando y enfrentando, cuerpo a cuerpo, en las calles y las redes, las luchas contra las desigualdades, las crisis y los discursos fascistas que secuestran a nuestras jóvenes e inacabadas democracias. Brasil, hoy más que nunca, no es la excepción.

Por Valentina Carranza Weihmüller para La tinta

En Brasil, luego de 14 años de ampliación de derechos civiles y sociales, el conservadurismo de las élites privilegiadas (blancas, masculinas y heteronormativas) ha conseguido reposicionarse y, en cierta forma, legitimarse. Su “cara electoral” es el ex coronel y actual incompetente diputado, Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal).

A más de dos años del golpe jurídico-parlamentario a la presidenta Dilma Rousseff y luego del exitoso circo “Lava Jato”, Bolsonaro se posiciona en el primer lugar de intención de votos, consiguiendo canalizar la voluntad “anti PT” en base a un discurso de odio, intolerancia y autoritarismo. Sobre él, no hay mucho que decir. Basta escucharlo en algunos de los tantos videos que circulan en internet brindando homenajes a torturadores, prometiendo la libre portación de armas, manifestando su fascismo, racismo y misoginia.


En resumidas palabras, el Sr. Bolsonaro promociona un discurso ultrapasado de inferiorización y desprecio a las personas de raza negra, a los pobres, a las mujeres, a los LGBT+, a los “izquierdistas”, o sea, a todas aquellas que no se ajustan a su forma “normal” y “cristiana” de entender el mundo. Su plan de gobierno es vacío y “vaciador”: privatización, militarización, recorte de gastos y derechos. La instauración de un Estado represor que condena toda posibilidad de justicia social y cultural.


Cabe recordar que el Sr. Bolsonaro es diputado federal por el Estado de Río de Janeiro hace ya 27 años. En esta trayectoria, presentó irrisorios proyectos y limitó su función pública a construir el lobby necesario para mantener el escaño sin hacer más que apoyar leyes y medidas a su tacaña altura. Sus tres hijos también ocupan cargos similares. Recientemente, durante su campaña presidencial fue apuñalado, por ende, “mal herido” y alejado de debates que puedan incomodarlo. La fórmula presidencial de Bolsonaro se completa con el General del Ejército Hamilton Mourão, mismo (o peor) calibre que el de su par electoral.

En resumen: Bolsonaro es una mezcla peligrosa de neofascismo, neoliberalismo y populismo evangélico. Un Trump a la brasilera.

Frente a la posibilidad de que Bolsonaro sea elegido como presidente, un grupo de mujeres (Mulheres Contra Bolsonaro) se movilizó a comienzos de septiembre con la campaña digital #Elenão (#élno). En poco tiempo, la campaña se viralizó. Artistas, personalidades públicas y millones de usuarios manifestaron su adhesión con videos y posicionamientos que coparon las redes sociales. La consigna principal llamaba a evidenciar el rechazo a Bolsonaro y su proyecto político no sólo en la esfera digital, sino también convocando a una movilización en las calles para el día 29 de septiembre. Ir “para as ruas” para decir NO a la institucionalización del fascismo, el machismo, el racismo y el odio como norma de Estado.

“Machistas, fascistas, não passarão”

El pasado sábado fue el día. Al grito de “ele não”, espacios centrales de muchas ciudades brasileras fueron ocupados por multitudes de personas que se unieron para defender el respeto a la diversidad y las garantías democráticas. Organizaciones de mujeres encabezaban las marchas adueñándose de la palabra, el ritmo, la danza y la convicción: “Machistas, fascistas, não passarão”.

El #elenão brasilero repercutió en otras ciudades globales como Barcelona, Berlín, Lisboa, New York, París, Santiago de Chile, entre otras, dando muestras de que la lucha antifascista es un compromiso innegable, que trasciende fronteras nacionales; y que es urgente para aquellos que entendemos que existen diversas formas de ser y todas ellas deben tener voz y lugar en lo que somos como sociedad.

El #elenão de las brasileras demostró cabalmente que la fiesta democrática, la unión entre diferentes y el NO rotundo al fascismo está en pie, firme y alegre. Por Marielle Franco, contra el genocidio de la juventud negra, contra la cultura de la violación, la misoginia, el racismo y la LGBT+fobia. Por proyectos sociopolíticos fundamentados en menos dogmas violentos y más amor, humanismo y tolerancia. Parece mentira que no hayamos aprendido de la historia y, en pleno siglo XXI, tengamos que recordar que la lucha antifascista es actualísima, estemos donde estemos, seamos de donde seamos, a cualquier hora, en cualquier latitud.

Este octubre, esta lucha tendrá palco electoral en Brasil. Ya se sabe que Bolsonaro pasará a segundo turno. Se estima que o el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, o Ciro Gomes (Partido Democrático Laborista) lo acompañen en la disputa decisiva a fin de mes. Resultados de las encuestas indican que cualquiera de estos posibles rivales le ganaría al fascismo. No obstante, esto no garantiza que extorsiones o medidas anticonstitucionales sean accionadas sobre el nuevo gobierno electo. De hecho, el Comando General del Ejército ya ha manifestado públicamente “estar listo” para actuar en caso de “anarquía”. Es así que el resultado electoral no supone la culminación de la disputa por proyectos sociales antagónicos. La lucha entre autoritarismo reaccionario y democracia de derechos se hará cada vez más evidente. Importante, entonces, que pensemos de cuál lado vamos a estar y que esta posición se transforme en compromiso.

 

*Por Valentina Carranza Weihmüller para La tinta / Foto de portada: Telesur

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