En portada: José María Balcázar recibe la banda presidencial, el 18 de febrero, convirtiendose en el octavo presidente del Perú en una década.
A dos meses de las próximas elecciones presidenciales, el 17 de febrero, José Balcázar asumió el cargo en reemplazo de José Jeri. Para los movimientos sociales y los territorios, el recambio de nombres garantiza la continuidad del modelo de profundización de los extractivismos y la represión.
“Lo único estable en el Perú son los grupos y el sistema mafiosos, que genera un saqueo muy grande de los recursos naturales. Como existe una pobreza espantosa, particularmente en Lima y en algunas provincias, hay una situación de malestar terrible. Es una bomba de tiempo que puede explotar, pero el sistema está preparado para matar al que se atreva a protestar demasiado. Esa es la política global de estas élites”, observa el sociólogo Héctor Bejar en una entrevista a El grito del sur.
En el breve período de cinco meses de Jerí, el Ejecutivo y el Parlamento respaldaron el irregular intento de reactivación del megaproyecto cuprífero Tía María (región Arequipa) y la expansión de exploraciones de hidrocarburos en la Amazonía, además de dilatar la contención de la minería informal e impulsar la privatización de la petrolera estatal.
Asimismo, se firmó el memorándum de entendimiento con Estados Unidos para priorizar la extracción de minerales críticos y tierras raras, lo que enfoca al país como objetivo de la disputa geopolítica entre potencias.
“Estados Unidos es nuestro principal socio estratégico. Se deberían mantener las acciones iniciadas con ellos”, manifestó como despedida del cargo Jerí, cuya destitución fue producto de sus reuniones clandestinas con empresarios chinos.
Detrás de lo anecdótico y contradictorio de la situación, en las últimas semanas se abrieron grietas en el enfrentamiento entre China y Estados Unidos por la hegemonía del mercado peruano, con entredichos en torno al megapuerto de Chancay, ubicado en la región Lima, de capital privado chino.
Presión de potencias reforzada
El detalle de las diferencias entre aliado estratégico y comercial es significativo, pues el primer socio económico del Perú es China. La mayoría de exportaciones peruanas, encabezadas por los minerales, se dirigen a la potencia asiática.
“Este año estará marcado por profundos reacomodos geopolíticos a nivel global. La disputa entre Estados Unidos y China por el control de recursos estratégicos se ha vuelto explícita. Hoy es Venezuela, mañana puede ser cualquier país de América Latina. Se pueden acelerar escenarios de confrontación abierta”, señala Jaime Borda, de la organización Red Muqui.
En el Perú se encuentra la mayor reserva de litio por fuera del triángulo conformado por Argentina, Chile y Bolivia, donde se concentra la producción global. A su vez, la nación es la segunda productora de cobre, mineral considerado crítico por Estados Unidos. Así como también posee fuentes considerables de tierras raras.

En este contexto, se agrava el riesgo sobre las comunidades campesinas y originarias ante la política internacional estadounidense de acelerar en Sudamérica la extracción de minerales demandados por la industria militar, energética, tecnológica e informática.
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“El 2025 fue un año en el que el escenario minero nacional se transformó de manera acelerada. La creciente demanda global de minerales críticos, en el marco de una transición energética profundamente desigual y de carácter extractivista, ha reforzado la presión sobre países como el nuestro, convertidos en proveedores de materias primas sin garantías suficientes para la protección de derechos, territorios y ecosistemas”, añade Borda.
Los territorios del sur andino peruano son los más afectados por el extractivismo. Además de Tía María en el arequipeño Valle del Tambo, las comunidades de Espinar (región Cusco) y Cotabambas (Apurímac) resisten frente a la megaminería de cobre, bajo el mandato de incrementar la producción.
Alineamiento militar
Tras el ataque de EE.UU. a Venezuela, el Perú solicitó financiamiento de Washington para remodelar su principal base naval, ubicada cerca del puerto de Chancay (región Lima). El complejo industrial militar mueve intereses en el país.
Horas antes de que el Parlamento decidiera su vacancia, José Jerí autorizó la transferencia al Ministerio de Defensa de un porcentaje del presupuesto para la compra de 24 aviones de guerra. Los tres postores para la transacción son compañías de Estados Unidos, Francia y Suecia.
El Departamento de Defensa considera al Perú como aliado estratégico para la “estabilidad y seguridad” en la región. Una región en la que se expanden los planes comerciales de China para su nueva ruta de la seda.
La proyección de Pekín es conectar la Amazonía de Brasil con el puerto de Chancay, el Atlántico con el Pacífico. En una primera fase, no se contempla el envío masivo de minerales desde Chancay a los mercados internacionales. El cobre es el mineral de mayor salida por este terminal.

Cosco Shipping Ports, operador del puerto, es parte del grupo Ocean Alliance, que transporta el 39% de la carga global de contenedores, a través de las principales regiones portuarias de China, el Sudeste asiático, Medio Oriente, Europa, Sudamérica y el Mediterráneo.
Mientras que en el comercio mundial el dólar pierde su hegemonía, motivo de las guerras imperialistas realizadas por Estados Unidos en las últimas décadas, la moneda peruana depende directamente de la estadounidense.
“El Banco Central no tiene nada porque las reservas del Estado no están en el Perú, se encuentran en los Estados Unidos y están convertidas en bonos del Tesoro norteamericano. Tenemos un signo monetario propio, pero es solamente el signo: su movimiento depende totalmente del movimiento monetario de los Estados Unidos, por eso es que cuando el dólar baja en el país del norte también baja aquí. Y cuando sube, lo mismo. Entonces, manda la Reserva Federal de Estados Unidos. Lo que llaman Banco Central en el Perú es una casa vacía”, explica Béjar.
En el Perú se configura un escenario complejo del conflicto geopolítico, con China y sus activos estratégicos como primer socio comercial, por un lado, y la sujeción a políticas económicas y la fuerza militar que Estados Unidos está dispuesto a utilizar en América Latina.

