domingo, abril 11, 2021
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Crónica: preludio al 8M, la sinfonía de la lucha

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Vanessa García Navarro

En tiempos de pandemia, el COVID 19 dista de ser el único problema que aqueja. En Oaxaca, la violencia de género se ha acrecentado considerablemente durante los meses de encierro, ubicando a la entidad entre los diez estados con mayor índice de feminicidios. Más de 230 mujeres fueron asesinadas de manera violenta tan solo en 2020.

El pasado domingo 7 de Marzo, desde poco antes de las 3:00 p. m., decenas de mujeres en Oaxaca comenzaron a concentrarse en el Parque Francisco I Madero. Sin importar si acudían caminando bajo el sol ardiente, eran conducidas por algún familiar, o descendían del transporte público; aunque el rango de edad variaba desde niñas y adolescentes, hasta mujeres de la tercera edad, todas compartían en común un objetivo: alzar la voz y exigir justicia en nombre de todas las mujeres que han sido víctimas de la violencia en cualquiera de sus niveles y expresiones.

Contemplar a las convocadas producía la misma fascinante sensación que observa una parvada de aves que pacientes y orgullosas reposan sobre las ramas de un árbol, esperando. A las cuatro de la tarde las coordinadoras informaron a las acudientes acerca de la logística para mantenerse protegidas y resguardadas entre sí, además de hacer hincapié en la importancia del uso de cubrebocas y desinfectante. Así, todas y cada una adoptó una posición entre las hileras, abrieron alas y emprendieron el vuelo: su plumaje eran paliacates -verdes o morados- y pancartas con mensajes de lucha (libres, no valientes), su canto eran palabras sororas que envalentonaban a romper el silencio ante el agravio deliberado.

Entre la multitud se encontraban mujeres que exigían el derecho a realizar sus prácticas y servicio social de manera segura, sin temor al acoso y la intimidación que tiene por estadio final la muerte (el caso de Mariana Sánchez Dávalos, médica egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas); madres que exponen las risibles irregularidades que impiden traer justicia a sus hijas (los casos de María del Sol Jarquín y Alma Itzel Romero García); compañeras que denunciar los crímenes vividos por las mujeres transgénero y manifiestan las transgresiones diarias que experimenta la mujer indígena; maestras que decididas advierten que defenderán a sus alumnas del peligro creciente de ser mujer en suelo misógino.

A lo largo de la Avenida Independencia algunas compañeras revestían las paredes con engrudo y volantes que presentaban los rostros de mujeres desaparecidas, violadas y asesinadas; a la par eran exhibidos carteles para acusar a los agresores.

Era necesario cantar fuerte, a la máxima potencia, no únicamente porque el cubrebocas sofocaba el grito, también -como las consignas mismas indicaban- a razón de representar a todas aquellas que ya no están.

Cada cierto intervalo pausas eran requeridas a fin de evitar los espacios muertos entre la turba decidida, al igual que permitir a las manifestantes hacer uso sagaz de la palabra, al igual que de la ira (que fue transformada en estruendo). Las miradas atónitas de los transeúntes y los residentes de la zona variaban, algunos ojos expresaban desacuerdo mientras que otros reflejaban la tristeza solemne de quien entiende el dolor de la perdida. Todas las concurridas cantaban, entonaban un llamado para el cese de la indiferencia y un cambio real del sistema patriarcal.

La pausa de mayor prolongación fue en el templo de San Felipe Neri, donde los ánimos se desbordaron. “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente” se coreaba a momentos, en secuencia la frase “el que no brinque es macho” [y las mujeres empezaban a saltar], disparaba los remanentes de estamina en las participantes ya cansadas.

Tras más bullicio y acción, alrededor de las seis de la tarde el conjunto atravesó la alameda hasta la parada final, el quiosco del zócalo de la ciudad de Oaxaca. Las marchantes se extendieron alrededor de la plaza para escuchar las consignas conclusivas, una demanda a las autoridades para que cumplan con su trabajo: proteger a las víctimas y no al victimario.

Las bocinas comenzaron a reproducir tonadas, quien mantenía el megáfono a la mano deseó un regreso seguro a las que nos retirábamos a casa e informó que la música seguiría para las que quisieran permanecer en las periferias.

Nuevamente surgió la sensación de que el conjunto de mujeres asistentes era una parvada de aves, pues aun cuando se desató la desbandada ellas seguían procurándose la una a la otra, con preguntas tan simples (y vitales) como “¿hacia dónde vas?, ¿vas sola?, ¿cómo volverás a casa?” y actos tan valiosos como acompañar a la mujer que no conoces, pero aun así te importa por el simple hecho de existir.

El día internacional de la mujer es oficialmente el 8 de Marzo; sin embargo, el propósito de esta lucha no se limita a un día remarcado en el calendario, simplemente porque los problemas que enfrentamos tampoco se restringen a una fecha, son del diario. Sin duda alguna las manifestaciones de esta naturaleza se replicarán por todo el país, cuantas veces sea necesario.

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